Víctor Cardona Galindo
PÁGINAS DE ATOYAC
El Plan del Veladero
(Quinta parte)
Amadeo Sebastián y su hermano Baldomero Vidales Mederos participaron decididamente en el movimiento agrarista-obregonista. Fue muy destacada su participación en el combate de Petatlán. Después de expulsar a los delahuertistas de Atoyac, los Vidales se dirigieron al puerto de Acapulco, mientras El Cirgüelo y Neri estaban en la ciudad de México solicitando recursos y municiones al general Álvaro Obregón para seguir la campaña contra los subversivos.
Rosalío Radilla, después de regresar de Chilpancingo, se quedó unos días en Acapulco. Cuando supo que Amadeo Vidales y su gente costeña se acercaba para tomar la ciudad, el ex presidente de Atoyac se puso de acuerdo con los españoles para defender el puerto. “Lo que en realidad se pretendía era proteger los intereses de los españoles, ya que estaban asustados por las agitaciones que se levantaban en su contra”, dice Ramón Sierra.
En Acapulco ya se encontraban también los delahuertistas de Tecpan encabezados por Ramón Solís, quienes estaban sumados a las fuerzas irregulares que encabezaba Amador Estrada y apoyaban las pretensiones de Rosalío Radilla.
Pero al debilitarse la resistencia, Radilla Salas huyó en un barco rumbo a San Francisco California cuando los hermanos Amadeo y Baldomero Vidales caminaban con sus tropas por Pie de la Cuesta y en cualquier instante entrarían al puerto. Fue en ese momento cuando el cónsul norteamericano Harry K. Pangburn llegó en un hidroplano a la laguna de Coyuca y al reunirse con el general Amadeo Vidales le pidió garantías para los comerciantes españoles que se sentían amenazados por la llegada de las tropas agraristas. Se corría el rumor que los campesinos costeños pasarían a cuchillo a los hispanos y sus familias para vengar la muerte de los hermanos Escudero. Vidales dio todas las garantías al cónsul que eso no pasaría y que respetarían sus bienes. Sin embargo, los comerciantes españoles no se sentían seguros y buscaron otra solución. Vieron que en la bahía fondeaba un barco de guerra norteamericano. “Los españoles aterrorizados, acudieron al cónsul de los Estados Unidos, Harry M. Pangburn, para solicitarle ayuda; éste entrometido extranjero convenció al jefe militar de la plaza, Amador Estrada, y prontamente pidió protección a M. Nelson del crucero citado (Cincinnati), autorizándolo que desembarcara su tropa”, dice Alejandro Martínez Carbajal en su libro Historia de Acapulco.
Fue así como se dio una invasión norteamericana más a nuestro país, al desembarcar parte de la tropa del Cincinnati el 13 de marzo de 1924. El comandante del navío, capitán Nelson, y algunos infantes de marina se instalaron en el edificio que ocupaba el consulado de su país. “En las lanchas propiedad de los iberos fueron embarcados la mayoría de sus bienes y se fueron a colocar alrededor del barco de Guerra”, agrega Martínez.
Al día siguiente entró el general Vidales al puerto y al darse cuenta de la presencia de los soldados extranjeros exigió su retirada inmediata, de lo contrario quemaría hasta el último cartucho que le quedaba en defensa de la patria. Pero mientras se llevaban a cabo los arreglos diplomáticos, Vidales siguió su campaña militar en contra de los sublevados.
Se sabía que una fuerza venía por la Costa Chica preparada para atacar el puerto, por eso el 15 de marzo salió Amadeo Vidales a San Marcos para contener el avance de los rebeldes. Regresó el 16 a la ciudad de Acapulco, cuando los marinos americanos regresaban a su barco. Al día siguiente, el 17 de marzo de 1924, se rindió Rómulo Figueroa ante el general Roberto Cruz y luego lo harían los demás militares delahuertistas que andaban merodeando el estado de Guerrero.
Más tarde el gobernador del estado, Rodolfo Neri certificó que Amadeo Vidales y su hermano Baldomero, en unión con los miembros de la Mesa Directiva de la Liga de Campesinos de Atoyac de Álvarez fueron de los principales iniciadores y jefes del movimiento armado en la Costa Grande, con el objeto de batir a la revolución delahuertista. Que en el combate de Petatlán el 23 de enero y el 7 de febrero en? Coyuca estuvieron a la altura de su deber. Incluso les da todo el crédito en su libro La rebelión delahuertista en el estado de Guerrero.
Después de pacificada la región, el 16 de abril de 1924 fueron licenciadas en Acapulco las tropas que comandaba Amadeo Vidales y su hermano Baldomero. Al comenzar la construcción de la carretera México-Acapulco, el gobierno federal los comisionó para que con sus soldados ayudaran en las obras de esta importante vía.
Alejandro Martínez Carbajal en su libro Historia de Acapulco escribe: “Durante los años de 1924 a 1925 los obreros, ahora vidalistas, prestaron sus servicios desinteresadamente. Amadeo fue designado jefe del tramo de Guerrero y al mismo tiempo sería el que vigilara los trabajos y pagara los haberes a la gente que estaba bajo su cuidado… Por órdenes del presidente de la República Álvaro Obregón, los elementos del 195 Regimiento de Caballería comandado por el General Amadeo S. Vidales fue destacado en el camino carretero Chilpancingo-Acapulco para proceder a su recompostura. El 14 de octubre de 1924 la fuerza mencionada se encontraba en Dos Caminos dedicada a la labor encomendada”.
Para cumplir con la tarea confiada por Álvaro Obregón, los hermanos Vidales y los revolucionarios agraristas montaron su cuartel general en la población de Xaltianguis. En ese tramo, entre el río Papagayo y el puerto de Acapulco, los campesinos que siguieron a los Vidales tuvieron trabajo como peones y oficiales de obra.
“La participación de Amadeo y Baldomero Vidales en esa obra gigante no se debió a la casualidad, porque no fueron hombres improvisados, sino que maduraron a través de los golpes recibidos, enriqueciéndose con sabias experiencias, para traducirse en guardianes celosos de los destinos de su estado”, dice Martínez Carbajal.
Pero la inquietud de Amadeo Vidales era continuar con la labor de Juan R. Escudero, por eso el 21 de junio de 1925 fundó la Compañía Unión de Ambas Costas del Estado de Guerrero, Sociedad Cooperativa Agrícola de Responsabilidad Limitada, que funcionó un tiempo en La Sabana, en beneficio de los campesinos. Tenía como objetivo el cultivo de semillas y frutas propias de la región.
Pero los poderosos no los dejaban en paz. Varias veces fueron balaceadas las instalaciones de la colonia agrícola y diversos líderes fueron asesinados por las guardias blancas pagadas por los españoles, con el fin de que los campesinos se fueran del lugar. Es por eso que durante el año de 1926, la lucha contra los españoles se recrudeció y los campesinos decidieron volver a las armas para destruir al grupo de las guardias blancas de los españoles que asolaban, devastaban, asesinaban, robaban, saqueaban, violaban e incendiaban pueblos enteros.
En este contexto, al ver que las cosas continuaban igual y que seguían hostigados permanentemente por los españoles de Acapulco, Amadeo y Baldomero Vidales formaron el Movimiento Libertario de Regeneración de la Economía Mexicana, cuyo programa social fue el Plan del Veladero, proclamado el 6 de mayo de 1926, con el que se inició un nuevo periodo de lucha cuyo principal escenario fue el municipio de Atoyac.
El Plan del Veladero desconoció la cláusula décimo tercera del Plan de Iguala de 1821, y pidió la expulsión de los españoles y la confiscación de sus bienes. Firmaban dicho documento: el general Amadeo Vidales, jefe del Movimiento Libertario; Baldomero Vidales, jefe de las Fuerzas Libertadoras; Roberto D. Fernández, jefe de Propaganda en el centro de la República; coronel Feliciano Radilla Ruiz, jefe de Propaganda en ambas costa de Guerrero; mayor Manuel Esteves, secretario; el general brigadier Pablo Cabañas Macedo, general Lucio Martínez, Miguel Luna, Florencio Guatemala, coronel Pedro M. Cabañas, teniente coronel Pedro Medina; mayores Eligio Gutiérrez, Florentino S. Ramírez, Juan Vázquez, Marcos Martínez, Baltasar Martínez, Hilario Camargo y Jesús R. Zamora; capitanes primero Loreto G. Gutiérrez, Jesús Tenorio, Cándido Abarca, Epifanio Terrazas, Aurelio Martínez y Concepción F. Ramírez; capitán segundo Heredia; tenientes Abraham Alcaraz, Cirilo G. Palacios y Palemón Gómez; subtenientes Guadalupe Tenorio y Ascensión Benítez. Y ubicaban como cuartel general del movimiento la localidad El Veladero, Distrito de Tabares, municipio de Acapulco, Guerrero, a los 6 días del mes de mayo de 1926.
La claúsula número 13 del Plan de Iguala expresaba: “Serán respetadas las vidas y propiedades de los ciudadanos de ésta monarquía” y el Plan del Veladero pedía la expulsión general de los españoles y la nacionalización de los bienes que manejaban. Tenía como única mira destruir para siempre el poder de los hispanos, principalmente de los explotadores de Acapulco.
Una vez proclamado el Plan del Veladero, el 7 de mayo de 1926 las fuerzas de los hermanos Amadeo y Baldomero Vidales atacaron sorpresivamente el puerto de Acapulco, por el rumbo de la fábrica de jabón La Especial, a la que asaltaron y le quemaron sus bodegas. Esa industria era propiedad de Sergio y Obdulio Fernández. Ese día por poco capturan a Sergio Fernández, gerente de la fábrica, se salvó de milagro.
Queda claro que los rebeldes vidalistas se levantaron principalmente en contra de la colonia española del puerto de Acapulco que acaparaba el comercio de ambas costas; los gritos de guerra, como en 1810, volvieron a ser: “abajo los españoles” y “mueran los gachupines”.
En esas fechas la guarnición militar del puerto estaba al mando del general José Amarillas, quien ordenó a Silvestre Castro saliera a enfrentar a los asaltantes y se dio un combate que duró seis horas, donde El Cirgüelo salió herido de una pierna. Carlos Ernesto Adame en su Crónica de Acapulco, relata: “La sorpresa del ataque tomó desprevenidos a los federales al mando del coronel Lara, a la policía que manejaba Juan Santiago y al mismo general Silvestre Castro, que estaba comisionado en esta plaza… A la media noche las fuerzas del gobierno se enfrentaron a los Vidales, que lograron llegar hasta donde estaba el llamado Puente Alto, ahora calle Humboldt y Aquiles Serdán, donde fue herido el general Castro”.
Derrotados en su intento de tomar el puerto, los rebeldes se fortificaron en el cerro de La Cruz y luego se fueron hacia La Sabana hasta donde los alcanzó el coronel Ramírez Lara, dándose un fuerte combate en el que Amadeo fue alcanzado por una bala en la pierna.
El general Amadeo Vidales y su ejército de pronunciados fueron perseguidos por las fuerzas federales hasta la Costa Grande y al verse acosados se refugiaron en la sierra de Atoyac. Fue así como Amadeo Vidales llegó a Los Valles, donde tenía muchos amigos, como Toribio Gómez Pino que lo habían acompañado en los combates de Petatlán, Coyuca y Atoyac.
Toribio Gómez fue parte del estado mayor del general Amadeo Vidales Mederos, con él muchos agraristas se sumaron a la lucha, pues el Plan del Veladero pedía que se repartieran las tierras. Este movimiento fue conocido como La Pronuncia, así le llamaban los campesinos. Cuando veían venir la tropa decían, “ahí viene La Pronuncia”. Y los revolucionarios eran “los pronunciados”.
Para los habitantes de Los Valles, con la llegada de Amadeo, las cosas se pusieron muy complicadas.
Rosa Santiago Galindo había nacido el 30 de agosto de 1923 al norte de la comunidad, es hija de Fortino Galindo Gómez y de Bernabé Santiago García, tenía tres años cuando inició La Pronuncia. A su padre lo persiguió el gobierno porque era guerrillero de Vidales. En ese momento el que caía en manos de los federales era fusilado sin miramientos. Por eso en 1926 Fortino trajo a sus cuatro pequeños a la cabecera municipal para protegerlos y él se remontó a la sierra con sus hijos mayores: Apolinar, Lorenzo y Agustín. Los Galindo para protegerse se remontaron hasta Otatlán, un poblado del Filo Mayor.
El gobierno federal presidido por Plutarco Elías Calles mandó al ministro de Guerra y Marina, Joaquín Amaro al estado de Guerrero para que sofocara el brote subversivo. El legendario general llegó al puerto de Acapulco el 14 de mayo, de donde ordenó al general Adrián Castrejón que fuera en persecución de los rebeldes hasta Atoyac. Castrejón se internó en la sierra con elementos del 80 batallón, subió por Tepetixtla en compañía de la coronela Amelia Robles. Hizo un recorrido por los pueblos de San Francisco del Tibor, San Vicente de Jesús y de Benítez, Río Santiago, Llanos de Santiago, San Andrés y el Rincón de Las Parotas. No encontró a La Pronuncia.




