Ofrecerán otra vez música y romance Francisco Céspedes y Armando Manzanero
Jorge Santamaría / Agencia Reforma
Ciudad de México
Para el show Armando un Pancho, que ofrecerán el 17 de febrero, Francisco Céspedes y Armando Manzanero planean agasajar a su público con una representación teatral, acompañada de música y mucho amor.
“El concepto es que somos unos roomates en una habitación, ambos solteros, que esperan la llegada de unas chicas para una cita, la cual se prolonga entre llamadas de celular y las canciones del disco”, adelantó Céspedes.
El escenario estará ambientado con un piano, colocado en medio de una gran sala, y los acompañarán cinco músicos.
Además de los temas del álbum Armando un Pancho, a dueto con Manzanero, Céspedes dijo que habrá otros éxitos de ambos cantautores, baile, risa, plática y una atmósfera de romance.
“A menudo hay entregas de anillos en mis shows, declaraciones… Todo eso me gusta, porque es la expresión más sincera del mundo. Además, las mujeres son mi inspiración”.
Disfruta Céspedes paseo pleno de recuerdos
Las nubes impedían el paso de los rayos del sol y el viento era muy frío. Sin embargo, ese clima funcionó como marco perfecto del paseo hacia los recuerdos que emprendió Francisco Céspedes por Coyoacán.
Su salud no era la mejor: una salmonelosis que contrajo en su natal Cuba le bajó las defensas y derivó en un resfriado. Pero, abrigado con una chamarra de cuero café, bufanda, boina y lentes de sol, el intérprete se dispuso a recorrer el barrio que habitó a finales de la década de 1990.
Pese al frío y su enfermedad, a su llegada, alrededor de las 13:00 horas, Pancho compró un helado de aguacate que degustó con especial placer.
“Yo viví en Coyoacán un periodo corto, pero bonito. Toda la gente me decía que el mantecado (helado) de aguacate era delicioso, pero nunca lo probé. Y hoy, por fin, se me hizo quitarme todos los prejuicios que tenía hacia él”, compartió el cubano naturalizado mexicano, mientras paseaba al lado de la Fuente de los Coyotes.
Durante su caminata también admiró la fachada de la Iglesia de San Juan Bautista, donde un joven lo reconoció, le pidió una foto y le agradeció por su música.
En respuesta, Pancho esbozó una sonrisa, le ofreció la mano y continuó su camino.
El interprete de Vida vida es un enamorado eterno, por lo que al ver a dos jóvenes besándose en una banquita, se emocionó tanto que acabó pidiéndoles que lo dejaran tomarles una foto.
“Qué bonito es el amor, ¿verdad?”, preguntó el cantante a René Marmolejo, de 25 años, antes de recomendarle: “Cuídala mucho, hijo. Disfruten del amor, la pasión y los besos, la mujer es lo más bello del mundo”.
La postal que ofrecía ese enamoramiento juvenil lo cautivó tanto, que el cantante les pidió que lo dejaran tomarse una foto a su lado, mientras la pareja se besaba. Ellos accedieron de buena gana.
Después de visitar el quiosco del Jardín Hidalgo, donde Pancho ayudó con 50 pesos a un indigente, lamentó haber tenido que mudarse de ese barrio a causa de la inseguridad.
“Me fui para Cancún, donde hoy sigo residiendo. Todo fue porque los delitos de un personaje muy peculiar, El Mochaorejas (el secuestrador Daniel Arizmendi), crecieron y me puse nervioso, porque yo ya era muy conocido. Mejor no me arriesgué y me fui”, explicó.
El cantautor se detuvo a alimentar a una parvada de tórtolas con semillas que encontró en el camino; entonces fue reconocido por otra persona, quien capturó el momento con su cámara digital.
Durante este pequeño viaje que emprendió hacia el ayer, Pancho rememoró que también vivió un tiempo en la colonia Hipódromo Condesa, adonde regresará el 17 de febrero para el show Armando un Pancho, que junto con Armando Manzanero ofrecerá en El Plaza Condesa.
“De 1993 hasta 1997 estuve en la Condesa. Ahí, en mi departamento, compuse las canciones Vida loca, Vida vida y Pensar en ti; todas se las hice a la que es madre de mis hijos.
“Para componer tenía la influencia de las calles, porque son una cosa divina, cargadas de bohemia. Los cafés al aire libre me recordaban a París. Vi su crecimiento y, en la tienda Soho, compré mis primeros zapatos de doctor (blancos)”.
Y así, envuelto en una atmósfera plena de memorias, se despidió de su viejo barrio una vez más.




