Federico Vite
¿De qué habla Beto el Recluta cuando habla de Sun Tzu?
¿Cuáles serán los libros que cambiaron la vida de Felipe Calderón? Debe ser una empresa difícil encontrar buenos autores para alguien que se mueve en un mundo de ficción solipsista.
Yo creo que no lee novelas. Le han hecho daño, supongo, algunos clásicos por los que debió pasear los ojos y las neuronas en sus años de escolapio. ¿Habrá pensado en La Iliada como un documento esencial para que su sexenio sea comparado con la época sanguinaria de un dios terrenal llamado Aquiles?
Si es así, no se habla de musas grises en este periodo gubernamental. Un Homero contemporáneo escribiría: Canta oh, Paquita la del barrio, la cólera de Beto el recluta. Claro, lira y voz urdirían una peculiar mezcla de bolero ranchero con tribal. El ejemplo de este canto sería: Me prende (Inténtalo), de El Bebeto y América Sierra.
No imagino a Calderón leyendo poesía o ensayo; mucho menos teatro, pero sí lo veo tomando notas de algunos textos sagrados de la batalla política, aunque supongo que las malas traducciones de El príncipe, de Maquiavelo, y El arte de la guerra, de Sun Tzu, ayudaron un poco a tomar malas decisiones en cuanto a la estrategia para combatir a la delincuencia organizada.
Aunque más que ver en Calderón a un lector, descubro en él grandes características para protagonizar una novela. Es alguien que los panistas definen como impulsivo, persona de mecha corta, dicen. Un hombre que dirige México por impulsos, afirman.
Si es así, qué habría de malo en hacer la novela grande de este país. Reescribir México desde la perspectiva de un recluta egoísta que ha mantenido los planes equivocados para luchar contra algo (una legión quizá) que tiene muchos rostros, armas, dinero, contactos y se define como delincuencia organizada.
¿Cómo se puede iniciar una novela con estas características? Sugiero tomar como parangón un capítulo de Los Simpson en el que Monty Burns crea un artefacto para evitar que el sol ilumine la realidad doméstica de Springfield (Who Shot Mr. Burns? II).
Veríamos a Calderón con su maquinaria idónea para ocultar los problemas graves de México, leeríamos que la oscuridad es la vía necesaria para hacer que toda una población requiera armas porque se siente amenazada, de qué y por quién no se sabe, pero está amenazada y las armas dan estabilidad emocional. Tener el fuego entre las manos, parece creer Calderón, otorga tranquilidad.
Sin embargo, yo recomendaría como lectura obligada para este sexenio un cuento de Italo Calvino Por último, el cuervo (Per ultimo venne il corvo). Cito al italiano: “A cada disparo el soldado miraba el cuervo: ¿caía? No, el pájaro seguía girando sobre su cabeza, cada vez más bajo. ¿Era posible que el chico no lo viese? Tal vez el cuervo no existiera, tal vez fuese una alucinación suya. Tal vez el que va a morir ve pasar todos los pájaros: cuando ve el cuervo quiere decir que le ha llegado la hora. Sin embargo, había que avisarle al chico que seguía disparando a las piñas.
Entonces el soldado se puso de pie y señalando el pájaro negro con el dedo, “¡Ahí está el cuervo!”, gritó en su lengua. El proyectil lo alcanzó en el centro de un águila con las alas desplegadas bordada en la chaqueta. El cuervo bajaba lentamente en círculos”.
Puede que esté equivocado y Calderón sea un voraz lector, pero qué les digo, si a final de cuentas tengo la capacidad craneana de un articulista. Y titularía a esta novela acerca de Calderón, ¿De qué habla Beto el Recluta cuando habla de Sun Tzu?




