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Captura Sebastiao Salgao en su nuevo proyecto la génesis primigenia del planeta

Carlos Rubio-Rosell / Agencia Reforma

Madrid

Génesis, el nuevo proyecto fotográfico del brasileño Sebastiao Salgado, es un alucinante retrato de la Tierra.
Se trata de un conjunto de imágenes captadas a lo largo de distintos viajes por lo más apartado del planeta: la Antártida, las Galápagos, Indonesia, Madagascar, Papúa y Nueva Guinea, África, el Ártico, la Amazonia y el Pantanal.
Fueron ocho años en los que el fotógrafo recorrió largas distancias a través de terrenos escabrosos en los más diversos medios de transporte: barcos, aviones, globos o recuas de mulas.
El resultado es un encuentro con lo más remoto de la Tierra vivo, aquí y ahora; lo más primitivo que se puede ver y encontrar en este mismo momento: naturaleza y algunos seres humanos.
Salgado llamó Génesis (Taschen, 2013) a este proyecto justamente porque quiso atrasar el reloj hasta las erupciones volcánicas y los sismos que dieron forma a la Tierra; hasta el aire, el agua y el fuego que dieron origen a la vida. Y la naturaleza que presenta es espectacular.
Sus composiciones, sus instantáneas, sus paisajes, las geometrías que capta, deslumbran.
Es un trabajo artístico por encima de todo, aunque el fotógrafo reivindique la defensa de la Tierra y haga suya la causa ecologista, motor e inspiración de este proyecto fuera de toda duda, pero que se ve superado por la fuerza de las obras que aporta el artista, que están por encima de su creador porque no mira como un científico, un antropólogo o un periodista.
Salgado (Aimorés, 1944) hace naturalismo, etnografía, pero trasciende esos discursos y se sitúa a medio camino entre el gran reportaje y la exposición fotográfica.
Mas, el fotógrafo se decanta en primer lugar por el libro, que es el formato que eligió para presentar Génesis, y el cine, ya que el realizador alemán Win Wenders ha trabajado en un filme sobre esta epopeya.
Los temas de esta “investigación”, llamada así por el fotógrafo, abarcan paisajes, animales y gente que a menudo se solapan.
Por esa razón, al diseñar este libro optó por estructurarlo en cinco amplios capítulos: Los confines del Sur, Santuarios, África, Las tierras del Norte y La Amazonia y el pantanal, donde cada uno representa una extensa región que también puede comprender varios grandes ecosistemas, ofreciendo así un mosaico presentado por la propia naturaleza.
“Esto es lo que celebra Génesis”, resume el fotógrafo.
Las imágenes van de lo insólito a lo fantástico, todo en el terreno de la realidad más absoluta.
De la naturaleza ensimismada en sus propia esencia, en la piedra y hielo, de río, montaña y llanura, de animales salvajes en el centro de ese mundo donde impera un orden que sólo atiende al caos cósmico de nubes y cielos.
Una naturaleza captada en el instante en que duerme como un lobo marino echado en la playa, o en movimiento, como esos pingüinos que saltan al océano congelado de los mares del sur, o misteriosos, como esas decenas de ojos de cocodrilos que resplandecen asomados al ras del agua en la noche amazónica.
“En Génesis, perseguí un romántico sueño y encontré, y compartí, un mundo intacto que con demasiada frecuencia queda más allá de nuestra vista y fuera de nuestro alcance”, admite Salgado.
Además, se apartó esta vez de una mirada sobre la humanidad, como hizo en sus series Trabajadores y Éxodos, y va más allá, a la propia naturaleza que lo contiene todo, que con las pistas que nos da en su inmutable presencia nos transporta a un mundo que no ha cambiado en milenios.
Y, no obstante, no olvida al ser humano, los retratos que hizo en Génesis de personajes como los himba de Kolkuei (Namibia) o los actores de las tierras altas de Papúa Nueva Guinea que se disfrazan para los festivales “sinsing” o los hombres huli con sus pelucas decorativas, dan fiel testimonio de que somos parte indiscernible de esa naturaleza que permanece anclada a un tiempo superior que rige el universo.
“Las islas apartadas ofrecen las condiciones ideales para el desarrollo y la supervivencia de la flora y la fauna endémicas. En consecuencia, especies de animales y plantas únicas suelen concentrarse en reducidas zonas geográficas. Su principal amenaza es la invasión de los asentamientos humanos”, advierte Salgado.
Además, reconoce que mientras algunas tribus antiguas viven “dentro” de la naturaleza de forma muy parecida a la de sus antepasados, esta armonía también suele ser perturbada por el hombre moderno.
“Así, lo que un día fueron refugios seguros, ancestrales estilos de vida, animales poco comunes y plantas únicas, hoy están ineludiblemente amenazados de extinción”, subraya.

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