Periódico con noticias de Acapulco y Guerrero

José Gómez Sandoval

POZOLE VERDE

*Va de cuento

*Lo que viene era una estampa; al transcribirla, se hizo más o menos cuento. El título también cambió. Se llama: Atrás de la raya. Como este día el PV cumple 100 números, no hay cazuelas verdes. Puro cuento.

Atrás de la raya

Acérquense, acérquense!… ¡No es circo ni maroma ni vendo plumas ni cortauñas ni chucherías, voy a ofrecerles algo que no pueden comprar sus ajados billetes, sus devaluadas monedas que no soportan una gota de ácido murriático y pitorreico!… ¡Acérquense, acércate tú mi amigo, el del morral, que te conviene, y tú el del maletín, y tú señora con el niño en los brazos, que también te conviene! ¡Si crees en Dios, si crees en la Virgen María, si tienes fe en algo, acércate que el producto que yo te traigo reafirmará tu fe, y si andas algo torcido, si tienes algún problema, si sufres algún mal no sabido o difícil, este producto te aliviará, te regresará tu percudida y deshilachada salud, enderezará tu pinchurrenta vida!…
¡Y atrasito de la raya, porque empiezo a trabajar!
Este producto que yo te ofrezco lo traigo desde San José California y aunque aparentemente sólo es una medalla en forma de cruz viene siendo muchísimo más que eso, pues está muy lejos de caber en un puño como cualquier moneda de cambio, ya que en la noche brilla como plata y en la mañana como oro, gracias a su poder personalizado, porque fue bendecida, orada y alabada por el santísimo Darío Corripio Ahumada en Nuestra Sagrada Basílica de Guadalupe… Mira bien esta imagen divina y piensa en lo que te mortifica y acongoja y por lo no consigues pegar pestaña y llegas tarde al trabajo y dime sinceramente si es que sirves a Dios: si eres mexicano, indio azteca, si crees en la verdá del Papa y en la purificación de María, no puedes dejar de venerar esta imagen bendita que pongo ante tus ojos por esta única ocasión. Chinos, judíos y musulmanes la adoran más que muchos de nosotros; en la guerra de Vietman un soldado alemán que se había rebelado contra Stalin vio salvada su vida gracias a que la bala pegó en la bolsa del corazón, donde providencialmente llevaba esta imagen protectora. Yo te la voy a dar sahumada, rezada y alabada en Nuestra Basílica de Guadalupe, pero para esto necesito de tu fe y tu devoción.
Porque yo sé que en este momento y en este lugar hay gente que no cree, que me escucha y se burla porque se la pasa malabareando en su conciencia como si los callos le tronaran a cada paso, a poco no… A esa gente le suplico que siga su camino, que me deje trabajar, a estas personas que confunden la fe con la sed, la gimnasia con la magnesia, la suerte con la muerte, como un gran favor les pido que me dejen trabajar contigo, hermano, contigo, hermana, a quien todavía no ha pasado a traer Luzbel con su pata de cabra y sus cuernos de res, el renegado demonio que donde quiera anda ofreciendo matrimonio…
¡Pero a mí no me creas, señor, señora!…, tú abuelito con dos sonrisotas de nietos en los anteojos, tú amigo de la cachucha de los Yanquis con manchas de anemia en el pescuezo, tú muchacha que vienes al mercado por tus sagrados alimentos, no me creas, a mí dime embustero y embaucador, quién eres tú puedes preguntarme, quién eres tú que así llegas al mercado y osas levantarnos la voz y aconsejarnos sobre qué nos conviene y qué no, y yo no soy nadie te diría, sólo un hombre sin rasurar y con una lámpara en la mano buscando un alma limpia que quiera ayudarse a sí misma, un roto que no llega a descosido pero que no sale a la calle sin planchar su pantalón hasta dejarle la línea bien derechita!… ¡Mófate de mi sencilla persona, escarnéceme con las dudas que quieras pero por la salvación de tu alma no te burles de este objeto sagrado que he venido a ofrecerte desde San José California en una de las más hermosas cruzadas de paz y purificación!…
¿Tienes un mal que no sabes qué es? Vete con el médico, a ver si te lo quita. A tu hijo que sufre y se revuelca de dolor ponlo en el hospital a que lo examinen los diez mil aparatos de la ciencia, a ver si los diez mil aparatos de la ciencia le quitan el mal de ojo…
Esta cruz bendita te protege contra envidias y salaciones, contra el maldito chisme, la maldita calumnia, el vil ardor. ¿Quién no llega a tu casa a juzgarte, a quitarte lo que ganaste con el sudor de tu frente? Me decía mi vecina, una mujer toda honesta y decente, llevé a mi amiga Berta a la casa, la pobre había perdido su trabajo y andaba toda sucia y sin color, la llevé en un acto de caridad, y ahora hasta con mi esposo duerme. ¿Quién te manda hacerlo?, le dije: ¿quieres que te diga una cosa?, fuiste pendeja y perdóname la palabra hermana pero esa es la verdad. ¿Quién nos manda llevar gente ingrata a nuestra humilde morada? ¿Te gusta que te vean cómo vives, qué comes, cuántas veces a la semana te bañas? Allí está nuestra esposa bendita, llevas al compañero, al amigo, y si ella tiene las patas como arañas, al ratito lo sabe todo el mundo. Dime si miento o desfiguro, hermano, o cállate y no hagas el ridículo.
¿Cuántas veces hemos visto que un hombre que no quería a una mujer, al poco de un tiempo anda loco por ella? ¿Cómo le hizo? ¿Qué pasó? Aquella otra mala mujer que le dio de beber males de su propio organismo al carpintero que no le quiso hacer un roperito? Pasó en mi pueblo hace ya muchos años, un maestro del serrucho casado con una señora semimuda pero con muchas cosas buenas y espirituosas qué decir, además del chamaco de otro al que todavía no le quitaba el pecho, pero todos sabemos que pasa a cada rato y aquí nomás a la vuelta de la esquina. Segurito que entre los presentes no faltará –con su perdón- quien con lo poco que estamos platicando ya se acordó de que ahorita le urge regresar allá, a esa cárcel del alma de la casi nadie escapa a tiempo, y si escapa de todos modos la va a regar, y cómo no si antes de darle forma al dolor de cabeza que se está poniendo los pantalones junto a tu cama, no terminas de ver a la mujer trasmochada por los cuatro costados, oliéndole hasta las partes rengas, con lo que, delante de ustedes, ¡me persino!…
Dolores, punzadas en el cuerpo, toquidos de tambor en la cuasmoya, dime si no. Como su amorosa compañera y madre de su hijo casi no platicaba el carpintero le prestó la oreja a la pretensa disoluta en todos los sentidos, y, nada tonta, ésta aprovechó para dispensarle unas gotitas de toloache y sorberle los sesos como a Sansón. Al rato, el carpintonto de mi tierra no pensaba más que en apurarse en acabar las mesas, sillas, repisas y marcos que le encargaba la malora mujer, dime si no.
¿Tienes problemas de dinero, estás amenazado de muerte, enredado en chismes, disfrutaste hasta las manitas tu promesa de matrimonio y ya no pides queso si no salir de la jaula?… Almorranas, verrugas y nacidos, patas de gallo, tristuras sin recuerdos y hasta los males intestinales que nos dejan los tacos de perro que comemos en la calle… Para que antes de escuchar las risitas y de irrumpir como búfalo descabezado te lo pienses dos veces, para limpiar los ajos machos y los huevos podridos que has encontrado en tu hogar, en tu trabajo y hasta en tu propia canasta del mandado…; para que el biznieto de tu abuelita se aleje de malas compañías y ya no haga enojar a la esposa de tu marido, y para que el borracho que no puede vivir sin la maldita bebida llegue temprano, en su juicio, sin panza y enamorado como lo conociste, para todo eso sirve esta medalla consagrada por la santa iglesia cristiana, apostólica y romana, que al mediodía relumbra más que el oro de Roma y en las noches descansa como la plata de Taxco…
Aquel carpintero de mi pueblo se divorció de su esposa por casarse con la otra, en un momento de ofuscación demoníaca. Le decían sus amigos: ¿ya lo pensaste, ya sabes lo que haces? Vas a dejar a una mujer sencilla, que te ama, y ya no vas a ver crecer a tu hijo, ni a saber de él. Ella es joven, bonita, casi no habla y rápido va a encontrar marido y rápido se va a ir lejos de aquí, a pesar del chamaco. ¿Ya lo pensaste bien, ya sabes con qué clase de mujer te vas a meter, ya calculaste la dimensión de tus actos? Hasta los chalanes preguntaban y hasta opinaban, con su permiso, maestro. Pero el maestro carpintero no pensaba más que en la mujer que le había sorbido el hueso. ¡Yo no vengo a engañarte!…, mal haría yo asegurándote que esta imagen es de oro o de plata: esta cruz es de un metal recién descubierto por una comunidad de monjes del Himalaya que hasta la vez mantiene en ascuas a los sabios levitantes de la biblioteca colgante de Alejandría y a las chuchas cuereras de la Nasa… El cobre no resiste una gota de ácido murriático, de súper volada se despinta y después de dos horas se deshace, como te lo estoy comprobando con esta moneda de a veinte centavos que casi se derrite entre mis dedos… No es oro te repito lo que voy a poner en tus manos con esta cruz, porque, si a esas vamos, está científicamente comprobado que el enigmático y sagrado metal de que estamos hablando es dos punto cinco mejor que el oro, durante el día, y setenta y siete punto nueve más duradero que la plata…, durante la noche: la prueba de garantía la tienes aquí, a centímetros de tus ojos, y, en cuanto Matías nuestro muñeco de paliacate deje de brincar y de querer escaparse de mis manos, para que no te digan, para que no te cuenten, aquí está la prueba de cómo el ácido murriático y pitorreico le borró más de la mitad de escalones a la pirámide de la moneda de a veinte, y a nuestra benemérita y santísima cruz no sólo le hizo los reverendos mandados sino que hasta la mejoró, como que cinceló la sonrisa dolorosa del Crucificado, como que bruñó sus resplandores…, y ¿qué crees?, ¡su precio te va a dar risa!…
Para que duermas tranquilo, después de que dejaste a mujer e hijo, para que la mujer con que te quedaste no te amenace con largarse cuando ya no alcance ni pa pagarle a los chalanes y hayas rematado bancos y herramientas y no tengas que correrla cuando llegues con el serrucho que no pudiste vender en las manos y la encuentres baboseándose en cueros con un cabrón que ni va a poder correr siquiera, y para qué ese trompo a la uña, para qué si ya existe esta cruz calada en las llagas del Cristo Redentor que vengo a poner en la bolsa de tu corazón por sólo treinta tristes, pinchurrentos y miserables pesos!… ¡Y acérquense, que es de día!… El sol tatema, ¡pero no fricciona!… Acércate, tú el del sombrero que sudas demasiado y no sabes por qué, tú la de las ojeras que confundes la tele con la tila, tú amigo que no puedes con tus huesos pero que ni un momento dejas de pensar en el futuro y la felicidad, acércate, sin pena, sin rubor, pues vergüenza es robar o haber perdido la fe en Dios, por la salvación de tu alma, para sacudirte envidias, salaciones, celos, chismes, sorpresas desquiciadas, para deshacerse de calenturas engañosas y de esos remordimientos que muchos tarugos confunden con el amor. ¡Acércate, acércate a la puerta de casa con la poquita lucidez de que todavía eres capaz, o con la rabia adelantada de lo que te vas a descubrir y de la que ya nunca podrás escapar!… ¡Treinta pesitos y sin impuesto!… Cómo la avestruz, querido amigo, una cantidad risible, vale menos que la mitad del hoyo que le falta a tus calcetines pero mucho más que despilfarras en revistas y memines que nada te dejan y mucho perturban tu economía y tu mente: treinta devaluados pesos es lo que te pido por este amuleto santísimo sahumado, orado y bendecido por el cardenal Rivera Ahumada en la pirámide con luz y sonido de Teotihuacan… Si lo ves del tamaño de la tierra, si crees que con eso te vas a quedar con una mano atrás y otra delante y yo me voy a enriquecer, guárdate tu dinero. Yo soy pobre de uno al mil, pero soy rico del mil al millón, porque mi trabajo me da de comer gracias a Dios y sin que haya necesidad de hacer aserrín y viruta con tus ex chalanes o de cortarme otro dedo con el serrucho.
¡Acérquense, si quieren alcanzar!… ¿Qué dices tú, mi amigo? ¿Una más para ti, compañerito de los lentos oscuros, que también para los barros sirve?… ¡Anímese, señora!…: una pa usté…, otra pa su marido…, acuérdese de que los hombres somos como los perros, pero ¡con calma, que es de día y para todos hay!… ¡Órale pues no jalen que despellizcan, acuérdense de que más vale jamón de antier que celos que duren hasta el lunes y órale pues ¡sale otra!…

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