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Marchan más de mil católicos en el puerto para pedir por las víctimas de la violencia

Mariana Labastida

Más de mil católicos vestidos de blanco, cargando globos, palomas de papel, mantas y cartulinas en las que pedían se orara por las víctimas de la violencia, caminaron desde diferentes puntos del puerto a la Catedral de Cristo Rey para la clausura de las Jornadas Diocesanas por la Paz.
Los católicos se reunieron en cuatro puntos de la ciudad: Zócalo, Centro de Convenciones, Garita y La Laja, de donde marcharon rezando, cantando y gritando vivas por la paz en el municipio; posteriormente en misa pidieron por el cese de la violencia y la conversión de quienes la genera.
A la misa, que se realizó al concluir la caminata, acudieron la diputada local del PRI, Guadalupe Gómez Maganda, y el subsecretario de Asuntos Religiosos del estado, Javier Bataz Benítez.
En una de las marchas, encabezada por el párroco de la iglesia de San Nicolás de Bari, Jesús Mendoza Zaragoza, los feligreses de colonias como Morelos, Burócratas, La Villa y La Laja se reunieron en el parque de esta última, donde el sacerdote les dijo que la intención era que la paz esté en las calles “donde han sucedido muchos hechos de violencia”.
Relató que sólo en el tramo que va de la gasolinera al parque de esa colonia, que es una cuadra, se han ocurrido más de 30 asesinatos, por lo que pidió orar para que se termine la violencia y se construya la paz, “para poder caminar sin miedo”.
Unas 150 personas aproximadamente caminaron del parque de La Laja a la catedral de Cristo Rey. Bajando por la calle Bocamar se encontraban dos jóvenes que llevaban fotografías impresas. Una de ellas dijo que era su pareja a quien habían matado hace tres meses en el módulo del Infonavit.
El grupo llevaba al frente una manta en la que se leía: “Parroquia San Nicolás de Bari, Arquidiócesis de Acapulco, María de Guadalupe, reina de la paz, ruega por nosotros queremos paz en Acapulco”.
En la iglesia del Señor del Perdón, de la colonia Garita, se reunió otro de los grupos de fieles católicos que caminaron por la paz de esa y otras colonias de la zona conurbada, organizados por fieles y el párroco de la iglesia de La Zapata, Rafael Barajas Solorio.
“Sembremos en la justicia cosechemos en la paz, basta de corrupción, mentiras y fraudes, vida digna para todos”, clamaban los católicos en la manta que llevaron al frente del grupo que caminó por la avenida Cuauhtémoc orando y cantando: “ven con nosotros a caminar, Santa María ven…”, “oh María madre mía…” y gritando porras por la paz, para díos y vivas a Cristo Rey.
Unas 250 personas aproximadamente llevaban globos blancos y palomas de papel que tenían escrito: “Cristo es nuestra paz”, “pedimos a Cristo la paz”, “Herodes basta de asesinatos”, además de flores y tiras de papel que movían al ritmo de las canciones que iban interpretando.
Del Zócalo partió la tercera marcha, la de mayor congregación de personas, unos 500 feligreses detrás de la manta  que decía: “Jesucristo paz de México, unidos con Jesús al encuentro de la paz”, mientras que otros portaban cartulinas en las que se pedía: “oremos por las víctimas de la violencia”, y mensajes como: “la paz comienza con una sonrisa”, “enseñar a amar a nuestros hijos es amándolos primero”, “los maestros son formadores de hombres de paz” y “el papá y la mamá son los primeros promotores de la paz”.
También hubo quien le pidió al “señor Jesús toca el corazón de quienes se olvidan que somos hermanos”.
“Si caminas en la paz llegaras a los demás”, “en Cristo es nuestra paz, México tenga vida digna”, se leía en dos mantas de la marcha que partió de la explanada del Centro de Convenciones por la Costera hasta avenida Universidad, donde se construye la nueva catedral y al ingresar una de las fieles católicas entregaba estampitas con la imagen de una paloma cubriendo al mundo y del otro lado la oración por la paz que se rezaría al final de la celebración eucarística donde el arzobispo soltó dos palomas blancas que le fueron obsequiadas.
En lo que será el atrio de la nueva Catedral ya estaba montado el altar para la misa que presidió el arzobispo Carlos Garfias Merlos, acompañado de 23 sacerdotes de diferentes parroquias de Acapulco.
Al iniciar la celebración el prelado católico llamó a los asistentes a reflexionar en las ocasiones que han sido generadores de violencia para evitar que se sigan presentando en la vida cotidiana ese tipo de actos en contra de la paz.
Convocó a orar por las víctimas de la violencia, así como invitar a toda la sociedad, autoridades civiles e instituciones para trabajar por la paz y se pueda transformar el ambiente de inseguridad en uno de confianza.
En la homilía, Garfias Merlos dijo que la epifanía de la llegada de los Reyes Magos “se debe de tomar como un llamado a la unidad, la universalidad de la salvación, así como el compromiso de la construcción de la paz haciendo el permanente ejercicio de la transmisión de esta todos los que nos rodean”.
Convocó a los católicos a semanalmente orar en la Hora Santa por la Paz, así como en todos los espacios que se tengan, como lugares públicos y más donde haya ocurrido un hecho de violencia, llamando a la sociedad a sumarse, para hacer “el permanente ejercicio de convertirnos en personas pacíficas”.
“Como Iglesia católica asumimos el compromiso de orar por la paz y hacer lo que este de nuestra parte para construir la paz, lo que podamos aportar estamos dispuestos hacerlo”, enfatizó.
Recordó las conclusiones de las tres mesas de diálogo que se instalaron en el foro por la Construcción de la paz que se realizó el sábado, donde dijo que se debe de generar la paz en todo momento y como iglesia ofrecer acompañamiento a las víctimas de la violencia.
Hizo una intención especial por “todas las personas que han muerto y que han sido víctimas de la violencia e inseguridad y que en sí mismos en su familia y entorno han tenido las consecuencias de esta”.
En la homilía el arzobispo resaltó el trabajo para la educación de la paz en los jóvenes, para que sepan que junto con los derechos hay obligaciones y que estén educados en la verdad, justicia y libertad, para una vida más digna y ser constante constructores de la paz.
Durante la oración en la que se pidió ante el problema de inseguridad y violencia “señor danos la paz”, también por el cese y desaparezca la violencia y la conversión de quienes la generan, por que todos sean promotores de justicia y seguridad, por el gobierno para que velen por el bien común, la reconciliación y la paz, para que los hombres reconozcan que son hermanos y por que cesen los suicidios, deseos de venganza y violencia.

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