Periódico con noticias de Acapulco y Guerrero

Tomás Tenorio Galindo

OTRO PAÍS

* Acuerdos sin Aguirre

La fracción del PRD en el Congreso del estado aceptó el sábado pasado presentar como suyas las propuestas de la CETEG para reformar la ley estatal de educación, las mismas que hace quince días habían sido apresuradamente rechazadas por la mayoría del pleno legislativo con el argumento de que entraban en contradicción con las disposiciones federales.
El paquete propuesto por la CETEG y asumido por la fracción perredista explica que las reformas tienen como objetivo “garantizar la gratuidad de la educación, como principio y espíritu básico establecido en el artículo tercero constitucional; garantizar el respeto de los derechos laborales de los trabajadores de la educación, procurar la asignación de plazas a los docentes egresados de las normales públicas de la entidad, (y) establecer que los recursos que se asignen al gasto educativo no sea inferior al presupuesto de egresos próximo pasado”.
El punto de mayor controversia es el del respeto a los derechos laborales de los maestros, que en la reforma federal quedaron condicionados a una evaluación. En una versión que busca no lastimar la permanencia de los profesores en sus plazas, en el proyecto de la CETEG se propone “la creación del Instituto Autónomo de Evaluación de Guerrero, con el objeto de que con la participación de los interesados surjan los lineamientos, criterios y objetivos de dicho órgano, el cual en coadyuvancia y coordinación con el de la federación lleve a cabo en el ámbito de su competencia, las evaluaciones y vigilancia de evaluaciones respectivas, lo anterior con el fin de garantizar el respeto a los derechos adquiridos por los docentes en funciones”. Salvo cambios de última hora en el Congreso, esto significa que el resultado de la evaluación no tendrá como consecuencia el despido de maestros, pues la redacción dada a conocer en estas páginas el sábado subraya que el proceso de evaluación habrá de garantizar “el respeto a los derechos laborales y sindicales de los trabajadores de la educación, sin poner en riesgo su permanencia en el empleo”, y sus “resultados serán tomados como base para que las autoridades educativas, en el ámbito de su competencia, adopten las medidas procedentes”. Si la reforma estatal es aprobada en esos términos, o en unos muy parecidos, es posible que esta manera de resolver el dilema entre evaluación y permanencia de los maestros en sus plazas establezca una tendencia para la reglamentación de la reforma federal. Los otros temas, como la gratuidad de la educación, la entrega de plazas a los egresados normalistas y la cuantía de los recursos que deben ser destinados a la educación, no presentan mayor complicación ni se espera que sean cuestionados.
Pero a pesar de la claridad del compromiso adquirido por la fracción del PRD, que en virtud de ello tendrá que presentar el martes la iniciativa e impulsar su aprobación el jueves, persiste la duda sobre si cumplirá, si podrá cumplir o si la dejarán cumplir ese acuerdo. Diputados del PRI han advertido que rechazarán las reformas porque son las mismas que ya fueron desechadas, y aún permanece la incertidumbre sobre el comportamiento de algunos legisladores del PRD, que no podrían votar a favor sin antes digerir su bilis y sus declaraciones previas contra el movimiento magisterial y contra las propuestas cetegistas.
Pero el mayor riesgo de que, pese a todo, las propuestas de la CETEG sean saboteadas, proviene del gobernador Ángel Aguirre. El hecho de que los maestros hayan derribado el rechazo del PRD a respaldar las demandas de la CETEG supone un fuerte golpe al control corporativista que Aguirre ejerce en todo el estado. Agrega una dosis adicional de vinagre, el que lo hayan hecho después de haber invalidado al gobernador como interlocutor para resolver el conflicto. No debe olvidarse que el primer rechazo del Congreso a las propuestas de la CETEG fue consumado por órdenes de Aguirre, quien para ello fingió estar de acuerdo con los maestros. Y para el segundo intento ya advirtió que si son las mismas propuestas no pasarán. Se acrecienta la incertidumbre después de observar la campaña emprendida por el gobernador para desacreditar las demandas de la CETEG, para minimizar su movimiento y para lanzar cizaña sobre la ética de sus acciones.
La peligrosa bipolaridad de Aguirre frente al conflicto magisterial tuvo una manifestación inequívoca el viernes, cuando sin previo aviso se colocó detrás de los micrófonos y dirigió personalmente un programa para arremeter contra los maestros, transmitido por el sistema oficial de Radio y Televisión de Guerrero, lo que implica el uso faccioso de los medios gubernamentales. Es visible que está desesperado. En un intento de contrarrestar la percepción del clima de ingobernabilidad que se respira en el estado, Aguirre Rivero pidió el martes en Acapulco “preguntar a los guerrerenses”. Y los guerrerenses, más de 50 mil en la estimación de este diario, le contestaron el miércoles con la imponente marcha que recorrió la Autopista del Sol y terminó en el zócalo de Chilpancingo, donde se erigió el Movimiento Popular Guerrerense, que alberga no solamente a los maestros que se oponen a la reforma educativa federal, sino a numerosas organizaciones sociales que representan la creciente y variada inconformidad que suscita el gobierno de Aguirre (y el de Enrique Peña Nieto). Pero tal demostración de fuerza y repudio a su gobierno, que en otras partes habría movido a sus destinatarios a mitigar su origen, no hizo más que acentuar los defectos del gobernador, que en plena confusión se atrevió a decir en la radio de la ciudad de México que  “ese no es el camino” y que no “nos van a poner de rodillas”. Llegó al extremo de difamar a los marchistas al sugerir que fueron presionados o engañados por la CETEG, ¡50 mil personas! “Ellos (los maestros disidentes) han emprendido una campaña para distorsionar el espíritu de la reforma educativa federal; ayer, muchos de los que acudieron a esta manifestación son padres de familia que algunos fueron presionados, otros pues obviamente fueron engañados señalándoles que la intención tanto del gobierno federal como del gobierno estatal es cancelar la gratuidad en Guerrero, cosa que es totalmente absurda y apartada de la realidad”, dijo. No parece que esa actitud sea apropiada en un gobernante que enfrenta un reclamo masivo, y menos si dice buscar una solución al conflicto. Como el rey que convertía en oro todo lo que tocaba, cada vez que habla o interviene Aguirre descompone más las cosas. Esperemos que no descomponga también lo que los maestros y algunos diputados consiguieron el sábado. Cometería otro grave y costoso error.

Dominados y el arte de la resistencia

“Cuando el gran señor pasa, el campesino sabio hace una gran reverencia y silenciosamente se echa un pedo”. Con ese epígrafe obtenido de un proverbio etíope abre James C. Scott su conocido libro Los dominados y el arte de la resistencia, un agudo estudio “sobre el poder, la hegemonía, la resistencia y la subordinación”. Scott dice que la posición de los grupos subordinados “queda definida al nacer”. Pero no es para siempre. Este libro parece inspirado en los movimientos populares de México. Sus planteamientos reflejan el caso de los maestros de Guerrero y, todavía con más precisión, la marcha del miércoles 10 de abril en Chilpancingo, donde se produjo un auténtico estallido social cuya trascendencia conviene no minimizar. Afirma el autor que en casos como ese, tal explosión “grita lo que históricamente había tenido que ser murmurado, controlado, reprimido, ahogado y suprimido”. Añade que “si el resultado parece un momento de locura, si la política que engendran es tumultuosa, frenética, delirante y a veces violenta, se debe quizá al hecho de que los oprimidos rara vez aparecen en la escena pública y tienen tanto que decir y hacer cuando finalmente entran en ella”. Es cuando “la infrapolítica de los desvalidos” abandona su estado latente y se hace pública frente al poder. De ahí la audacia de los actos masivos, que suelen ser descalificados desde el poder y las cercanías del poder.

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