Carlos Pérez Aguirre
Continúa la negligencia del gobierno estatal
Al parecer, el gobernador Ángel Aguirre Rivero no aprende de sus incapacidades. En su primer periodo le tocó atender –con muy cuestionables resultados– la devastación causada por el huracán Paulina y de ahí los Acapulqueños recuerdan al amigo y compadre del gobernador (Juan Salgado Tenorio) quien nunca alertó a la población del inminente desastre y tampoco prestó la ayuda urgente que el problema ameritaba. No podía hacerlo porque se encontraba en Las Vegas, según trascendió.
Pero tampoco el gobernador desarrolló a tiempo un aparato de apoyo a los damnificados, y mucho menos se alertó de la contingencia que podía ocurrir, por eso los resultados fueron devastadores.
Hoy el gobernador no puede argumentar ante su irresponsabilidad absolutamente nada, pues tenía información o existía información precisa de la conflagración que se acercaba y nunca se comunicó adecuadamente a la población, mucho menos se tomaron las medidas de emergencia que el caso ameritaba. Sabemos que desde el día 12 de septiembre existía esa información precisa, pero el gobernador en vez de priorizar sus responsabilidades prefirió realizar festejos, como la cena del día 13 en la noche, hora en que la lluvia hacía estragos terribles en el territorio guerrerense, mientras la fiesta en Casa Guerrero estaba en su esplendor, en donde la rancia familia priista se reencontraba y sumaban, en la práctica y a sus prácticas, a los nuevos miembros perrepriistas.
Esa noche se verían en el espejo y ante la opinión publica, local, nacional e internacional las miserias de una corroída y corrupta “clase política guerrerense” que prefería la farándula en vez de alertar a la población del fenómeno natural que se venía encima.
la imagen de todos los sentados alrededor de la mesa del gobernador dio la vuelta al mundo, con la etiqueta de lo que son: irresponsables y negligentes, pues como “servidores públicos” traicionaron lo más elemental de la esencia de la función pública, y así quedaron marcados sobre todo ante la ciudadanía guerrerense y mexicana.
Pero las cosas no pararon ahí, el día 14 al gobernante de Guerrero no se le vio por ningún lugar, era comprensible, el pobre había estado cumpliendo su deber como anfitrión del festín que se sirvió a sus compañeros y amigos quedando él mismo con cansancio y posiblemente otras secuelas, mientras la población en toda la entidad sufría ya los resultados de las torrenciales lluvias.
Hoy se otorgan millonarios recursos a la entidad, también al mismo gobernador que fue omiso antes de la tragedia, al mismo gobernante que no entregó muy adecuados resultados en la atención del huracán Paulina. Solo como muestra es importante resaltar que el mismo día en reuniones paralelas, mientras el presidente Peña Nieto, entregaba los recursos para atender la afectación al gobernador, en reunión de presidentes municipales se solicitaba apoyo, pues se argumentaba que el gobierno federal sólo realizaba un show, pero realmente ambos gobiernos mandaban poca ayuda.
Pero eso sí, el dolor ajeno ha servido para que toda esa “clase política”, iniciando con la presidenta del DIF, aprovechen el momento para posicionar su imagen como grandes benefactores, cuando ese es su trabajo y por ello reciben sueldo, prestaciones, gastos y un sinnúmero de etcéteras.
Hay responsables concretos que por no actuar –como es su obligación–, multiplicaron al infinito los efectos negativos de los meteoros. Otra cosa sería si el gobernador y su equipo en vez de andar en francachelas hubiese alertado y solicitado cumplir con los protocolos de la emergencia, como el control de las presas en la entidad, solo por señalar una de tantas funciones abandonadas.
Es necesario ahora si pedir cuentas, y también evitar que los recursos los manejen los irresponsables y corruptos.




