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Sorprende el guitarrista puertorriqueño Iván Rijos al formar inesperados dúos en Taxco

Claudio Viveros Hernández

 

Taxco

 

En la variada programación que se presenta en el Concurso y Festival Internacional de Guitarra de Taxco, los conciertos han sido la actividad central con una diversidad de propuestas estéticas, artísticas y multiculturales que día a día los públicos reciben complacidos y elogian la calidad interpretativa.

El lunes el artista polaco Marcin Dylla llevó se presentó con un programa selecto que inició con la Sonata Romántica de Manuel M. Ponce y de ahí se fue a un recorrido por otros autores de distintos periodos para rematar con los Valses poéticos de Enrique Granados con los que sacudió el teatro en una segunda parte, de ahí que el diario Washington Post lo considere “entre los guitarristas más talentosos del planeta” y sea un fenómeno inusitado en la historia de la guitarra clásica actual.

Ese sería el inicio. Lo subsecuente se dio el martes en un concierto compartido. Con el notable guitarrista Iván Rijos, apareció el joven mexicano Omán Kamynsky, ganador del primer lugar del Concurso de Guitarra de Taxco en 2012, quien para su amplia cosecha de premios, días antes en Saltillo, ganó el Concurso Internacional de Guitarra allá en el norte, para llegar desde ahí a Guerrero, a tocar como él lo sabe hacer, con las piezas que ofreció, entre ellas La Catedral de Agustín Barrios Mangoré, y horas más tarde partió hacia Holanda donde radica actualmente.

Después, para el cierre de otra noche, vendría el fecundo artista de Puerto Rico, Iván Rijos, quien dentro de su anecdotario, al paso de los años, está vivo el momento cuando el maestro Andrés Segovia le escuchó en una de sus clases y lo invitó a tocar en un recital que se celebraría en su honor, lo que marcó desde entonces una nueva etapa en su carrera.

Rijos interpretó en un inicio las Canciones Napolitanas de Ernesto de Curtis y Renato Renucci, Dos momentos musicales de su creación y Tres danzas puertorriqueñas que animaron el ambiente al traer aquí los sonidos y el folklor de su país con algunos de sus arreglos y transcripciones.

 

Una noche célebre y de sorpresas

 

Lo que nadie se esperaba, se convirtió en una noche célebre para los que vivieron, escucharon y admiraron juntos a un conjunto de artistas del mundo, quienes tocaron a dúo con Iván Rijos, que en una creativa ocurrencia convenció a compañeros para tocar y maravillar con sus ejecuciones a los espectadores que no daban crédito a lo que pasaba en el escenario.

Todo comenzó ya en la despedida de su presentación en que salió y se fue. Pero, pero en un breve receso volvió sonriente acompañado por el estadunidense Robert Guthrie que se acomodó en otra silla que se dispuso y ambos tomaron su lugar para hacer sonar una versión única de las Variaciones Op 9 del tema de la Flauta mágica de Mozart de Fernando Sor. Otra vez aplausos que no cesaron.

La sorpresa se intensificó cuando Rijos salió y regresó de nueva cuenta en compañía del mexicano Francisco Gil, quien hace muchos años vino en calidad de concursante y hoy llegó como jurado y también tocó, pues es considerado como uno de los guitarristas con mayor proyección internacional.

De buen humor, dijo escueto “Iván está loco, pero nosotros estamos más al hacer lo que nos pide”, y las carcajadas se soltaron en el lugar donde ambos artistas se fusionaron para dar vida a la Sonata K147 de Doménico Scarlatti, misma que saborearon a cada caricia de las cuerdas.

Enseguida vendría el italiano Simone Iannarelli, quien tan entusiasmado como sus antecesores, se apostaron en su silla y en donde el invitado de Rijos dio a conocer que la pieza que tocarían era un estreno en Taxco a la que bautizó como Cuore, que el mismo dijo es Corazón en español. Suave, pero impactante, la obra caló en la gente que se volcó en más aplausos.

La sorpresa creció con la presencia de Rijos y la estadunidense, Martha Masters, una figura en la guitarrística mundial, quien no se negó a acompañar al puertorriqueño para tocar. La obra fue Estrellita de Manuel M. Ponce, con la que refrendó su estilo.

El cierre, con una multitud que pedía más, estuvo a cargo de Rijos y –en un gesto de complicidad del homenajeado Paulo Bellinati–, quien sin más tomó su espacio y esperó a Rijos para arrancar la faena con la obra Mañana de carnaval de su paisano Luis Bonfá. Del otro lado del escenario, artistas, estudiantes, amas de casa, maestros, jóvenes, plateros, familias y burócratas se mostraban por demás complacidos.

Lo más interesante es que en cada interpretación Rijos acompañó y dio rienda suelta a una limpia improvisación, plena de talento como todos ellos, reunidos en una sola noche que se extendió por alrededor de tres horas y nadie parecía quererse salir.

Impacta el maestro brasileño Celso Machado

 

La siguiente jornada de este miércoles revolucionó sin fin con el virtuoso y versátil artista brasileño, Celso Machado, quien llegó en un viaje directo desde Canadá para cumplir puntualmente a su cita y cuidar, uno a uno, cada detalle en audio, iluminación, el escenario y los instrumentos que tocó en sus interpretaciones.

Su visita fue efímera, como la huella de una actuación impecable, soberbia y que dejó impactado a un público que lo hizo suyo por su maestría en el programa interpretado. No en vano fue la larga noche musical que nadie se imaginó.

Por eso es que en su carta de presentación se le ubica como un guitarrista virtuoso, percusionista, multi-instrumentista y compositor. Por eso es que “su técnica de la guitarra no es sino una de sus pasiones, su don para hacer música con cualquier cosa y todo lo que nos rodea es su misión en la vida”.

La revista Les Cahiers de la Guitarra sintetiza así a este gran artista que llegó al mediodía y partió después a la medianoche, tras su concierto: “Machado es en sí mismo una escuela de samba”.

Como parte del programa, este viernes será el concurso de ensambles en una sola prueba, la premiación de los ganadores, la ceremonia de clausura y el cierre de conciertos con la artista Martha Masters de Estados Unidos

 

 

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