Reconstruye artista desde el eclecticismo el Acapulco que dejó hace medio siglo
Karla Galarce Sosa
El fin de semana pasado comenzó el montaje de la instalación Vuelta prohibida, obra ecléctica del artista nacido en Acapulco, Carlos Aguirre cuya obra fue concebida para la Gran Galería del Centro Cultural Acapulco y que contará con la participación de tres artistas locales.
Con su creación, el artista radicado en la ciudad de México, busca mostrar los pedazos que constituyen el puerto que dejó a los 17 años, de donde partió con sus padres rumbo a Francia para volver ahora, a sus más de 60.
En entrevista, Carlos Aguirre explicó que su obra abordará indudablemente el caos arquitectónico que se produjo con la construcción de la Costera; el Acapulco Dorado de la década de 1950 y el puerto tradicional que prácticamente ha desaparecido.
Explicó en entrevista que en la pared de fondo del espacio cuyas paredes son cristales, habrá pintados fragmentos de la bahía de Acapulco, porque “es una manera poética de decir que Acapulco está fragmentado”.
Se trata de un mural de más de 10 metros de altura por otros 15 de largo que fue pintado e intervenido con material vinil.
Otra pieza importante de la instalación y que hasta ayer todavía no era colocada, será una que bajará del techo hasta el piso y representará el parte aguas de lo que fue el puerto: el antes y el ahora.
“En esa parte habrá una caja de acrílico que en su interior hay tres fotografías del Acapulco antes de la década los 50, habrá neones con frases que fueron tomadas de los camiones urbanos, hasta los nombres de algunos yates famosos que al final de cuentas, tienen una misma lógica alburera”, comentó el creador y académico desde hace más de 30 años de la Universidad Metropolitana.
En la Gran Galería del Instituto Guerrerense de la Cultura (IGC), habrá también una serie de frases que resultan importantes en significado para el autor y que están relacionadas con lo que lo expulsó del puerto.
Otro elemento importante, agregó, será un camión urbano que contendrá los mismos elementos de la instalación, pero que al interior será intervenido por un artista local.
Comentó en entrevista celebrada el fin de semana pasado que “cuando era adolescente quería que Acapulco fuera como es ahora y ahora me gustaría como era antes. Se ha desarrollado de una manera muy salvaje”.
Al salir del puerto a mediados de 1960, contó que apenas se construía la Costera y consideró una manera “horrorosa” de desarrollo por la construcción de edificios que obstaculizan la vista de la bahía.
“Río de Janeiro es quizás la bahía más hermosa del mundo, la segunda sería la de Acapulco pero por la avaricia, abrieron la Costera para vender toda la zona que ahora está llena de edificios (…) ahora que veo esa cantidad de edificios me deprime. Eso se estaba construyendo cuando era adolescentes y mis padres llegaron en 1972 luego se fueron a vivir a Francia, luego a Inglaterra y no volví a Acapulco; hay cosas muy bonitas pero otras muy lamentables”, criticó Aguirre.
Consideró que el cambio arquitectónico de los edificios produjo que Acapulco perdiera su identidad.
Mencionó que entre sus investigaciones supo que en Acapulco se cuantificaron 528 antros, 41 iglesias y tan sólo seis centros culturales y galerías. “Esto ha sido el perfil de Acapulco. Me parece importante la propuesta de los jóvenes porque es un aprendizaje recíproco. En el arte, los procesos han cambiado muchísimo”, comentó.
Destacó que el carácter de su obra es fundamentalmente ecléctica y es algo él mismo busca, saltar de una cosa a otra: “Soy un curioso natural, mi estilo es ecléctico y busco cosas distintas”.
Para diseñar la exposición que será inaugurada en una semana, estuvo en lugares como barrios marginados, bares, el club de yates y otros puntos que identifican al puerto.
Sobre lo que se comenta de Acapulco comentó: “considero muy grave lo que ocurre, hice una pieza con más de mil apodos de narcos, es algo que me ha llamado la atención porque nadie sabe cómo se llama La Barbie o El Chapo. El narcotráfico y lo que se dice del puerto me parece que es grave y habla mucho del problema social que tiene Acapulco. Estoy totalmente en contra de lo que hizo Calderón de combatir prácticamente solo por su legitimidad y enfrentar de éste modo tan brutal al narcotráfico”.
Agregó que “aunque ahora hay mucha vigilancia policíaca, sabemos que detrás de esa montaña sigue habiendo una matazón terrible. No es con una guerra frontal, sino educando a los jóvenes, dándoles empleos, dar seguimiento al lavado de dinero y legalizando ya algunas drogas. Lo que necesitan los jóvenes es tener educación, cultura, trabajo, quien quiera consumir drogas que se haga responsable de eso”, finalizó.
Sus principales exposiciones tanto individuales como colectivas fueron desde la década de los 80 en México, Cuba, Francia, Brasil y Estados Unidos.




