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Accidentes como éste, ocurren uno en un millón, explica investigador del IPN

Lo primero que pensó Jorge Luis González, profesor investigador del IPN, cuando ocurrió la explosión en Pemex es que había sido un atentado, una bomba.

El experto en explosivos es un decano en supervisar los accidentes de Pemex.

El ingeniero metalúrgico, especialista en fracturas de infraestructura, deterioro de materiales y en explosiones, determina que lo que ocurrió en el edificio B2 del complejo, más allá de la acumulación de gas, fue un suceso excepcional.

“Tengo 25 años estudiando explosiones de todo tipo, petroleros, de recipientes a presión, atentados, he trabajado en Sudamérica, Centroamérica, Alemania, Australia como asesor para estudiar este tipo de fenómenos y lo que uno aprende es que cuando hay accidentes así tan graves, como éste, es porque se combinaron cosas o factores que se dan una en un millón, pero aquí se dio”, concluye.

González fue uno de las 19 personas reconocidas ayer, a él se le reconoce por su aportación técnica para determinar el origen del estallido.

“Con las primeras imágenes que vi me di cuenta de inmediato que no era una bomba, los efectos de la bomba son muy diferentes. Después de descartar lo que nos decían las evidencias físicas, que no había sido un artefacto explosivo, por las características del humo, el polvo y los daños materiales, supimos que se trataba de una explosión de gas”, expresa.

“Aquí hubo varios fenómenos físicos que no han sido explicados adecuadamente al público. Las ondas explosivas se intensifican cuando ocurren en lugares cerrados, eso las hace muy potentes entonces no se necesitan grandes cantidades de gas no se necesitan gases enormemente explosivos si se dan las condiciones físicas adecuadas, fortuitas, como se dieron aquí, se tienen este tipo de devastaciones”, detalla. (Agencia Reforma / Ciudad de México).

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