Guerreras de Plata: seis años de lucha de las esposas de los mineros de Taxco en huelga
*A pocas semanas del paro de labores, del que nadie sabía que se prolongaría por tantos años, un día nació entre las mujeres y compañeras de los trabajadores la idea de crear una segunda fuerza de apoyo para alentarlos y animarlos a no abandonar sus ideales
Claudio Viveros Hernández
Taxco
En la emblemática lucha protagonizada por los mineros de Taxco en huelga, este día se cumplen seis años de resistencia y coraje ante los embates de los tristemente célebres gobiernos panistas ya idos –federal y municipal– y la empresa Grupo México, quienes estuvieron coludidos en un capricho de poder y cerrazón, sin que a la fecha haya justicia a sus demandas laborales y salariales.
Como otros personajes de la lucha social en el mundo, aquel 30 de julio de 2007 se abrió uno de los capítulos más impactantes en este antiguo real de minas, donde la plata salió al mundo, floreció la riqueza para unos cuantos y la miseria y humillaciones para quienes se internaban en los socavones y túneles. Con los años y siglos, el panorama no cambió y eso generó una conciencia social entre los mineros, que no han sido la excepción de combate.
Durante estos seis años, al lado de los trabajadores, el papel de las mujeres ha sido una de las claves de resistencia, de fortaleza a pesar de las carencias, siempre dispuestas a dar su aliento, retroalimentar de energía necesaria para seguir en el camino para estimularlos en ejercer sus derechos por mejores condiciones de trabajo y calidad de vida para sus familias.
A pocas semanas de la huelga, de la que nadie sabía que se prolongaría por tantos años, un día nació entre las mujeres y compañeras de los mineros, la idea de crear una segunda fuerza de apoyo para alentarlos, de animarlos a no abandonar sus ideales. Primero fue un pequeño grupo, algunas, tal vez muchas no se conocían, y esa red creció con un equipo que pronto haría su aparición como las Guerreras de Plata. Desde entonces han estado al lado de los mineros, en las marchas, en las reuniones, en las movilizaciones, en un trabajo altamente elogiado por otros movimientos.
Esta es otra leyenda viva que testimonia la participación de la mujer guerrerense en las luchas sociales. Dos de ellas, entusiastas, accedieron a hablar con El Sur, abiertas, sin temores ni tapujos.
Alicia Labra Pereyra, quien con la huelga, aparte de los quehaceres de su casa tuvo que dedicarse a vender productos de catálogo y en lo que se pudiera, asume con firmeza la convicción de estar inmersa en el movimiento para apoyar la huelga y las demandas que enarbolan: “Estamos al lado de ellos, no atrás. Estamos a un lado, porque sabemos que la lucha es por el bien de nuestra familia y podemos decir también que por todos los taxqueños”.
“La misma necesidad –añadió– nos hizo sumarnos a la lucha, para que el gobierno y la empresa se den cuenta que ellos, los mineros, no están solos y cuentan con nosotras. Si estamos a un lado es porque sabemos y nos damos cuenta que esta lucha no va a ser en vano, se está luchando por una mejor calidad de vida y es para el bien de todos, no de una sola persona”.
Detalló que la agrupación las Guerreras de Plata que ellas mismas integraron, nació espontánea, porque se juntaban, estaban en las marchas a la ciudad de México, iban a Atenco, a Chilpancingo, estaban en las que se hacían en Taxco, y visitaban a las esposas para que se unieran, con el fin de que ellos no decayeran, no se derrumbaran, y supieran que estaban a su lado para luchar, aunque tuvieran niños chiquitos o grandes, y fue así que se unieron muchas, la mayoría.
“El nombre de guerreras tiene que ver con la lucha de las mujeres y con Guerrero, y de plata porque de aquí sale la plata, por eso le pusimos así. Créeme que el estar vestidas como Guerreras de Plata, con overol y el casco de minero, se siente muy bonito; la empresa hubiera reconocido la labor de los trabajadores, de que se están llevando nuestra plata, y aquí solamente nos dejan una migaja, por eso somos guerreras; sentimos bonito porque estamos luchando por algo digno y nos pertenece, por el bienestar y el ponernos el overol significa para nosotras que nuestros esposos están presentes y estamos con ellos, no entramos a la mina, pero estamos con ellos”, explica serena la señora Alicia, cuya familia está conformada por su esposo y tres hijos.
Primeros días de huelga
Todavía evoca lo que pasó hace seis años cuando ondearon las banderas rojinegras: “A partir de ese momento, los primeros días de huelga fueron un golpe para nosotras, pero empezamos a poner los pies sobre la tierra para enfrentar la realidad. A mí me tocó el momento en que dos de mis hijos ya estaban por salir, de terminar sus estudios en la universidad, y eso fue muy duro económicamente, porque no era lo mismo que estuvieran pequeños, que ahora siendo grandes, y fue muy fuerte lidiar con una situación así en la familia, con muchas necesidades y sin los recursos necesarios”.
Expresó que gracias a los apoyos que han recibido de mineros de otras secciones del país, y de muchas organizaciones nacionales e internacionales, han contado con los alicientes para llevar alimento a sus familias y seguir en pie de lucha.
“Es necesario apoyar al esposo porque esto es para bien, para que ellos tengan un mejor salario y garantías de trabajo, que la empresa Grupo México se dé cuenta en qué condiciones están laborando, porque es peligroso; mi esposo –un operador de maquinaria en el interior de las minas– me comentaba de los riesgos que siempre existen y no sabemos qué vaya a pasar”.
Uno de esos peligros, dijo, era el de la calesa (un elevador en dos secciones, con una capacidad de entre 40 a 50 mineros para bajar a los diferentes niveles en la profundidad de las minas), que “a pocos días de haber estallado la huelga se cayó”, y agregó que en donde tenían sus comedores, un lugar sucio e inapropiado para tomar sus alimentos, también se vino abajo, porque “desafortunadamente, a la empresa le interesaban más sus beneficios que los trabajadores”.
De los accidentes que se registraban, señaló que “estos eran cosa de que si se accidentaba un minero, ponían a otro sin importarles las causas de esos percances, por eso es que ellos se vieron orillados a luchar por un trabajo digno y conservar sus garantías y derechos”, que mineros de generaciones que les antecedieron, les dejaron un legado con su trabajo.
“Esas garantías –asegura– ya estaban ganadas y no entendemos porqué les quieran quitar y negarse a los derechos que merecen; lo único que se ha pedido es una revisión del contrato colectivo de trabajo de acuerdo con los tiempos y la economía en que estamos, el salario es muy bajo, eso es lo que se pelea y se lucha”.
Del otro lado, de la cerrazón y la ceguera a la lucha social, considera que “mucha gente no ha valorado lo que hacemos, no lo ven así, pero deben entender que todos los logros se han hecho a base de lucha; hemos visto cómo tenemos esa necesidad y nos alienta a seguir luchando, hay compañeras que trabajan y hasta los hijos tienen que hacer lo mismo para sobrevivir, no hay de otra”.
Al cumplirse este día otro aniversario, advirtió que “si el gobierno no le pone un hasta aquí a la empresa para abrirse y dialogar, va a padecer más la población. Por eso yo le pido al gobierno que abra los ojos, que voltee a vernos y ya haya una solución y empleo en Taxco. Si aquí hay bastante mineral, es tiempo que se abran las minas para que haya trabajo”.
Asimismo, hizo un llamado a la empresa Grupo México a reflexionar y “ser más humanos, porque son personas con las que están tratando, no piensen en sus riquezas sino en la gente, en los trabajadores; si ellos dialogan y se abren las minas, habrá trabajo y mejorará la economía; sabemos que no vamos a crecer al parejo con una empresa, pero tenemos derechos, lo que se pide es atender que haya mejores condiciones de seguridad e higiene y un mejor salario”.
En la lucha, juntos y de la mano
Otra de las mujeres entrevistadas fue la señora Rosa Martínez Damián, madre de una hija adolescente, quien recuerda que “en el momento que mi esposo me comunicó que iban a irse a huelga, me dijo ‘yo voy a querer que me apoyes’. Me quedó claro porque hay muchas esposas que nos molestamos y en lugar de apoyar, contestamos que no, pero yo le dije que sí, que contaba con mi apoyo. De una manera o de otra íbamos a ayudarlos y, ahora, a seis años los seguimos apoyando, ni atrás ni adelante, sino a un lado, junto los dos y de la mano”.
Para ella, ser compañera de un minero es un orgullo, porque sostiene que ha luchado mucho y sigue, no ha decaído, a pesar de los momentos en que tienen altas y bajas. “Nos levantamos en una lucha donde la empresa ha sido egoísta y no quieren ceder, cuando podrían ser favorecidos y continuar con una fuente de empleo para las familias de Taxco”, dijo.
Explicó que por pláticas con su esposo, de oficio electricista, éste le comentaba de los riesgos que hay tanto en el interior como en la superficie de las minas, al ver mucha inseguridad; lo que vivió en una ocasión en que tuvo un accidente cuando iba en el trenecito, con un uniforme nuevo que quedó destruido, y le dijo “por poquito ya no llego”, después de que chocó y se cayó; y también en una segunda ocasión cuando tuvo otro accidente y resultó afectado de la vista.
Eso de salir al trabajo y, por los peligros latentes, de no saber si regresarían con vida, comenta como si todavía estuviera en plena actividad: “Cuando salen nos quedamos con preocupación, no sabemos si van a regresar. Eso nos mortifica, por eso es que se está luchando, para que hay una mejor seguridad en el trabajo, con un salario justo para nuestra familia, donde en varios casos las familias son más grandes, con más hijos y más necesidades”.
Sin asomo de perturbación alguna, se jacta con sinceridad ante el reportero: “Yo provengo de una familia en que mi abuelo fue minero, trabajó aquí en Taxco, cuando se trabajaba a pico y pala, era más trabajo; mi padre también fue minero y desde ahí viene toda esa tradición y emoción de ser parte de la familia de un minero”.
Con seis años hoy cumplidos de la huelga, tiene presente que “antes sí había huelgas, pero de menos duración y ahora la gente nos dice que ya fue mucho. No sabemos hasta cuándo, pero espero que ya termine esto y haya una solución, porque la crisis está muy dura. Yo añoro cuando me levantaba temprano y le preparaba sus tacos para irse a trabajar”.
Lo valioso con las Guerreras de Plata fue haber logrado crear toda una familia, con mucha amistad que se fortaleció para mantenerse unidas. “Yo recuerdo cuando andábamos invitando a las señoras, invitando a sus hijos, porque antes los dejábamos para irnos a las marchas. Ahora nos relacionamos y nos conocemos más”.
Una pelea justa
En su mensaje a las mujeres, ambas entrevistadas extendieron la invitación a todas las mujeres y la sociedad a sumarse, a ser parte de una lucha que no sólo es de los mineros, sino de Taxco, “que ya no se quejen de la economía, lo que queremos es que nos acompañen, como la marcha que haremos para conmemorar los seis años de huelga, porque la unión hace la fuerza”.
Una última lección y testimonio es lo que conjuntan: “Yo estuve con las mujeres de Atenco y si nos unimos, esto va a ir para adelante; si nos mantenemos de pie, el gobierno y la empresa lo van a pensar; las mujeres debemos luchar y dejar como enseñanza a nuestros hijos la defensa de sus derechos. Esta es una pelea justa”.




