Federico Vite
Mar y terror II
Un hecho curioso: alguien se abisma. Yo, lector de mis héroes, despierto pensando que en la vida no hay más opción que el mar y es cuando el terror aparece. No somos más que una acumulación de otros textos. La bondad, el desencanto y el resto de la vida en pedazos. Mares tenebrosos (2011) reúne a marinos exterminados como Philip M. Fisher, con el cuento Una voz en la noche, y la belleza se aparece. Pero lejos de alabar a los foráneos, pienso que nosotros debimos escribir esos cuentos.
Hacer carne la geografía que necesitamos cantar: Acapulco sin adjetivos. ¿Por qué no tenemos una antología de cuentos sobre nuestra tierra? ¿A quién se le escapó recordarnos? El mar siempre será una respuesta emocional a la existencia, qué estamos haciendo bien para que este sitio sea el escaparate de la novedad violenta.
Debimos guardar la existencia de librerías, no dejar a solas el contexto que nos falta: estamos desterrados porque decidimos apostarle a otras novedades, como el turismo. ¿Para escribir hace falta leer? Claro. Leer mucho y bueno. No tenemos librerías, no debimos olvidar esto y lo perdimos. El mar y el terror se han apoderado de nosotros. Nadie nos recordará por haber leído, pero sí por dejar en papel la constancia de nuestros oficios. Escribo desde la esquina de mis sueños y por eso creo que deberíamos organizar una antología donde el pulso de esta ciudad sea benevolente. Hay que armar este sitio de nuevo. Acapulco, como bien lo dijo la poeta polaca Wislawa Szymborska: “Only in Acapulco can we begin anew”(“Sólo en Acapulco podemos nosotros comenzar de nuevo”). Pensemos en esta propuesta y por hoy dejemos que la vida sea fácil.
Les diré que un libro llamado Mares tenebrosos puede encontrarse con dificultad para Acapulco en librerías Gandhi. Pídanlo, será la opción para reconocer qué no hemos escrito. Porque el mar siempre ha sido un enclave propicio para la aventura, la exploración, lo desconocido, las grandes hazañas y también, por qué no decirlo, para el horror.
No es extraño encontrar en muchos viejos mapas de mares y costas, en todas las lenguas y culturas, la enigmática expresión que nos advierte: “más allá hay monstruos”. La antología que nos ocupa está preñada de salitre, de mareas, de mástiles y velas desplegadas al viento, y de hombres, de personajes que afrontan el mar con desafío, con cobardía, con indiferencia o sorpresa, y también con horror.
Mares tenebrosos es una antología que reúne veinte relatos de terror ambientados en el océano. La selección, a cargo de José María Nebreda (que también se ha ocupado de la traducción y las notas biográficas), ha procurado ser lo más variada posible: hay cuentos que se desarrollan en la costa, cerca del mar; otros en las islas desconocidas y desiertas; en las cantinas portuarias, llenas de viejos lobos de mar que narran extrañas historias; en un faro perdido entre los escollos, a decenas de kilómetros del continente; en un barco fantasma que no sabe que lo es; en otro que ha visto un espectro y siente un pánico paralizante; vagabundearemos sin rumbo, enloquecidos, en medio de la bruma más espesa e impenetrable; incluso viajaremos tierra adentro, a un pueblecito alejado del mar por una gran distancia y que, sin embargo, alberga una de las más bellas historias fantásticas sobre el mar jamás escritas.
No podían faltar en esta antología autores de la talla de Robert E. Howard. También se han incluido autores menos conocidos por el aficionado español como John Masefield, James Anley, William Outerson, Frank Norris, Michel Bernanos y Jack Cady, autor norteamericano recientemente fallecido.




