En Quechultenango mil 850 refugiados y un muerto; 33 familias lo perdieron todo
*Se dañaron la secundaria técnica 20, la primaria María A. Ramírez y el jardín de niños Benito Juárez. La gente llora por la pérdida de sus animales, sus muebles, sus casas, sus siembras y quieren recuperarlas. No hay agua potable, electricidad ni telefonía celular
Hugo Pacheco León
Quechultenango
Hace 101 años –en 1912 coinciden los viejos del pueblo–, sus padres les contaron que hubo una creciente en que los ríos se llevaron el pueblo, y ahora en 2013 la historia se repite. A la una de la mañana del lunes 16, el agua de tres ríos y diez barrancas se salió de sus cauces y la corriente se desplegó por el pueblo y arrasó a su paso casas y muebles, animales y vehículos.
Sólo unas dos mil personas, a regañadientes, lograron salir a tiempo a refugiarse al plantel del Centro de Bachillerato Tecnoló-gico Agropecuario (CBTA) y otras más lo hicieron con sus familiares de las colonias ubicadas en las partes altas de las lomas que rodean el pueblo.
Pero don Tino La Liebre que tiene su casa en la colonia Manila –la más afectada–, no quiso salirse por nada del mundo, ni por ruegos de sus familiares y vecinos, menos por el pedido de la Policía Municipal. Sólo amarró su cama al Palo Zopilotero de su casa y se quedó ahí. Ya no despertó el lunes 16, murió ahogado entre el lodo. Vecinos rescataron su cuerpo el martes y ese mismo día lo sepultaron. Fue el único deceso por la inundación.
También murió el lunes de un infarto por la impresión de la creciente del río mi primo Lencho Juárez –ya tenía avanzada la enfermedad de la diabetes o azúcar como se conoce por estos lares–, y como no se pudo cruzar el río para enterrarlo, a través de riatas se logró pasar su ataúd desde el centro del poblado y lo enterraron en el atrio de la capilla del Barrio de Españita, en terrenos que él había donado.
Lencho Juárez y su familia fueron los precursores del cine en el pueblo; por él muchos conocimos a El Santo, Blue Demon, Mil Máscaras, el Rayo de Jalisco; a los Aldama, a Jorge Rivero, a Sasha Montenegro y demás ficheras, a Bruce Lee. No había butacas, el cine era un patio y que recuerde no tenía ni nombre. Teníamos que llevar nuestra sillita de esas tejidas de palma y nuestras cobijas para el frío y sentarnos a ver las películas. Todo se acaba, la historia se queda, me dijo mi madre.
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El sábado 14 a las 5 de la tarde, el río Huacapa amenazaba con salirse de su cauce por la carretera que viene desde Chilpancingo y empezó a causar preocupación porque también el río Limpio que cruza el pueblo ya estaba creciendo, junto a unas diez barrancas que confluyen.
Ese sábado 14, nada o poco se sabía de que la tormenta tropical Manuel se estacionaría frente al estado por el lado del Pacífico y que torrenciales lluvias azota-rían y podrían causar daños a la población de la cabecera municipal, de unos 10 mil habitantes.
Tampoco se sabía que por el Golfo, frente a Veracruz el huracán Ingrid avanzaba hacia el interior del país para dañar la zona Centro que se juntaría con Manuel y que la pareja sería desastrosa.
Esa noche del sábado, los pobladores de Quechul –como cariñosamente le decimos a este pueblo del centro del estado–, hacía su vida normal, los mayores en los rezos del Chilo Cruz, había rezos a la Santa Cruz y se cuelgan las milpas con adornos de flores y papel de china, se truenan toritos de cohetes y se toma atole con tamales blancos y el famoso pozole blanco en la noche con sus respectivos mezcales.
Mientras que los no tan viejos y jóvenes se aprestaban a ver por televisión la frustrante pelea del Canelo Álvarez, pues para esa hora del sábado a pesar de que la lluvia caía intensa no generaba mayor temor.
Llegó el domingo 5 y de la frustración de la pelea en que perdió el patético producto de Televisa, el Canelo Álvarez, el tema de plática de los paisanos, pasó al incesante crecimiento del río, medido por los cinco metros de altura del puente que cruza el Huacapa y une el centro de la cabecera municipal con la colonia Las Cuijas, bajando por la calle Allende, justo a 200 metros de la Iglesia de Santiago Apóstol. El agua del río llegaba al tope del puente.
Y seguía lloviendo a la una de la mañana del lunes, y ya el río Huacapa se había desbordado por la entrada del pueblo, a la altura de la escuela secundaria Número 20 y empezó a meterse por las calles principales, y se hicieron varios ríos que arrasaron con todo.
Las familias que viven cerca del cauce se salieron de sus casas, sólo el alcalde Antonio Cortés Navarrete (PRI) logró sacar sus toros de reparo y los fue a amarrar en el patio del hospital.
El resto de los vecinos sólo salieron de sus casas con sus ropas que llevaban puestas, y varios dijeron que no recibieron a tiempo la orden del desalojo, pero el alcalde dice que sí y participaron sus trabajadores de Protección Civil y la Policía Municipal, además de que avisó desde el sonido que tiene tío Goyo, pero por la lluvia no lo escucharon todos. La gente se salvó, eso cuenta.
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Aparte del deceso de don Tino La Liebre no se sabe de muertes; el alcalde Navarrete dijo a El Sur el viernes 20 que en la cabecera municipal en el CBTA se refugiaron entre la madrugada del sábado y el domingo cerca de 2 mil personas. Mil 850, precisó luego.
Y 33 familias perdieron sus bienes en su totalidad, además de que resultaron con daños la Escuela Secundaria Técnica Número 20, la Escuela Primaria María A. Ramírez y el Jardín de Niños Benito Juárez.
El gobierno municipal respondió con comida a los damnificados desde el domingo 15 y el lunes 16 por la tarde empezaron a llegar masa, tortillas y comida de los poblados de Ostocapa, Coscamilia, Santa Fe y Colotlipa.
El martes 16 llegaron las brigadas de hombres de los pueblos de Tlanicuilulco, Coscamilia y Santa Fe para empezar la limpieza de las calles; el agua ya había bajado en las calles y se podía limpiar del lodo.
Ese martes la gente avecindada en la colonia Las Cuijas, oriundos de Nanzintla, en dos horas armaron un puente colgante y ese mismo día llegaron los militares del plan DN-III, pero sólo con los instrumentos de la cocina, aunque la comida fue la que el alcalde consiguió en las tiendas.
El miércoles llegó un helicóptero privado que contrató el director del IGIFE, Efrén López Cortes, con el secretario de Salud, Lázaro Mazón Alonso y el vocero, José Villanueva. No llevaron nada, sólo la promesa de que llegarían los apoyos de despensas y brigadas médicas y Mazón dejó la instrucción a los trabajadores de Salud que se concentraran en el Hospital Regional para ayudar en lo que se pudiera.
Hasta el jueves llegaron los de Guerrero Cumple con apoyos. Desde el martes por caminos alternos, con dificultades por el lodo y derrumbes, empezaron a llegar despensas organizadas por familiares desde Chilpancingo, utilizando la ruta de Ostocapa, Achigca,Tonalapa-El Durazno, Tixtla, Chilpancingo, que a la fecha es la más abierta para entrar y salir con víveres .
Aunque también se habilitó primero, desde el martes, un camino por el cerro del poblado de Tepechicotlán para conectarse con Petaquillas y hasta el jueves, empezaron a circular por esa ruta las camionetas, pero con dificultad por el lodo acumulado y lo empinado de la brecha. Ahora es la ruta más corta, hace hora y media de Quechultenango a Chilpancingo.
Fue hasta este domingo 22 que se supo que iría el gobernador Ángel Aguirre, le avisó al alcalde una avanzada del equipo de seguridad y luego lo formalizó el subsecretario de egresos y ex alcalde, de aquí, Elpidio Pacheco Rosas, quien avisó por el sonido del tío Goyo, pero dijo que a la una y media deberían estar todos los que sufrieron daños.
Se confirmó la llegada del gobernador a Quechul por la foto que envío ese mismo domingo en la noche su equipo de Comuni-cación Social. Pero también enviaron otra fotografía de que estuvo en Mochitlán, pero les falló, la que enviaron es una tomada en la unidad deportiva conocida como El Crea de Chilpancingo.
Y no se sabe si fue un ardid de Comunicación Social para engañar que el gobernador fue a Mochitlán o perdieron la foto verdadera y enviaron otra.
Lo cierto es que la gente en Quechul llora por la pérdida de sus animales, sus muebles, sus casas, sus siembras y quieren recuperarlas.
Se quejan de que no agilizan la limpieza de calles y no hay forma de sacar sus muebles enlodados de sus casas y llevarlos a tirar; no hay agua potable en las colonias más afectadas, Manila y Centro, y sigue pendiente la electricidad en la Colonia Insurgentes y que Telmex ponga a funcionar la torre de Telcel para tener cobertura; lento pero llegan los víveres y se requieren camionetas para transportarlas desde los centros de acopio de Chilpancingo.
Y sí, Quechul ya no está inundado, pero dejó lodo. Los ríos bajaron sus cauces, y están ya lejos de la inmensidad que alcanzaron hace diez días.




