Chocan autos en un retén de apoyo a normalistas; toman un vehículo de la Ssa
Rosendo Betancourt Radilla
Chilpancingo
Un contingente de 150 estudiantes pedía cooperación en la salida norte de la ciudad de Chilpancingo con rumbo a Zumpango cuando de pronto un vehículo derrapa, crea una gran humareda y choca contra otro.
Cinco segundos después descienden del coche impactado dos mujeres, cada una cargando a un bebé. Policías federales se apresuran a culpar a los estudiantes, aunque ni a los alumnos ni a los uniformados se les ocurrió tomar medidas de precaución para evitar el aparatoso accidente del cual todos salieron ilesos.
Ayer durante la movilización de estudiantes del Instituto Politécnico Nacional (IPN), de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y de la Federación Estudiantil de Campesinos Socialistas de México (FECSM) en apoyo a la Normal Rural Raúl Isidro Burgos de Ayotzinapa por el lugar circulaba el director de Comunicación Social de la Secretaría de Salud del estado, Jaime Irra Zamora, pero los estudiantes detuvieron su avance y le quitaron la camioneta oficial en la que transitaba.
La “jornada informativa” comenzó a las 11:20 de la mañana, cuando los estudiantes llegaron en dos camiones de la línea Estrella de Oro, a unos 200 metros del entronque a la salida para Zumpango y la entrada a la Autopista del Sol, unos 150 estudiantes; se colocaron en ambos carriles, bote en mano comenzaron a pedir cooperación y entregar volantes a los automovilistas.
A diferencia de otras ocasiones, en las que los huaraches de cuero, el pelo corto y la tez morena son el común denominador de los varones que se movilizan, ahora se observó a mujeres jóvenes de piel blanca, ojos claros y el pelo con rastas.
Jeans, ropa deportiva y cazadores acompañaban a playeras y sudaderas de todos colores y diseños, un par con el rostro del líder guerrillero e icono social Ernesto El Che Guevara.
Esta masa heterogénea de jóvenes pedía cooperación y entregaba volantes a los automovilistas, que en su mayoría traían placas del Distrito Federal y el Estado de México, además de las de Guerrero.
Junto al contingente principal otro grupo sostenía una manta: “¡Ayotzinapa Vive! Pedimos educación y recibimos balas FECSM” y la imagen de una mano izquierda empuñada.
En el lugar es clara la polarización de la sociedad respecto del movimiento estudiantil, lo que se fortaleció luego del asesinato de los normalistas Gabriel Echeverría de Jesús y Alexis Herrera Pino el pasado 12 de diciembre. Algunos automovilistas no bajan la velocidad, ni siquiera el vidrio para recibir el volante, hacen gestos y señales de desaprobación.
Otros se detienen, dan dinero y palabras de apoyo: “buena suerte chavos”, otros les toman fotografías, incluso los choferes de los autobuses se detienen y les abren la puerta para que dentro puedan botear e informar. Pasan autos sardina, repletos de niños, jóvenes y adultos que bajan las ventanas y saludan.
El volante que reparten contiene exigencias, de justicia para los estudiantes caídos, juicio político para el gobernador del estado como jefe de las policías estatal y ministerial que llegaron a disparar en contra de una protesta estudiantil y el castigo inmediato a los autores materiales e intelectuales de los asesinatos.
En entrevista, el estudiante de Ayotzinapa, Germán Hernández Jiménez, da cuenta de que los jóvenes que los apoyan son de la UNAM, IPN y de la FECSM y una joven escucha esto y grita: “un saludo al Mexe Hidalgo”, escuela normal de aquella entidad desaparecida en julio de 2008, para en su lugar poner un instituto tecnológico.
El estudiante agradece a la gente que coopera “es poco el dinero que se logra juntar, pero nos sirve para comprar nuestros alimentos y los de quienes nos apoyan, agradecemos a la gente porque nos apoya sin que tengamos que acarrearlos como le hizo el gobernador en su marcha”, del jueves pasado en esta capital.
Y la jornada continúa, el clima es de algarabía, se desborda la energía propia de la juventud cuando se reúne, sonríen y se persiguen bajo el intenso sol que no parece hacerles mella. Cambian de lugares, corren tras los automóviles y dan las gracias, regalan sonrisas y frases de buenos días.
Esto es un robo
Para las 12 de la tarde empiezan a pasar, en carros particulares, funcionarios del gobierno del estado, pues a las 12:30 el gobernador Ángel Aguirre Rivero tiene agendada una visita al hospital general Raymundo Abarca Alarcón de Tierras Prietas.
Justo a las 12:05 pasa en una camioneta Ram Charger con placas de circulación HB-12495 el director de comunicación social de la Secretaría de salud, Jaime Irra acompañado de otro hombre que conduce. Su carro es detenido, baja la ventana y pregunta ¿qué pasó?
–Bájense, nos vamos a llevar el carro– le contesta un normalista, al tiempo que comienza a cubrirse el rostro con una playera.
–Oye, pero esto es un robo– replica el funcionario estatal.
–La camioneta ni es tuya, bájense.
–Bueno, pero espérate a que baje mis cosas personales. Cálmate.
Los tripulantes se bajan y seis normalistas se van en la camioneta. Jaime Irra sólo atina a llevarse las manos a la cabeza, comienza a hacer llamadas y se acerca a unos policías federales que están observando todo a unos 400 metros. Sube a una patrulla y se va con ellos.
“Así no, no manchen, hay un montón de medios”, se queja un estudiante pero recibe una respuesta rápida: “Así es esto, ellos son unos ojetes, hasta nos mandan a matar”.
La jornada continúa, los botes ya se ven pesados, llenos de monedas y mandan a un par de chavos al autobús por más volantes porque ya se están acabando.
El choque
Justo a la 1:30 de la tarde se escuchó rechinar unas llantas, se ve una intensa humareda, en un instante todo el lugar apesta a caucho quemado y después se escucha un fuerte golpe, vidrios vuelan y la gente corre.
El accidente ocurrió justo enfrente de dos patrullas de la Policía Federal que están estacionadas a un lado de la gasolinería Also.
De un Tsuru gris con placas de Guerrero 622-3524 que fue impactado por una camioneta Voyager con placas de San Luis Potosí, desciende una mujer cargando a un bebé, detrás de ella baja otra cargando a una bebé, el niño llora espantado, la niña parece no haberse percatado de que está en un accidente automovilístico.
Los policías federales que en ese momento tomaban sombra dentro de la gasolinería corren y detienen el tráfico, las mujeres cruzan la calle con los infantes en sus brazos y se sientan a consolar al niño, la niña juega despreocupada, una de las mujeres llora.
Un policía federal se acerca a los reporteros y dice, “lo bueno es que no se murieron los niños los pudieron haber desnucado”, y otro al fondo grita: “Pinches chamacos como no los atropellan a todos”, mientras se refiere a los manifestantes.
A las 1:38 llega una ambulancia de la Cruz Roja, al mismo tiempo los estudiantes abordan los autobuses en los que se transportan y se retiran del lugar.
Los paramédicos hacen un chequeo a los bebés de 10 meses cada uno y revisan a las mujeres, mientras el resto de los involucrados en el percance revisan sus unidades y dan sus datos a otros oficiales.
Tras el chequeo, una paramédico asegura que “todos se encuentran bien, los niños están alerta, lloran y buscan a su mamá, no les pasó nada porque no rebotaron, venían sujetados”.
De la ambulancia de la Cruz Roja un paramédico pregunta a los reporteros, justo a un lado de los policías federales: “¿Y por qué a nadie se le ocurrió poner banderas de advertencia?”, pero no obtiene respuesta.




