Vive el puerto una grave crisis de violencia, señala el arzobispo Carlos Garfias Merlos
Karla Galarce Sosa
El sacerdote jesuita Luis Morfín López dijo que las manifestaciones y protestas no bastan para revertir la destrucción que generó el modelo económico neoliberal, sino que se deben de adoptar modelos de vida comunitarios que permitan el verdadero sentido de libertad y conocimiento personal.
Morfín López participó en el Encuentro Juvenil Nacional Ignaciano (Enjuvi), que inauguró el arzobispo Carlos Garfias Merlos ayer por la tarde y al que acudieron unos 500 jóvenes del país.
En su mensaje, el arzobispo Carlos Garfias reiteró que Acapulco vive una grave crisis de violencia y convocó a los jóvenes a trabajar para reconstruir la paz desde la vocación cristiana.
“La paz y la vida que buscamos los cristianos” fue la exposición que desarrolló Morfin López en el salón Triángulo del sol de Centro de Convenciones.
“Convertirnos significa intentar respondernos el diccionario básico, pero hacerlo en estos tiempos es muy difícil porque el ritmo de vida que se nos impone no nos deja tiempo ni espacio para nosotros, por ejemplo, el celular vino a quitar los últimos resquicios de ociosidad y esparcimiento (…) la globalización neoliberal aniquila el proceso de conversión de las personas”, expresó el director general del Centro de Estudios Educativos del ITESO.
En una exposición en la que hizo un viaje histórico por Acapulco y la importancia comercial que tuvo durante los viajes de la nao de Filipinas y el descubrimiento del tornaviaje por Andrés de Urdaneta, en referencia a los primeros viajes alrededor del mundo, el sacerdote ponderó la importancia de las relaciones interpersonales que debido al actual modelo económico se han ido diluyendo. En cambio, agregó, se sobrepuso la protección del dinero por el de las personas.
Criticó que el significado de los valores que dan sentido a la vida de las personas sean marcas comerciales.
Señaló que los procesos de globalización aniquilaron los de conversión de las personas, e hizo mención a las reformas políticas que se hicieron durante el período presidencial de Carlos Salinas de Gortari, cuyo número, dijo, fue mayor a las que se habían hecho en mucho tiempo.
Criticó que en México haya una política educativa de Estado y no sea una política educativa pública, porque de serlo, todos aprenderíamos lo mismo y habría la oportunidad de que los hijos de los obreros fueran a las mismas escuelas que los hijos de los políticos.
“El primer paso para erradicar ese sistema es fortalecer las relaciones interpersonales (…) en ésta sociedad en que vivimos las manifestaciones y las protestas son un derecho importante, pero no bastan, el asunto es cómo construir el tejido social: con alianzas, con grupos, con consensos (…) y entonces vamos construyendo juntos lo que es básico para todos, quiero que la educación de calidad sea para todos (…) que el hijo del carnicero estudie en la misma escuela que el hijo del presidente, no es un sueño, en Suecia existe”, resaltó.
Anotó que la cultura que se vive en la actualidad, adolece de sensibilidad y robó el sentido de la humanidad.




