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Rememoran el Acapulco de los 40 con Exposición de Francisco Tario en la Casa de los Vientos

*La muestra que consta de cerca de 50 fotografías, facsímiles, portadas originales de sus libros, dibujo e incluso un traje sastre gris del escritor estará abierta hasta noviembre

Óscar Ricardo Muñoz Cano

Francisco Tario fue un obsesivo con la noche, con lo nocturno, por lo que no es de extrañarse que fuera por la noche de este sábado cuando se inaugurara la exposición Las noches de Francisco Tario en el otrora estudio de Diego Rivera, en el Museo Casa de los Vientos.
Pero el escritor, empresario, jugador de futbol, de ajedrez, astrónomo y pianista nacido en la ciudad de México en 1904 y cuyo verdadero nombre era Francisco Peláez, también tendría otra obsesión más: Acapulco.
Las noches de Francisco Tario dan cuenta de la historia privada de un escritor privado; fotos familiares nos muestran a un chico sano, alegre pero también a un joven y a un adulto que para entonces ya no sonríe, que es duro, pero que al final es sólo pose pues su hijo, el pintor Julio Farell, narró que siempre tuvo un sentido especial, incluso en su lecho de muerte, en el lejano 1977 cuando ya enfermo el doctor le pidió que respirara para ser auscultado y contestó: ¿cómo, doctor, como si yo estuviera en el parque?”, a lo que el galeno no pudo contestar más que con una sonrisa, misma que se borró unas horas después, cuando murió el escritor…
Si bien a ciencia cierta no se sabe cómo es que llegó a Acapulco, el escritor Alejandro Toledo, copresentador de la muestra y de un libro acerca de Tario, resumió el paso de éste por Acapulco al ubicarlo en los años 40 como el copropietario del extinto cine Río y del espacio que ahora ocupa La Fortaleza, en el Zócalo.
Asimismo, un par de videos de apenas unos minutos de duración se proyectaron para mostrar a una familia compuesta por escritor, sus dos hijos, Julio y Sergio, y su hermosísima esposa: Carmen Farell quien en las mismas cintas posa ante un camarógrafo extasiado hasta la inmovilidad por su belleza, misma que en las reseñas internacionales de cine que se organizaban en el Acapulco de antaño causaba conmoción entre estrellas de talla internacional como Robert Mitchum o Lex Barker.
La casa del escritor estaba situada sobre la ahora Gran vía Tropical, detrás del frontón y a lado de la plaza de toros, comentó Toledo, y los recuerdos no se hicieron esperar pues en la sala montada sobre el jardín de la Casa de los Vientos se encontraba alguien más que había conocido a Tario: el empresario Fernando Álvarez a quien el hijo de Tario le hizo segunda al recordar entre ambos a aquel viejo Acapulco que sólo consistía en el centro y la península de Las Playas y cómo ellos cuando niños convivían con uno de los autores más reconocidos en los últimos años.
Viajes a La Roqueta, partidas de ajedrez y lecturas fueron la constante pero para quien no conoció ese otrora paraíso tropical, bastará con ver las imágenes de la familia Peláez Farell en el puerto.
Asimismo, hay imágenes de su vida en España, a donde se fue después de estar en el puerto y una última, al final de su vida y como siempre, escribiendo.
Del mismo modo, se presentaron dos grabaciones con la voz de Tario: en una de ellas se le escucha haciendo bromas a gente de la talla de Octavio Paz, su vecino de cuando vivió en la ciudad de México, así como a Elena Garro y al entonces novel José Luis Cuevas.
Teniendo como vecinos a gente tan importante dentro del mundo literario –también fue vecino de Carlos Fuentes– aún es difícil explicar por qué su obra no trascendió tanto.
“Mi padre escribía por escribir; siempre lo veíamos escribiendo por las noches, leyendo, a nosotros hasta nos daba sus textos para que lo leyéramos y él, al oírlo, quería saber cómo sonaban”, afirmó su hijo, quien reveló que escribir sólo lo dejó de hacer cuando murió Carmen, su esposa.
No obstante hace apenas unos años apareció un baúl conteniendo material inédito del escritor, y que en parte fue presentado esta noche: La desconocida del mar, editado por Editorial Ficticia este año en colaboración con el escritor Alejandro Toledo; en el libro se reunieron cuentos, cartas y textos variados donde abunda el humor inquietante y una sencillez desaforada, y donde quizá pueda descubrirse algo del hombre que escribía como Francisco Tario y no dejaba de jugar con la literatura.
Al respecto, Toledo agregó que es interesante cómo en la actualidad los lectores de Tario se multiplican exponencialmente al grado que el Fondo de Cultura Económica prepara ya una edición de sus obras completas.
En entrevista, Julio Farell, quien reveló que aún vista con frecuencia el puerto, se dijo contento por la exposición y agregó que a pesar de que su padre siempre estuvo alejado del mundo literario, “ahora que hay un boom sobre el trabajo de mi papá, él se conmovería mucho con este homenaje; si nos está viendo desde el cielo debe estar bien conmovido”, al tiempo que agregó que Tario siempre recordó a Acapulco de tal forma que consiguió un lugar lo más parecido a este puerto (las playas de Valencia) para pasar sus días en España.
Tras la presentación se ofreció un cocktel para las decenas de invitados que llenaron el lugar que fue preparado para la ocasión con siluetas recortadas que inscritas tenían frases del escritor sacadas de varios de sus textos.
La exposición Las noches de Francisco Tario que consta de cerca de 50 fotografías, facsímiles, portadas originales de sus libros, dibujo e incluso un traje sastre gris del propio escritor, fue inaugurada por el secretario de Cultura, Manuel Zepeda Mata, y el hijo del escritor, Julio Farell, y estará abierta al público hasta noviembre.

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