Periódico con noticias de Acapulco y Guerrero

Lydia Cacho

Plan b

* Acapulco y Cancún, de sexo y violencia

Sue nunca pensó que su vida quedaría marcada por un viaje de placer a Puerto Vallarta donde fue violada por un taxista y dos beach boys cuando caminaba desde un restaurante, a dos cuadras de su hotel, a su lujosa habitación. Lo mismo me dijo Eva, la norteamericana víctima de violación tumultuaria a las afueras del Daddy’o de Cancún. O Rebeca y su hermana, mexicanas violadas en Acapulco en la playa de su propio hotel cinco estrellas. El caso de las mujeres españolas victimadas en Acapulco vuelve a poner sobre la mesa el tema de la violencia sexual y de cómo los políticos como Walton, alcalde de Acapulco, no han tenido la voluntad para estudiar y por tanto abordar adecuadamente estos delitos contra mujeres, niñas y niños. Lo que no pueden olvidar es que si hay violencia sexual contra personas nativas del país, la habrá contra sus visitantes.
Acapulco, Cancún, Puerto Vallarta y Los Cabos son ventanas de México al mundo, la industria sin chimeneas en la que se gozan las bellezas, se reproducen las virtudes y también los defectos de la sociedad. Los espacios de esparcimiento a los que se va para olvidar los males del mundo y donde, como miles de víctimas ahora lo saben, la vida puede quedar trastocada para siempre. Y son los sitios de playa específicamente donde se elevan los índices de violencia sexual por múltiples razones; una de ellas es que ésta industria vive de vender la fantasía del placer y el goce y detrás de esa máscara la realidad social se fortalece. La gente amable es más amable, forma parte de la fantasía; la gente violenta se oculta bajo el silencio cómplice de autoridades que protegen la tranquilidad y el placer sólo desde la imagen, la forma, sin reparar en el fondo.
El alcalde Walton, al igual que los gobernadores de Quintana Roo y Jalisco, han sido incapaces de abordar la violencia sexual con realismo y enfrentarla con presupuestos que fortalezcan los programas de prevención del delito y atención de víctimas. Y sí, el discurso político está allí, pero lo aplastan de un golpe seco las estadísticas.
Si Walton no tiene cifras, que se lea el reportaje multipremiado de Alejandro Almazán Acapulco Kids. Allí Allan García de La Jornada Guerrero comparte datos duros, aportados por el DIF local: hay paquetes exclusivos para pederastas que incluyen hotel y niño. Costos: de 200 a 2 mil dólares, según el grado de pubertad. Desde los cinco años los prostituyen. A los 18 ya no sirven. Los que controlan la prostitución infantil en Acapulco son, sobre todo, tailandeses. Después del turismo y la venta de droga, la explotación sexual infantil es la actividad que deja más ingresos en Acapulco. La mayoría de los clientes son norteamericanos y canadienses. La violencia sexual se normaliza en todos los ámbitos.
Según el estudio de Trata en el sector turístico del El Observatorio de Violencia Social y de Género de Benito Juárez (OVSGBJ)  y Sectur, los estados con mayor tasa de explotación sexual son Quintana Roo, Guerrero y Jalisco. Los cuales superan entre 22% y 134% la tasa nacional. La sociedad acapulqueña es la que más normalización de la violencia sexual presenta a nivel social. Acapulco y Cancún lideran la explotación sexual infantil según UNICEF.  En Cancún, la tasa de violación es más alta en víctimas de 10 a 14 años (105.1 por cada 100 mil habitantes), seguido por el  70.4 de jóvenes de 15 a 19 años, y el de 20 a 24 años con 61.6%. Parecida a Acapulco.
Los hombres que cometen violación consumen alcohol o drogas, tienen actitudes y creencias que avalan la violencia sexual incluyendo fantasías sexuales coercitivas, y culpan a las mujeres de “excitarlos”. Tienen un patrón de conducta impulsivo, antisocial y hostil hacia las mujeres, y algunos sufrieron abusos sexuales durante su niñez, según el Observatorio.
La pregunta no es cómo taparle el ojo al macho (nunca hubo mejor metáfora). Perseguir violadores es útil, pero prevenir las conductas que llevan a los hombres a violar es la clave. Está demostrado que prevenir la violencia sexual requiere comprender el fenómeno integralmente, urge unir esfuerzos estatales con organizaciones civiles expertas que trabajan contra la Trata y la violencia de género. Urge una fuerte inversión económica para crear programas de masculinidad que integren a los niños y hombres de la comunidad, junto a campañas educativas de prevención de violencia sexual y doméstica en los hoteles para hombres y mujeres. El castigo jurídico sí, pero antes, mucho antes la cultura de la igualdad y el trato digno.

@lydiacachosi
Lydia Cacho Ribeiro
www.lydicacho.net

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