Con créditos bancarios y no con ayuda del gobierno, vuelven a abrir negocios en la Colosio
Karla Galarce Sosa
Algunas calles de la unidad habitacional Luis Donaldo Colosio, que resultó afectada con las lluvias que provocó el fenómeno natural Manuel, lucen con polvos, lodo y algunas –las menos– con encharcamientos.
Los habitantes del corazón de esa colonia, identificada por la estatua del político de la que lleva su nombre, poco a poco recuperan la normalidad. La dinámica de los negocios allí asentados, los niños que acuden a la escuela, las personas que limpian la entrada de sus casas y los negocios ofrecen sus productos o servicios, poco a poco recobran el ritmo que tenían antes del paso del meteoro.
La evidencia de que el nivel del agua alcanzó más de un metro de altura es la marca que dejó en las paredes de algunas casas y negocios, aunque los polvos y el panorama de algunos espacios abandonados también muestran lo que dejó la catástrofe en esa zona.
Desde la entrada principal a la colonia, por la glorieta del hotel Princess, ya no se observan los módulos para el registro de personas para el censo de la Sedesol, tampoco hay camiones de la Marina, del Ejército o centros de atención del Fovissste e Infonavit.
El transporte público ya trabaja de manera normal y ofrece viajes especiales; los camiones completan su ruta y llegan hasta la glorieta.
Los negocios ofrecen comida y servicios, las tiendas, centros comerciales y de autoservicio están abiertos y en sus accesos ya no hay soldados que limitan la entrada; la gente riega las banquetas y el frente de sus casas o negocios y los peatones circulan como lo hicieron antes del paso de la tormenta tropical.
Las madres de familia van por sus hijos al jardín de niños y las lavanderías ya funcionan porque el agua comenzó a llegar en sus tuberías hace unos ocho días. Sin embargo, el funcionamiento de los negocios se debe a que sus propietarios pidieron créditos a largo plazo a las instituciones bancarias, no porque el gobierno les haya cumplido y entregado “créditos blandos” para rehabilitarlos.
Ese es el caso de la señora Yolanda Ortega, quien administra un café internet en la entrada de la colonia. Ella tuvo que pedir un préstamo de 30 mil pesos a un banco para comprar más computadoras, pagar la rehabilitación del servicio de internet y adquirir mobiliario para los clientes.
La señora Yolanda explicó que aunque fue censada por la Secretaría de Desarrollo Social, los 10 mil pesos para la adquisición de enseres los utilizó para recuperar los que utilizan ella y su familia. “Yo pedí un préstamo al banco porque mi familia y yo vivimos de lo que nos deja este negocio y no podíamos seguir postergando el ingreso hasta que el gobierno nos censara de nuevo”, comentó mientras limpiaba el frente de su negocio ubicado cerca de la estatua de la colonia.
Otro negocio que ya está completamente habilitado es la tienda de abarrotes y verduras ubicada en la entrada. Allí se observan cuatro refrigeradores de una empresa refresquera y otro de una cervecera que están repletos de mercancía.
Su propietaria, quien no proporcionó su nombre, comentó que los refrigeradores están en concesión por las empresas y la mercancía está a consigna, pero debe pagarla a más tardar en un mes.




