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Demuelen 13 locales del Callejón del Antojo, entre la Cuauhtémoc y Cristóbal Colón

Salvador Serna

Los 13 locales comerciales que formaban parte del llamado “Callejón del Antojo”, ubicado en la avenida Cuauhtémoc, justo frente al Colegio Liceo Mexicano, fueron demolidos ayer, menos la tienda Oxxo.
El callejón fue bautizado así hace 20 años por la clientela conformada por trabajadores, estudiantes y peatones que pasan por el fraccionamiento Magallanes y que a diario acudían a las misceláneas, fondas, taquerías y antojerías para comer.
Originalmente concebido como un andador perteneciente a la tercera calle de Cristóbal Colon en los años 70, el pasillo fue cambiando su fisonomía estructural hasta convertirse en un sitio de fondas y pequeños restaurantes.
Desde finales de los años 80, el “Callejón del Antojo” operaba desde las 6 de la mañana hasta las 7 de la noche. Los servicios de comida eran muy variados: Tamales, gorditas, quesadillas, sopes, tacos, tortas, empanadas, tacos de canasta, enchiladas, tacos de consomé y la comida corrida con aguas frescas o refresco incluido.
En el callejón transitaban a diario de 3 a 5 mil personas, entre las que acudían a comer y las que sólo cruzaban el andador para dirigirse a la parada de camiones denominada Las Anclas o caminar hacia la zona Dorada, justo detrás del centro comercial La Gran Plaza.
Por las noches el andador era utilizado como guarida de asaltantes.
Hoy de los locales sólo quedó un terreno baldío con máquinas demoledoras, trascabos, tractores, camiones de volteo y cientos de albañiles acarreando escombro, bajo la supervisión de vigilantes privados que previenen la entrada de extraños al terreno, acordonado por listones color amarillo.
Cuando se camina del lado de la avenida Cuauhtémoc, en dirección a la gasolinera que hace esquina con avenida Universidad, el sentido de la vista es sorprendido por la ausencia de la contaminación visual de las edificaciones que ya se fueron.
Cinco grandes locales comerciales pasaron a la historia: Una caja de ahorro popular para maestros, una tienda de químicos para limpieza, una casa de empeño de mediano éxito, una ferretería que ya tenía su clientela y una tienda de pinturas fueron demolidas.
Decenas de albañiles y “maistros” acarrean escombros de todos tamaños, los cuales son supervisados por vigilantes privados.
En un descuido se trata de entrevistar a los albañiles, pero éstos, entre risas, se niegan a hacer declaraciones argumentando que no está el “patrón” o el ingeniero.
Finalmente, un par de escalinatas que algunos usuarios utilizaban para sentarse y que esperaban su transporte rumbo a las colonias El Coloso, Ciudad Renacimiento, Zapata y Garita desaparecieron. Ya no quedó nada.

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