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Ante unos 700 asistentes llevan a cabo la edición 46 de la Pasión de Cristo en El Treinta

Karla Galarce Sosa

Con la participación de 80 habitantes de El Treinta, ayer por la noche se realizó la primera parte de la tradicional representación de La Pasión de Cristo en ese poblado, ante unos 700 asistentes.
La edición número 46 de esta ceremonia religiosa ofreció nuevos escenarios, un mayor número de pasajes y más efectos visuales, aunque no dejó de lado lo que ha caracterizado esa escenificación: los golpes reales al Jesús de Nazaret.
La producción, que alcanzó un costo de 260 mil pesos, según datos del comité organizador, contó con una propuesta de iluminación robotizada, musicalización y efectos especiales de sonido, proyección de video y unidad en el vestuario y maquillaje.
La propuesta comenzó con la exhibición de un breve video –elaborado por producciones Quetzal– en el que los participantes expusieron los motivos que les llevaron a formar parte de la puesta en escena, misma que ha sido heredada de padres a hijos y que convocó, según explicaron, la suma de los habitantes del lugar en un proyecto colectivo.
El encargado de dirigir la obra fue Hansel Montejo Ozuna, ex encargado del teatro Domingo Soler y director de escena, quien explicó en entrevista previa que los habitantes del lugar, de donde es originario, defendieron la idea de que el atractivo de la representación son los golpes al personaje de Jesús, de ahí que se mantuvieran.
Con telones de fondo acordes al desarrollo de cada parte de la historia, fueron instalados cinco escenarios en el Corral de Toros del pueblo. La producción, según explicó Montejo Ozuna, fue otorgada por patrocinadores y el comité organizador coordinó su realización con un equipo de producción y un staff de apenas 30 personas del pueblo.
De acuerdo con lo expuesto en el video proyectado, hubo cambios de actores que representaron a los personajes y la suma de más personas al elenco, así como nuevos participantes que hicieron propuestas que refrescaron la representación.
Uno de los participantes, David Ramos Guzmán, quien representa al personaje de Pedro y que lleva 25 años de formar parte de cuerpo de actores, indicó que busca que la tradición perdure pues fortalece una parte que identifica a El Treinta y a todos sus habitantes.
“La pasión de un pueblo es lo que identifica al Kilómetro 30”, cerró la breve proyección, en la que se mostraron ensayos y la suma, en el proceso de producción de gente del lugar.
La escena que atrajo la atención de los asistentes fue la que protagonizaron Judith, encarnada por la joven Citlali Alarcón, quien reclama a los fariseos la entrega y aprehensión de Jesús. Los diálogos y realidad en el escenario mantuvieron un silencio que se prolongó hasta la subida de Jesús al Monte de los Olivos, escena anunciada con una musicalización, misma que marcó el ritmo de los diálogos.
Otros factores que enriquecieron la propuesta fueron la iluminación, la musicalización y los efectos de sonido, pues cada escena contó con iluminación propia, efectos de sonido acordes en cada una.
En la entrega de Jesús a los fariseos participó medio centenar de personas que personificaron al pueblo y a los soldados. Allí, se iluminó el camino con antorchas que señalaban el avance, tanto de los actores, como de escenas posteriores. La participación del público también fue notoria, puesto que hubo intervención en éste para el desarrollo de escenas como la de la aprehensión del Nazareno.
En entrevista al concluir la representación, el presidente del comité organizador de la Pasión de Cristo, David Ramos, explicó que lo que identifica esa puesta en escena es la realidad de los golpes.
Otra novedad de la propuesta de Montejo Ozuna fue que en el lavatorio de pies, se desarrolló con la única canción que mantuvieron del musical Jesucristo Superestrella, pero que en esta ocasión no tuvo playback sino que fue entonada por Suzette Juárez, que encarnó a María Magdalena y que para ello fue montado un pequeño estrado con iluminación propia a un costado del escenario principal.
Todos los escenarios contaron con telones nuevos que, al ser iluminados, adquirieron una plástica contrastante de unos a otros, como el del Monte de los Olivos, cuyo telón de fondo fueron los arbustos de las propias casas.
Cuando Jesús (encarnado por el joven de 24 años, Oscar Alarcón) fue presentado a los fariseos, estuvo vendado de los ojos y al ponerse de pie en el escenario su fragilidad se vio derrumbada por los latigazos que le propinó el Centurión (Salvador Silverio) y al decir “yo soy el hijo de Dios”, fue tal el silencio que logró la escena que sólo el sonido del látigo lo apagó.
Hoy al mediodía, el joven arquitecto cargará una cruz de 90 kilogramos de peso y caminará en el Viacrucis que partirá del corral de toros hasta la cancha, donde será crucificado.

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