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Tendrán Merkel y la oposición alemana en Joachim Gauck, un presidente “incómodo”

DPA

Berlín

La elección de Joachim Gauck como nuevo presidente alemán hoy domingo pondrá al frente de la mayor potencia europea a un político popular e independiente que promete ser “incómodo” tanto para la canciller Angela Merkel como para la oposición.
El ex pastor protestante, de 72 años, tiene el apoyo de casi todos los partidos y será votado por abrumadora mayoría en una asamblea especial de mil 240 miembros. Alemania tendrá por primera vez a una canciller y a un presidente formados en el este.
Símbolo de la lucha por la libertad en la extinta Alemania Oriental (RDA), carismático y elocuente, Gauck tiene un perfil casi opuesto al de su antecesor, Christian Wulff, 20 años más joven, protegido de Merkel y forzado a dejar la presidencia el mes pasado por un escándalo de presunto cohecho que desnudó su poca experiencia.
“Le dirá a los políticos y a la gente cosas que no siempre quieren oír”, advirtió su hijo Christian. “Es, en el mejor sentido del término, incómodo”.
La palabra se repite en cada perfil de Gauck y puede explicar que Merkel se negara hasta último momento a aceptarlo como candidato, pese a que a primera vista tienen tanto en común.
En las turbulentas negociaciones para consensuar al nuevo presidente, Merkel llegó a amenazar con romper la coalición de gobierno con los liberales (FDP), que dieron la espalda a su Unión Cristianodemócrata (CDU) y se sumaron a la oposición socialdemócrata (SPD) y Verde para apoyar a Gauck.
Acorralada, Merkel terminó haciendo algo que no acostumbra: ceder. “Es un verdadero maestro de la democracia”, elogió a Gauck en su presentación como candidato de consenso. Pero la canciller nunca olvidó la “traición” liberal, aseguran en su entorno, y la coalición en Berlín pasa por su peor momento desde que se formó en 2009.
Las tensiones se disiparán al menos momentáneamente la mañana de este domingo, cuando una asamblea especial formada por diputados nacionales y regionales asista a un oficio ecuménico antes de reunirse en el edificio del Reichstag (Parlamento) en Berlín para emitir el voto, que es secreto.
El partido poscomunista La Izquierda fue el único que presentó un candidato alternativo: la “cazanazis” Beate Klarsfeld, de 73 años. Los alemanes la recuerdan bien por la bofetada pública que en 1968 estampó en la cara al canciller Kurt Georg Kiesinger, que había trabajado en el Ministerio de Propaganda nazi.
Gauck obtendrá así el apoyo de unos mil 100 delegados, lo que lo convertirá en el jefe de Estado alemán con más consenso de la historia. Esa misma tarde asumirá su cargo como undécimo presidente desde el fin de la Segunda Guerra Mundial.
La popularidad de Gauck también es abrumadora entre la población, que lo conoce por su tarea como jefe de los archivos secretos que dejó la policía secreta de la RDA (Stasi) tras la reunificación en 1990.
El “presidente de los corazones”, como lo bautizó el diario Bild, se define como un “conservador liberal de izquierdas”, una fórmula ecléctica en la que -destacan los analistas- el peso recae sobre la palabra “conservador”.
En efecto, sus posturas rígidas con respecto a la inmigración, su rechazo al movimiento “Occupy” de protesta contra los bancos o su oposición al apagón nuclear en Alemania lo convierten en una figura que también parece incómoda para los partidos de centro-izquierda.

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