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Cárcel, tortura y amenazas al inicio del movimiento contra La Parota y ahora hostigamiento del Ejército

*En 2004 el vocero Marco Antonio Suástegui fue golpeado y obligado a caminar descalzo en el pavimento caliente. En este año, soldados allanaron la casa del ejidatario Julián Blanco, y le preguntaron por “las armas”

Maribel Gutiérrez

Los Huajes

(Sexta parte y última)

En los diez años de actividad,  los integrantes más destacados  del Consejo de Ejidos y Comunidades Opositoras a la Presa La Parota (Cecop) han sufrido represión, desde la detención y tortura al vocero Marco Antonio Suástegui en 2004 hasta el hostigamiento de efectivos militares al representante del ejido de Los Huajes, Julián Blanco Cisneros en este 2013.

Soldados en Los Huajes

El 21 de febrero de este año, unos 24 soldados llegaron a la casa de Julián Blanco en el centro del poblado de Los Huajes, en el área rural de Acapulco, que según el proyecto hidroeléctrico quedaría totalmente bajo el agua. Sin ninguna orden ni autorización entraron a la vivienda y caminaron por diversas habitaciones y por el patio, con las armas apuntando hacia todos lados, y algunos tomaban fotos.
Julián Blanco, ejidatario de 60 años, se presentó a encararlos, y uno de los militares le preguntó:  “Dónde están las armas cabrón”, y lo jaloneó del brazo.
Siguió el interrogatorio, los militares salieron y regresaron en la misma actitud agresiva; en total estuvieron una hora en la casa.
Julián Blanco, que es el más visible opositor a la presa en esta área de los ejidos de Los Huajes y Dos Arroyos les preguntaba: “¿qué buscan, qué quieren, por qué se meten a mi casa, y los militares no contestaban nada”.
Llegaron como a las 10:45 de la noche y se fueron cerca de las 12. La esposa, las hijas y las nietas de Julián estaban muy espantadas, no se acercaban a los soldados y permanecieron calladas y quietas.
Otra parte del grupo militar rodeó la casa por afuera, en las calles. Habían llegado en tres vehículos medianos y un carro grande pero los estacionaron a distancia y llegaron a la vivienda a pie; pertenecían al 56 Batallón de Acapulco.
Mientras estuvieron adentro hicieron a Julián Blanco otras preguntas, como su nombre, en qué trabaja, cuántas veces va a Acapulco, cómo está la carretera, cuáles son los terrenos de su propiedad.
El campesino les preguntó si traían alguna orden para entrar, no le contestaron, y él les dijo que los iba a denunciar ante los organismos de derechos humanos.
Presentó una queja en la Comisión Nacional de Derechos Humanos por esos hechos. En respuesta, desde el 26 de junio han regresado militares cinco veces a traer citatorios para que se presente a declarar en el campo militar de El Ticuí, municipio de Atoyac, porque el Ministerio Público militar abrió una averiguación previa para investigar la denuncia.
Para Julián Blanco las seis visitas de los militares a su casa son actos de hostigamiento, porque los militares son insistentes y hasta agresivos y tienen atemorizada a su familia.
Para él, tanto la primera visita en la que le preguntaron por las armas, como las siguientes para supuestamente investigar las violaciones a las garantías que cometieron los militares el 21 de febrero, son acciones de represión, debido a su participación en el movimiento contra la presa La Parota.
Además de participar en las manifestaciones durante los 10 años de vida del Cecop, y de manera muy destacada en el plantón que durante casi cuatro años sostuvieron en Dos Arroyos, de 2005 a 2009,  para impedir la entrada d la Comisión Federal de Electricidad (CFE) a la zona de la presa por el lado de los ejidos,  Julián Blanco ha participado en encuentros de afectados por las presas en ocho países, y aquí en Guerrero se ha interesado por las actividades de solidaridad con otros movimientos, como el de estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa o los maestros de la Coordinadora Estatal de Trabajadores de la Educación de Guerrero (CETEG). Con mucho orgullo Julián Blanco dice que han venido a su casa estudiantes de Ayotzinapa de todo el estado.
El hostigamiento tiene antecedentes, explica Julián Blanco. “Desde que estaba como gobernador Zeferino Torreblanca, han querido que dejara el movimiento, me pagaban, y yo hice la denuncia.
“Después quería venir a platicar la Comisión Federal de Electricidad conmigo, los que simpatizan con el proyecto decían que yo tenía embargada la casa, llegó a oídos de los de la Comisión, y me mandaron decir que no me preocupara, que las tierras de todos modos me las iban a pagar, y que me iban a pagar lo de la casa.
“Por es yo digo, eso que el gobierno se informa, sabe que yo he ido a varios países, he ido a El Salvador, Guatemala, Honduras, Colombia, Perú, Brasil, Nicaragua y a Costa Rica, representando al Cecop”.
Julián Blanco, nacido en este pueblo, dueño de 20 hectáreas y que sólo estudió hasta tercero de primaria, está orgulloso de representar al Cecop, y dice: “Ni mismo yo creo cómo llegué a esto.
“Yo primero como que quería la presa,  empezaron a decir que nos iba a ir bien, que iban a pagar bien las tierras. Pero vinieron los de Cacahuatepec y empezaron a hacer asambleas, y a llamar a que lucháramos, y a despertarnos, a rechazar el proyecto”.
Julián Blanco participó en el plantón en El Fraile, en los Bienes Comunales de Cacahuatepec, el 28 de julio de 2003, con el que comenzó el movimiento en contra de la presa.
“Yo dije, tengo mi tierra, tengo que saber todo de ese proyecto, ahí fuimos conociendo que puro engaño y pura mentira de la Comisión Federal, que iban a hacer casas, que íbamos a vivir en casas de materiales, si vivíamos cinco en la casa a cada uno le iban a hacer su casa, así que un montón de mentiras.
Fuimos despertando y fui poniendo atención, y fui agarrando conciencia.
“En 2003 vino el  ingeniero Zapata de la Comisión, nos llevaron a una reunión cerca de donde querían hacer la cortina de la presa, llevaron muchos refrescos, dijeron que con la presa iba haber mucho trabajo, que iba haber desarrollo, pero cuando miramos ya estaban los estudios, ya  estaba el túnel, ya había maquinaria, ya había oficinas donde iban a estar la ingenieros, ya había computadoras, y vimos que no era como decía la Comisión, porque habían hecho todo eso sin consultarnos. Y nos fuimos organizando, los ejidos Los Huajes, Dos Arroyos y La Palma. Yo me quise meter a Altos del Camarón, a poner películas sobre los problemas de las presas, pero me rechazaron”.
“Entonces quedaron en la lucha los tres ejidos, y la comunidad de Cacahuatepec.  Pr eso no se h hecho la expropiación de las tierras para que hagan la presa”.
–¿Qué lo hizo estar en contra?
–Si perdemos nuestras tierras, y si nos vamos a la ciudad ya no vamos a ser igual, vamos a perder las costumbres, las fiestas que se celebran cada año, los convivios, y nuestras raíces. Y no podemos más que trabajar en el campo, en la ciudad no sabemos qué hacer, por eso la presa no es de ningún beneficio para nosotros, dicen que va haber desarrollo, pero ya sabemos que ese desarrollo no es para nosotros, yo quiero seguir viviendo en el campo”.
“Participé con muchas ganas en el movimiento. Nunca fui nombrado nada, sólo la gente me reconoce porque no me perdía las reuniones del Cecop, voceaba para impugnar las asambleas en las que se aprobó la expropiación de las tierras, en 2005 nos enfrentamos con la policía en Dos Arroyos”.
–Ahora en 2013, ¿usted piensa que el Ejército le puede fabricarle  algún delito?
–Sí, así como llegaron los soldados, que me dijeron “dónde están las armas cabrón, y me jalonearon”, sí pienso eso. Creo que están bravos porque no hubo nada de presa, y yo soy clave aquí para la lucha contra La Parota.

Represión al inicio del movimiento

El vocero del Cecop Marco Antonio Suástegui fue de los primeros encarcelados, lo mismo que el comunero Francisco Hernández Valeriano,  acusados de secuestro y robo con motivo de los bloqueos que realizó el movimiento para impedir la entrada de la CFE a la zona de conflicto.
Fue arrestado el 26 de julio de 2004, y el vocero habla de los tratos crueles y la tortura a que fue sometido.  “Venía de Las Parotas, fui a dejar flores mi mamá que había muerto, en una camioneta, y en la vereda de Amatillo había un grupo de judiciales esperando, me pararon y me bajaron, me agarran, me meten la pistola, me golpean, una de mis hermanas Guillermina venía conmigo, la golpearon estaba embarazada estuvo a punto de perder a su bebé, me llevaron detenido.
“En la carretera me golpearon, me quitaron los huaraches y descalzo me hicieron caminar por el pavimento caliente, a la una o 2 de la tarde y me pusieron a cargar tambos de basura caminando, tenía los pies quemados como Chauhtémoc.
“Había una orden, que dieron a los judiciales, me aplicaron tortura psicológica, maltrato, me decían que me iba a llevar la  chingada. Y ya estando adentro de la cárcel me mandaron un preso a apuñalarme, en un cinturón llevaba el puñal,  yo me tuve que defender.
“Par mi fue muy duro porque estaba  reciente la muerte de mi mamá y vi cómo golpearon a mi hermana y a mí me iban golpeando, me metieron debajo de un carro, y me decían que me iban a desaparecer, que me  iban a matar.
“Llegué al reclusorio, las celdas son para  dos o tres personas, conmigo éramos  11 en una celda, yo dormía en cuclillas en una esquina, me metieron con los asesinos maleantes, en el edificio h, caí el 26 de julio de 2004 y don Chico el 28 pero nos mantuvieron separados.
“En una ocasión, dentro de la cárcel me escupieron la comida, y me dijeron trágatela, era lo peor el trato que me dieron.
“Pero afuera la gente del Cecop hacía marchas en Las Cruces para pedir mi libertad y la de don Chico,  y estaban afuera en plantón en el reclusorio. Los presos nos conocieron porque por las marchas salíamos en la televisión. Eso fue lo que nos ayudó. Fueron nueve días pero como si fueran nueve años”.
Suástegui y Francisco Herández salieron de la cárcel pero estuvieron más de cuatro años firmando en el reclusorio cada semana.
Desde entonces el vocero no ha estado libre de acusaciones y ha sido sometido a cuatro procesos penales.
“Después me acusaron de andar con un grupo de encapuchados y de allanaiento de morada, es la que estoy purgando ahora, y teníamos ataques a las vías de comunicación.
“Una señora de Agua Caliente que está a favor de la presa y que es amiga de Evencio Romero (diputado, promotor de la presa) y de los priistas me acusó  de que llegué a su casa encapuchado con camionetas Lobo y cuernos de chivo, que le disparé. Ya presenté testigos y pruebas, pero fui detenido nuevamente, me quisieron llevar al reclusorio pero ya tenía amparo.
“Desde que estoy en el movimiento no he estado libre de cargos. Todos los viernes tengo que ir a firmar”.

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