Soslayan las políticas de salud el vínculo entre obesidad y trastornos del sueño: académico
Georgina Montalvo / Agencia Reforma
Ciudad de México
Aunque los trastornos del sueño y la obesidad se retroalimentan, las políticas de salud pública no incluyen su tratamiento en la atención al sobrepeso, señaló Reyes Haro Valencia, jefe de la Clínica de Trastornos del Sueño de la UNAM.
“Las políticas en salud siguen menospreciando la importancia que tienen los trastornos de sueño. Somos un país de roncadores porque el sobrepeso y la obesidad, en lo que somos líderes, son el principal factor de riesgo para esto”.
Cuando se duerme mal, explica el académico, lo que pasa a las personas roncadoras, es que producen menos hormonas relacionadas con la ingesta alimenticia y el paciente no detecta el efecto de saciedad.
“Come de más sin proponérselo, eso la lleva a un aumento de peso sostenido”, explicó el especialista.
Ese es el inicio de un círculo vicioso: a más peso crecen los tejidos de grasa al interior de la garganta que a la hora de dormir se relajan y obstruyen el paso del aire, por lo que la persona ronca más, no alcanza el sueño profundo, deja de segregar hormonas que regulan su apetito y sigue subiendo de peso.
“Cuando corrigen el ronquido producen suficiente hormona, viene la saciedad, se les quita la somnolencia diurna, andan muy activos y pueden hacer ejercicio y bajan de peso”, aseguró Reyes Haro.
De hecho, en México, uno de cada tres adultos padece algún trastorno de sueño y el ronquido es una de las principales manifestaciones, insistió el especialista.
El investigador opinó que el Plan Nacional contra la Obesidad debería incluir la revisión de la calidad de sueño.
Alfonso Martín del Campo, director de la Clínica de Sueño y Psiquiatría Biológica Del Valle, consideró que un tratamiento del mal dormir y de la obesidad repercutiría en un mejor estado de alerta y productividad de las personas.
“Los accidentes domésticos, laborales y sobre todo de tránsito son consecuencia de esta hipersomnia. Se considera que ésta es la segunda causa de accidentes de tránsito tan sólo después del consumo de alcohol”, apuntó el especialista de la UNAM.




