Periódico con noticias de Acapulco y Guerrero

Federico Vite

Otra forma de ensayar

Las canciones pop hacen pop en mí, ensayos sobre lo cotidiano lo superfluo y lo ridículo (Instituto Veracruzano de Cultura, 2013), de Brenda Ríos, es un bitácora sensible en la que recrea el clima emocional de sus paisajes tanto internos como externos. Asistimos como lectores al río de la mirada que la autora posee.

Las canciones pop hacen pop en mí se divide en tres partes: Cosas que no te dije, Vida interior y Comienzo. Las 139 páginas de este documento son motivadas por la visión de esta mujer que focaliza las arrugas en el alma de ciertos momentos y los revela como extraordinarios: un incendio, la visita a una carnicería, una caminata por Valparaíso, los domingos en Río de Janeiro, las visitas a Medellín, a Bogotá, a Quito; o mirar un cuadro y deleitarse en él para después analizar con acritud la vida cortesana de Paris Hilton.

 

Ríos no sólo indaga en las pulsiones sensibles de lo que presencia; también pone sobre papel su credo poético como ensayista: “Nos damos cuenta que escribir es apuntar en la vitrina nublada cosas que van a pasar: no en el sentido de la premonición, sino cosas que pasar de largo”. ¿Por qué? Diría el lector. Ríos responde con una frase contundente: “Las palabras también sirven para tocar y ser del otro”.  Brenda sugiere que las palabras son los pétalos que van perdiendo el color desde las orillas al centro. De afuera hacia dentro. Como un pensamiento que se ahoga.

En este libro, Ríos crea una empatía con el lector: abre la puerta para que uno pase y observe qué hay bajo la piel de quien agrupa las epifanías domésticas. Apuesta por renombrar los espacios que conoce: los departamentos vecinos al suyo en el DF, la cafetería preferida, el puerto de Acapulco siempre en visión espectralmente. Ella habla pues de su universo personal. “La cartografía sentimental nos dice también otra cuestión: lo que sucede más allá de aquí no sirve si no es previsto”.

Crea un árbol de levas que funciona en la medida que Brenda pone en marcha la música de su existencia: reflexiona desde la piel para encontrar los diques adecuados para exaltar su expresión. Eleva su voz acuñando varios registros en su prosa de intensidades.

Lo cotidiano es el objeto poético, el valor por el que Ríos indaga los límites de su realidad.

“Uno viene aquí a abrir los sentidos. Los poros del cuerpo. El olfato. El gusto. El oído. La calle es una instancia lúdica y sensual. La ciudad, entonces, entra por la boca”, dice la autora no sólo amplificando la experiencia estética de un viaje a Río de Janeiro, sino evocando el sentido de habitarse, de apropiar su yo contagiado por la exuberancia del contexto.

Dice Ríos: “El interlocutor de todo esto eres tú. Sin ti no habría escritura. Esta escritura que ensayo […] La escritura es un despliegue de la ausencia”. Ya el viejo Baudelaire se confesaba ante nosotros diciéndonos: tú, hipócrita lector, mi semejante, hermano y Brenda se afianza en ese escalafón para detallarnos las derivas vitales de quien habita el mundo con anhelos. Añora dar el reporte de sí misma y lo logra. Ejercita la emoción hurgando en sí misma. Nos refiere sus temores reflexionando desde una condición de estética: “Cuando converso me doy. Es mi manera de darme”. Sentencia la ensayista.

Ante la impertinencia de ensayistas que desean mostrar su sabiduría y el enorme talento para decir nada en un centenar de páginas, Las canciones pop hacen pop en mí me parece un ejercicio honesto de escritura, una puesta que desemboca en el asombro de la cotidianidad, en la magia doméstica de ser uno mismo. Atisba la autora, desde un epicentro emocional, la singularidad estética de quien toca el mundo con la piel, con la extensión efímera del tacto. En palabras del grupo Fresas con crema anunciaremos la necesidad de habitar este mundo con palabras. Diremos: “Cómo no quererte a ti si eres a mí medida, cómo no quererte a ti si eres mi arcoíris de bolsillo, eres mi amuleto personal”.

Las canciones pop hacen pop en mí, diría la autora, es un oráculo para la materia de tinta. “Se inscribe en blanco y negro, se nombra otra, se reblandece si la agitas demasiado (…) Encontrarme ha sido simple lo más simple. Salirme no”. Pensaba en el médico de la sala cubana, Manolín, cuando terminé de leer esta bitácora sensible y sólo pude decir: “Somos lo que hay, lo que quiere y pide la gente”. Sinceridad sensible, me dije, sinceridad.

 

468 ad