Federico Vite
Un pedazo de inmortalidad
¿Por qué alguien tan egocéntrico como Norman Mailer dedicó 11 años de su vida a una novela de 600 páginas, Noches de la antigüedad, en la que se dio a la tarea de recrear las reencarnaciones de un hombre en el antiguo Egipto?
Noches de la antigüedad (Plaza Janés 1983), más que una historia ambientada en Egipto, es una indagación sobre la muerte. Los personajes se permiten la práctica de actividades sexuales que van más allá del cortejo. Manifiestan su animalidad, su coraje, su alegría e incluso hasta su tristeza con el sexo. Toda la novela está llena de encuentros sexuales, violaciones y son detonados para confirmar la masculinidad de los hombres inmiscuidos en la trama de este documento. Hay una lucha constante entre eros y tanatos.
A groso modo, esta novela es una recreación histórica de Menenhetep, quien en el curso del relato nace tres veces. El lector atestigua la infancia campesina del protagonista, quien llegó a ser consejero de dos faraones, uno de ellos brutal; el otro, profundamente reflexivo. Menenhetep fue, en el curso de sus vidas, general, jefe de harem, mago, sumo sacerdote y ladrón de tumbas. El telón de fondo es la vida en las dinastías XIX y XX (1320-1121 a. de C.).
Al principio, el lector conoce a un hombre que camina por el mundo de los muertos. Y que poco a poco comienza a recordar el esplendor de Egipto. Se ve inmiscuido en guerras, intrigas políticas y pasiones carnales. Los dioses egipcios aquí son tan brutales como cualquier mortal que busca imponer sus reglas. Y lo atractivo del libro es que Mailer profundiza en la mente de algunos dioses. Muestra la envidia con la que tocan el mundo. Se saben dueños de todo, incluso no le temen a la muerte porque en el mundo de los muertos seguirán siendo poderosos.
La fabulación empieza con la recreación de los sentidos, con oír de nuevo, oler, tocar. Poco a poco crece el mundo. Y con él las extrañas dinámicas de los habitantes de esa región. El poder evocativo de Mailer es sensacional. Logró, con este gran ejercicio de imaginación, que lector no se sienta defraudado al asistir a los paisajes de un Egipto perverso.
Hace años, la periodista japonesa Fukiko Aoki le preguntó expresamente a Mailer por qué escribió un libro como Noches de la antigüedad en el que el mundo idealizado de los egipcios parecía más una orgía eterna que un pueblo preocupado por la contemplación del tiempo y del alma. La respuesta, aunque extensa, nos explica que una novela monumental se escribe por una preocupación vital que arroba. Mailer aseveró: “Bueno, en algún momento –no cuando era chico, quizá tendría ya 35 años, los años en que fumaba mucha marihuana– llegué a decidir que sin duda había un más allá y era emocionante y estaba lleno de aventuras y peligros. Era difícil como la propia vida. Creo que uno de los motivos de haber escrito Noches de la antigüedad fue porque los egipcios creían tanto en el más allá, donde se tenía buen éxito o se fracasaba. Si fracasabas, morías de veras y si tenías buen éxito, pasabas al cielo y vivías para siempre. Bueno, yo no creo en nada de eso, sino en que estamos aquí como parte de una cadena continua del ser, por así decir, de modo que a partir de cómo vives una vida, ingresas en otra, y que lo mejor que te puede pasar es volver a nacer. Tengo una forma simple de pensar porque pienso que Dios, ella o él, se está esforzando y quizá obtenga buenos o malos resultados, porque también pienso que hay un diablo en los asuntos humanos. De modo que se trata de un pensamiento muy sencillo que me permite el beneficio intelectual de reconocer que la lástima por uno mismo es la peor enfermedad física. No hay nada peor que la lástima por uno mismo, porque corroe y envenena todo lo demás. Pero si uno consigue reducir esa lástima a niveles muy manejables, entonces te concede cierta ecuanimidad. Además tengo nueve hijos, y por lo tanto mucho que disfrutar”.
A Mailer le preocupaba la trascendencia y la única manera que consideró viable para opinar al respecto fue recrear en Noches de la antigüedad un personaje que mostrará la posibilidad de superar la pobreza y la ignorancia (se necesitan cuatro vidas, según Mailer) para gozar del poder y la sabiduría.
Noches de la antigüedad ofrece múltiples lecturas, pero sin duda, yo creo que es un libro que fue escrito para reflexionar sobre la utopía de una existencia mejor. Aunque Mailer, haciendo uso de su habilidad para la polémica, también afirmó en varias entrevistas que publicó ese libro para dialogar con la inmortalidad e intentar corregir algunos errores. Dijera el buen Nino Canún, ¿usted, qué opina?




