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Dos días a la semana dedicarán las policías ciudadanas de Xaltianguis a vigilar el pueblo

*El deseo de tener una comunidad mejor, así como la pérdida de un familiar a manos de la delincuencia organizada, es la motivación de las mujeres para incorporarse a esa organización

Mariana Labastida

Dos días a la semana, dos horas cada uno, será el tiempo en que las mujeres de la Policía Ciudadana de Xaltianguis se dediquen a patrullar la comunidad, a una semana de haber rendido protesta, que las uniformaran y les dieran armas.
A partir de hoy se encargarán de la vigilancia afuera de la Secundaria y del Bachillerato.
Ana Gabriela, Lorena, Silvia, Adali y Maricarmen son amas de casa que tienen en común el deseo de tener un pueblo mejor para sus hijos, por ello decidieron incorporarse a la Policía Ciudadana de Xaltianguis, perteneciente al Sistema de Seguridad Ciudadana que trabaja con la Unión de Pueblos y Organizaciones del Estado de Guerrero (UPOEG).
Los domingos son de familia y no es diferente para las mujeres que, a una semana de haber rendido protesta como policías ciudadanas, se encargan de las labores de su hogar, de sus hijos y darse tiempo para acudir a las reuniones en la comandancia para organizarse en el trabajo que harán.
En reuniones anteriores, las policías acordaron que los nueve grupos, de 12 integrantes cada uno, harían rondines y vigilancia cada tercer día, por lo que dos días a la semana prestarán servicio a la comunidad, dos horas por día, de 2 a 4 de la tarde.
Lorena Cruz Giles tiene 46 años, es ama de casa y tiene ocho hijos y en la organización de la Policía Ciudadana también está una de sus hijas, Diana Macedo Cruz, y ambas coincidieron en que decidieron unirse porque vieron que con el resguardo de los propios pobladores la violencia disminuyó, “el gobierno aquí venía por pocas horas al día y nos dejaba”.
Su esposo Plácido es policía ciudadano así que esa fue otra motivación, al ver que la “insuficiencia y decidimos ayudarlos, a las mujeres nos toca defender también”, y sobre todo porque comenzó a pasar poco tiempo en casa con su hijos.
“Este trabajo no nos corresponde a nosotros sino al gobierno pero no atiende el asunto, tiene todo el quipo y preparación pero no hace nada, yo veo en las noticias de que se preparan y me pregunto para qué si no vienen a cuidar al pueblo”, reprochó Lorena, quien recordó que antes de la presencia de la Policía Ciudadana en su comunidad había abusos, secuestros y levantones, “la gente caminaba con la cabeza agachada para no ver a quienes pasaban por las calles”.
Diana, la hija de Lorena, tiene 20 años y decidió también unirse al trabajo de las mujeres de su comunidad para resguardar y vigilar, aunque solamente estará un mes allí debido a que no hay una escuela superior y se irá a Guanajuato a estudiar administración de empresas, además de que allá trabaja como cajera.
Madre e hija disfrutaban de un domingo familiar después de poner en orden la casa; Lorena y sus ocho hijos jugaban lotería en el corredor de la vivienda que se encuentra en un andador sin pavimentar y también está su esposo, quien se dedica al campo y su horario de policía ciudadano era más tarde.
La inseguridad fue el motivo de Ana Gabriela Villalvaso Llamas, de 28 años, para convertirse en policía ciudadana y también su esposo pertenece a esa organización; ella tiene miedo de traer un arma, no sabe agarrarla ni disparar, “apenas nos van a capacitar”, pero le tiene más miedo a que le pase algo a sus dos hijos de  3 y 9 años “que ahora pueden salir a la calle a correr y jugar, a diferencia de años anteriores” y es que cerca de su casa mataron un joven.
“Todavía nos estamos organizando”, responde al preguntarle si ya salió a patrullar, y es que no todas las 108 mujeres que rindieron protesta han logrado coordinarse debido a la los problemas con la red de telefonía en el pueblo consecuencia de las lluvias.
Pero Ana Gabriela ya sabe que su grupo, el de Barrio Nuevo junto con el de Lagunillas, colonia donde vive, el martes tiene que estar 15 minutos antes de las 2 de la tarde en la comandancia para resguardar la salida de los estudiantes de secundaria y bachillerato, como lo acordaron las comandantas de los nueve grupos integrados actualmente.
“Nosotros ya estábamos desde que Miguel Jiménez Blanco, comandante de Xaltianguis, se incorporó, ni modo que no supieran que nosotros somos su familia, por eso decidimos participar ahora y demostrar que estamos de acuerdo y apoyarlos, tenemos derecho de participar y todos queremos que mejore el pueblo”, indicó Silvia Hipólito García, la comandante del grupo de la colonia Lagunillas, quien organiza su día entre las labores de su casa, atender a sus dos hijas y las obligaciones adquiridas como líder.
Explicó que sólo a la comandante de cada grupo le dan un arma cuando salen de recorrido, “las demás salen con ganas y valor”, ya que saben que no hay suficientes armas para que todas porten, pero sobre todo lo que quieren es dar el ejemplo para que quienes no sean policías tengan el valor para denunciar cuando vean actos delictivos.
Maricarmen Adame Chávez es de las policías más jóvenes, tiene 17 años y aunque su madre no le gustó la idea de que se incorporara al SSC decidió apoyar a su esposo y defender al pueblo. Su familia fue víctima de la violencia pues los integrantes de la delincuencia organizada mataron a uno de sus parientes; “también fue el odio hacia las personas que andan haciendo males”.
Sabe que es un riesgo, además de tener que cuidar a su hijo de un año 4 meses, sin embargo no tiene miedo, está aprendiendo a manejar un arma y espera que las terminen de capacitar para hacer el trabajo ellas solas, debido a que actualmente en los recorridos las acompañan hombres para guiarlas.
La familia de Adali Hernández Mendoza, de 33 años, también padeció la pérdida de un pariente a manos de la delincuencia, a quien secuestraron y mataron a pesar de que se pagó el rescate, además de que sufrieron el robo de partencias de su vivienda y agresiones contra su padre; ella vive con su madre, hermana y una sobrina y por ellas decidió incorporarse a la Policía Ciudadana.
A Adali la capacita su vecino que es policía ciudadano, y cuando puede le enseña cómo tomar un arma y disparar, y aunque ella espera no tener que utilizarla sabe que es parte de la preparación que deben de tener.
Las mujeres policías de Xaltianguis se reúnen en la comandancia para iniciar sus labores. Allí les prestan un arma por grupo y vehículos para los rondines por la comunidad.
Ellas son ejemplo para otros pueblos, como el sábado, que visitaron Tierra Colorada para asistir a una asamblea de la UPOEG donde invitaron a las mujeres a unirse al SSC, también dieron un recorrido por las calles para que las viera la población.
Hoy inician de manera más ordenada sus rondines, empezarán a las 2 de la tarde resguardando la salida de estudiantes de la escuela; en la semana también realizaron revisión de vehículos en un retén que colocaron abajo del puente de la carretera federal Acapulco-México.

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