Víctor Cardona Galindo
PÁGINAS DE ATOYAC
El Plan del Veladero
(Tercera parte)
Una vez fundado el Partido Obrero de Acapulco (POA), los campesinos se enteraban de los acontecimientos por el periódico Regeneración. Dice José Carmen Tapia Gómez en su libro Feliciano Radilla Ruiz. Un líder natural costeño: “Escudero había iniciado una fuerte campaña contra Emilio Miaja, entonces administrador de la fábrica de hilados y tejidos Progreso del Sur Ticuí… contra el mal trato que se daba a los obreros. El citado jefe de la B. Fernández y Cía. no dejaba a la gente del pueblo tomar agua del canal, puesto que dicho líquido alimentaba a la fábrica”.
Juan R. Escudero era estimado en la Costa pues en más de una ocasión había recorrido a caballo sus ciudades. “Escudero está presente en Atoyac y Tecpan en junio de 1920”, apunta Tapia. Fue ese año cuando se fundó el primer Comité Agrario encabezado por Justino Parra, Felipe Manzanares y Lorenzo Cabrera.
Coincidentemente en esos años también llegó a radicar a Atoyac Francisco Escudero, quien instaló una tienda de abarrotes en el centro de la ciudad y contrajo matrimonio con Trinidad Hernández Rosas, familiar de Pilar Hernández, de Corral Falso, quien hizo una gran amistad con Paco Escudero. Don Pilarcito sería más tarde uno de los más connotados dirigentes del agrarismo regional.
La tienda de abarrotes permitía a Francisco Escudero –según José Carmen– permanecer en la localidad para seguir dirigiendo el trabajo político organizativo. Traía de Acapulco y distribuía entre los campesinos el periódico Regeneración. Esto se sumaba al activismo político que mantenía en Tecpan el maestro Valente de la Cruz Alamar quien cada vez les abría los ojos a más campesinos que pedían el reparto de tierras.
Los Escudero establecieron relaciones con don Pilar Hernández, de Corral Falso, también con el ex zapatista Manuel R. Radilla y con su sobrino Feliciano Radilla Ruiz, de Boca de Arroyo. En la cabecera municipal de Atoyac se mantenían en contacto con Manuel Téllez Castro y David Flores Reynada. Algunos arrieros llevaban cartas y el periódico Regeneración a la sierra donde muchos campesinos se escondían de la mala justicia. En ese contexto el 17 de agosto de 1922 se fundó el Comité Ejecutivo Agrario que encabezó Manuel Téllez Castro y David Flores Reynada. Ese día, con la presencia de los líderes agraristas de la sierra cafetalera, se fundó la Liga de Campesinos de Atoyac.
Comenta Tapia Gómez que Manuel Téllez era: “Incorruptible, conocía ampliamente el programa del POA y estaba pendiente del avance del Partido Obrero de Tecpan fundado por Valente de la Cruz”. Por eso la muerte de Manuel Téllez prendió la mecha, pues el 24 de noviembre de 1923, Alberto Téllez inició la revolución agrarista en la costa Grande.
Y al comenzar la ofensiva en contra de los terratenientes, el 10 de diciembre estaba Feliciano Radilla en Acapulco con sus 25 compañeros bien escogidos buscando poner a salvo a los hermanos Escudero. Mientras los hermanos Amadeo y Baldomero Vidales esperaban en Pie de la Cuesta para cubrir la retirada. Sin embargo nada se pudo hacer y resultó el saldo lamentable del asesinato cobarde de los líderes.
Ya en plena rebeldía, la madrugada del 19 de diciembre los agraristas desarmaron a los policías de Rosalío Radilla y se fueron rumbo a Mexcaltepec, pero al sumársele en esa población Lucio Martínez con un grupo de campesinos armados, ese mismo día atacaron a las guardias blancas que los españoles de Acapulco tenían en la fábrica de hilados y tejidos de El Ticuí. Al llegar al canal, a las 10 de la mañana, los agraristas fueron recibidos a tiros desde las azoteas de la fábrica. Contestaron el fuego e impusieron un sitio, incendiaron las puertas para poder entrar y así tomaron el edificio de esa industria. Fue un combate que duró hasta las primeras horas de la tarde porque los hombres que la estaban custodiando encabezados por Juan Juárez y sus hijos estaban bien armados y no daban tregua.
Los revolucionarios tomaron prisionero al español Emilio Miaja que andaba fuera de la fábrica y dentro del edificio murieron Mariano Mesino y Benito Gómez; al primero lo asesinaron sus propios compañeros, cuando pretendía abrirles la puerta a los agraristas atacantes y al segundo lo asesinó la gente armada, cansada de los desmanes sufridos, al encontrarlo refugiado en los telares; el resto de los defensores de la fábrica se salió por las turbinas. En la orilla del río por el lado de El Ticuí murió el español Federico Hormachea. El Tejón de la Cinta Baya le tiró desde lejos con su 30-30 y ahí quedó muerto el explotador español.
Después de este combate los agraristas se fueron rumbo a la sierra y los jefes se reunieron en Mexcaltepec, donde se enteraron del asesinato de sus líderes, los hermanos Escudero y para vengarse decidieron atacar nuevamente la ciudad de Atoyac, donde se refugiaba el verdugo Rosalío Radilla, Chalío. Salieron el 22 de la sierra por la noche y llegaron a Atoyac a las cinco de la mañana del 23 de diciembre de 1923, un grupo aproximado de cien hombres; de los cuales veinte venían con machetes. Otero Galeana escribió en El movimiento agrario costeño y el líder Profr. Valente de la Cruz, que el ataque se desarrolló con toda rudeza, con valor y coraje. En la avanzada que tenían los delahuertistas en el corredor exterior de la casa de doña Antonia Ayerdi, frente al atrio de la Iglesia, murió Julián Vega peleando a favor de Chalío Radilla y por el Arroyo Ancho donde atacó Feliciano Radilla en compañía de Prisciliano García, Apolonio Pino y de otros jefes agraristas, fallecieron dos soldados federales.
Se encontraba como jefe de la plaza de Atoyac un teniente federal apodado El Tingüiliche, con 35 soldados a sus órdenes, y Rosalío Radilla tenía también a su mando treinta de los llamados “Voluntarios”, pero eran guardias blancas pagadas por las casas españolas del puerto de Acapulco y más doce agentes de la policía municipal. Todos estaban bien armados y con buena dotación de cartuchos; en cuanto al armamento la gente de Chalío tenía mucha ventaja.
Los agraristas entraron por el norte de la ciudad distribuyéndose por las calles: Centenario (Hoy Juan Álvarez) y Juan Álvarez (Hoy Agustín Ramírez). En pocos momentos el fuego se extendió por el oriente, sur y poniente. En el Arroyo Ancho estaba más enconada la pelea porque estaban atacando hombres con experiencia como Feliciano Radilla y Francisco Pino El Tejón de la Cinta Baya. Los agraristas al dar la ofensiva rebuznaban como burros para burlarse de sus enemigos. La pelea duró todo el 23, pero ya por la tarde, el jefe de la tropa federal sintiéndose perdido pidió apoyo a San Jerónimo El Grande. Llegó en su auxilio el capitán Pedro S. de los Monteros con cuarenta federales, pero no pudo entrar a la población por el lado sur, por la fuerte defensa de los agraristas. Monteros ya iba en retirada cuando se encontró con: Blas Hernández, Asunción y Juan Radilla Hernández que venían de El Humo, a dar refuerzo a su tío Rosalío. Monteros ya había tenido dos bajas y su caballo también había muerto. Monteros se regresó, con los Radilla y Blas Hernández organizó un ataque por la retaguardia.
Por el lado del panteón, acompañado de un grupo de militares, atacó Blas Hernández, y los demás federales encabezados por Asunción y Juan Radilla entraron por el cerrito donde está el Centro de Salud. Con esta inesperada ofensiva desalojaron a los agraristas, quienes se fueron rumbo a la sierra.
El saldo fue el deceso del guardia blanca Julián Vega, dos federales muertos y el caballo del capitán de los Monteros. Los soldados federales hirieron y apresaron al agrarista Prisciliano García, quien luego fue liberado. Los campesinos atacantes se llevaron heridos a Arnulfo Vargas, Luis Castro, Gabino Juárez, Cesáreo Reyes e Isidro García, quienes fueron auxiliados por Eligio Laurel en San Vicente de Jesús.
Fue en esa retirada cuando los agraristas decidieron invitar al coronel retirado Silvestre Castro García para que se uniera a la causa. Para eso fueron comisionados Feliciano Radilla, Pilar Hernández y Eligio Laurel. El Cirgüelo vivía en el poblado de Cacalutla y había servido con eficacia en el bando del general Silvestre Mariscal. Tenía fama de ser un gran estratega para la guerra, y a los agraristas les faltaba un jefe experto que dirigiera con acierto las campañas que ya se estaban dando y las que vendrían toda vez que el ejército federal estaba ya en franca rebelión contra el gobierno constituido y estaba coludido con los caciques, terratenientes de la región y las casas españolas de Acapulco.
Por eso esa misma noche del 23 de diciembre de 1923, la comisión salió rumbo a Cacalutla y un grupo se fue nuevamente a la Sierra de Atoyac, para seguir orientando a los campesinos y reclutando más partidarios para la lucha agraria armada. Silvestre Castro al indultarse ante el general Maycotte en 1918, se entregó por completo a las labores del campo en Cacalutla, donde vivió una vida pacífica hasta que el movimiento agrarista le fue a solicitar sus servicios.
Fueron Feliciano Radilla y don Pilar Hernández quienes convencieron al Cirgüelo de sumarse a los agraristas quien –de acuerdo a lo escrito por Tapia Gómez– exigió en Cacalutla lealtad y disciplina. Ya los españoles de Acapulco le habían enviado emisarios con dinero para sumarlo a la causa delahuertista, pero tal vez la presencia de los Figueroa en ese bando hizo que se fuera con el contrario. Vio la oportunidad de ajustarles cuentas a ese clan que lo había combatido en 1918 y que intrigaba permanentemente en su contra. Muestra de ello es que en junio de 1922 Silvestre Castro fue arrestado por órdenes de Rómulo Figueroa que lo acusaba de estar implicado en una rebelión que estaba promoviendo el general Salvador González, pero luego recuperó su libertad cuando se demostró su inocencia.
El contingente encabezado por Silvestre Castro salió de Cacalutla el 29 de diciembre por la playa hacia Coyuca de Benítez, en el camino se le sumaron don Rosendo Cárdenas, Amadeo y Baldomero Vidales con 40 hombres. Los obregonistas-agraristas atacaron la plaza de Coyuca el 30 de diciembre de 1923 que fue defendida por un grupo de federales al mando del teniente Ocampo, apoyado por guardias blancas comandadas por Ramón Gómez.
Luego, el primero de enero de 1924, en el pueblo de San Nicolás, municipio de Coyuca de Benítez, en el domicilio del señor Mateo Marín se llevó a cabo una concurrida reunión, en la cual le dieron el mando de las fuerzas obregonistas en el estado de Guerrero al coronel Silvestre Castro García, El Cirgüelo. Ahí se levantó un acta que también firmó Amadeo Vidales Mederos.
Por ahí apareció el gobernador Rodolfo Neri, quien venía seguido por más o menos ochenta hombres, la mayoría eran funcionarios y empleados del gobierno del estado. Huyendo de las tropas de Figueroa, Neri se internó en la sierra para unirse al coronel Silvestre Castro, El Cirgüelo y así encabezar la lucha a favor de gobierno central. El primer mandatario de la entidad después de nombrar general a Silvestre Castro fue protegido unos días por los agraristas en Cacalutla, mientras se planeaban nuevas acciones.
El 18 de enero de 1924, los agraristas estaban en Boca de Arroyo, con intenciones de atacar la ciudad de Tecpan, cuando apareció Ernesto Radilla Serna con cartas del profesor Valente de la Cruz para Silvestre Castro. Una vez enterados de las noticias del profesor tecpaneco, un correo salió rumbo a la sierra de Atoyac con cartas para Zacarías y Lucio Martínez, en las que se les informaba de la llegada del profesor De la Cruz, que venía de la ciudad de México con parque y armamento y les pedía que lo fueran a encontrar por Zihuatanejo lo más pronto que les fuera posible para evitar un ataque sorpresivo del enemigo y el despojo de los pertrechos. Los Martínez comenzaron a organizar el contingente de los pueblos de la sierra.
Para desorientar a las tropas federales destacamentadas en Atoyac de Álvarez, al mando del teniente Tingüiliche y a las de San Jerónimo. El Cirgüelo les mandó pedir las plazas el día 19 y ordenó al coronel De la Cruz, que hiciera detonar una bomba de fabricación casera en el sur de la ciudad de Atoyac para que los federales al oír el estallido pensaran que era una señal de ataque de parte de los agraristas de quienes ya esperaban el asalto. Pero al mismo tiempo que detonaban la bomba Castro movía su gente hacia Tecpan.




