Recuerdan vecinos y amigos a Luis Buñuel como un ermitaño en sus últimos años
*El cineasta español se quedó en México al perder toda oportunidad de trabajo y de ciudadanía en Estados Unidos, a raíz de que Salvador Dalí publicara injustamente que era marxista
Minerva Hernández / Agencia Reforma
Ciudad de México
Figura permanente de la cinematografía mundial por sus películas, la imagen de Luis Buñuel se desvanece poco a poco de la calle en la que vivió por décadas en la ciudad de México.
Si no fuera porque desde hace un par de años la casa que habitó en la Cerrada Félix Cuevas se remodela para ser centro cultural, la vivienda del mítico artista pasaría desapercibida incluso por quienes viven cerca.
La razón: algunas casas vecinas se han convertido en oficinas o pequeñas fábricas cuyos trabajadores nada o poco saben del cineasta.
Además, el realizador, que murió hace exactamente 30 años, era un ermitaño en su propia colonia, recuerdan algunos vecinos.
“Cuando uno llegaba a visitarlo, nunca se encontraba a ningún vecino, se veía que respetaban su decisión de llevar una vida casi monjil”, asegura el escritor y crítico José de la Colina, uno de sus grandes amigos.
Incluso quienes vivían en esa calle al mismo tiempo que el cineasta y su esposa Jeanne, poco saben o recuerdan.
“Él casi nunca estaba aquí, cuando estaba salía a dar vueltas en la Cerrada, pero no hablaba, no se llevaba mucho con nadie”, cuenta una de las pocas vecinas que recuerda al cineasta.
Soñaba despierto
Lejos de entablar amistad con la gente de su cuadra, el realizador dedicaba horas a una de sus aficiones: ensoñar.
“Aunque gozaba de los placeres de la vida, en ciertas cosas era como un monje. Por ejemplo, no tenía colchón en la cama, por un problema en la espalda. Tenía una cama de tablas, como Viridiana, en la película. Decía que la gente miente al decir que los sueños son agradables, que a él le gustaba la ensoñación, divagar con deseos, reflexiones, imaginar a una mujer que deseaba, que amaba, o que estaba en algún lugar muy agradable”, explica De la Colina.
Todo un mexicano
Llegar a México fue casi un hecho fortuito en la vida del cineasta después de que perdiera toda oportunidad de trabajo y de ciudadanía en Estados Unidos, a raíz de que Salvador Dalí publicara injustamente que era marxista.
Buñuel planeaba viajar a París a filmar La casa de Bernarda Alba, en su viaje a Francia hizo una escala en el país y, estando aquí, se enteró que los derechos de la puesta habían sido vendidos a otro.
Esa estancia fue el inicio de una permanencia de alrededor de cuatro décadas en las que creó 32 cintas.
“A España volvió cuando se trató de hacer Viridiana, pero él ya había hecho su vida en México, aquí estaban sus hijos”, dijo De la Colina.
“No creo que pensara en dejar México, era un hombre de costumbres y se había hecho mucho a su vida mexicana”.
Preveía su fallecimiento
En 1983 la muerte encontró a Buñuel, pero no lo sorprendió pues incluso hasta se despidió de sus amigos.
“Él se preparaba mucho sobre esas cosas, un mes antes me llamó como lo hizo con Alberto Isaac, Arturo Ripstein, Emilio García Riera, y a cada uno nos tuvo un regalo. Me regaló los 20 tomos de la traducción del Capitán Burton de Las Mil y Una Noches.
“Me dijo: ‘Reciba usted esto, ya no voy a recibir a nadie, me voy a preparar a morir, no me llame, no voy a estar ya para nadie. Estoy muy viejo, me doy asco a mi mismo, lo que tengo que hacer es morirme’”.
–Salvador Dalí le hizo y regaló a Luis Buñuel un retrato en su juventud, pero el pintor no lo firmó.
–Tuvo dos perros que quiso mucho Tristana y León.
–Inventó el Buñueloni, un dry martini con unas gotas de angostura que debía ser atravesado por un rayo de sol o luna.
–Amaba a los animales y se enojaba al saber que alguien los maltrataba.
–Se enojaba si sus invitados no tomaban, aunque aseguraba que el placer era beber, no embriagarse.




