Anituy Rebolledo Ayerdi
Las calles de Acapulco XI
Calles guerrilleras
El nombre del comandante Ernesto Che Guevara, argentino luchador por la libertad de pueblos oprimidos, fue elevado a una placa azul de la colonia Plan de Ayutla. Hace esquina con la calle Josefa Ortiz de Dominguez y otras de grata frescura: Bugambilias, Ave del Paraíso, Gardenias y Orquídeas. Colinda con la colonia Genaro Vázquez Rojas, guerrillero como aquel de San Luis Acatlán, pero de muy corta existencia. Lucio Cabañas, el guerrillero de Atoyac de Álvarez, tiene también la suya en la colonia Cardenista y hasta un andador en la Paraíso. Es vecina esta última de la colonia Leyes de Reforma, cuyas arterias honran a los actores de esa gesta clave en la historia de México
Libertadores
Los fraccionamientos Liberta-dores y Villa del Maurel, ambos al fondo del panteón de Las Cruces, hacen un recuento didáctico de algunos distinguidos libertadores, notables gobernantes y grandes jurisconsultos de América Latina. Figuran entre ellos: Francisco Morazán, Antonio de Sucre, José Muñoz Marín, Juan N. Rodríguez, César Augusto Sandino, Francisco del Rosario Sánchez, José de Jesús de Cáceres, Juan Bautista Abreu, Toribio de Luzuriaga, Gervasio Artigas, Juan de Duarte, Jaime de Sudañez, René Juárez Cisneros y Miguel Terrazas Sánchez.
Traidor entre libertarios
Incluir a Ignacio Elizondo con rango de libertador junto al propio padrecito Hidalgo no es producto de odios trasnochados ni reivindicaciones reaccionarias, se trata simple y sencillamente de que el autor de la nomenclatura no tiene ni puta idea de la siguiente historia.
La traición
“En las cercanías de Monclova, Coahuila, en el paraje denominado Acatita o Norias de Baján, las fuerzas insurgentes comandadas por Miguel Hidalgo, Ignacio Allende, Mariano Abasolo y José Mariano Jiménez, esperan una entusiasta recepción por parte de Ignacio Elizondo, pero éste les juega una sucia traición. Un hombre resentido porque Allende le había negado el grado de teniente general y objeto apenas de una oferta generosa de “copiosos frutos” por parte del cura Zambrano.
Allende y los demás caudillos salen de Saltillo con más de mil hombres. Van en 14 coches y detrás de ellos, a larga distancia, 24 cañones de diferentes calibres, los equipajes, mil quinientos pesos en dinero y barras de plata y la escolta que cubre la retaguardia. La marcha es lenta y penosa por la falta de provisiones y sobre todo de agua por haber sido azolvadas las siete norias del camino.
Elizondo, al mando de 350 hombres, avista la vanguardia de la caravana de los caudillos. Los deja pasar pero en determinado momento les anuncia que son presos en nombre del rey Fernando VII. Allende dispara su pistola sobre Elizondo llamándole “perro traidor”, pero no lo toca. El follón ordena a la tropa abrir fuego cayendo muerto el joven Indalecio Allende, hijo de don Ignacio.
Hidalgo, que va a caballo detrás de los coches, rodeado de una pequeña escolta, también es sorprendido y solamente Iriarte puede escapar hacia Saltillo. El trofeo de la traición consiste en la aprehension de los principales lìderes del movimiento, Hidalgo, Allende, Aldama, Mariano Hidalgo, Balleza, Santos Villa, Mariano Jiménez, Abasolo y Camargo.
En suma, más de mil 300 prisioneros, 24 cañones, gran cantidad de víveres, equipos militares y más de un millón de pesos en monedas y barras de plata.
Así fue
Asi lo narra Ernesto Soto Páez en Al filo de la Patria: “Al amanecer del 22 de mayo de 1811, la caravana de prisioneros en la que iban los principales caudillos insurgentes –las manos atadas a la espalda, los pies uno con el otro y montados ‘a mujeriegas’ sobre mulas–, salió de Acatita de Bajan rumbo a Monclova. Llegan a las seis de la tarde del mismo día sin comer ni tomar agua, siempre vejados por la soldadesca.
Las calles de Monclova estaban adornadas había repiques y salvas de artillería. Cuando entra Elizondo al frente de la columna de dragones es recibido con vítores para Fernando VII y mueras para los presos. Estos fueron conducidos a una herrería donde se les esposó y engrilló. Dadas sus ataduras, los caudillos tuvieron que ser cargados en sillas al hospital, habilitado como cárcel. Allí, hacinados en estrechas habitaciones, semidesnudos, hambrientos y con sed de varios días comenzaron su cautiverio”. Connducidos más tarde a Chihuahua, serán sujetos a remedos de juicio legales y fusilados en distintas fechas.
De vuelta a la realidad
La calle Ignacio Elizondo forma esquinas con su tocayo Ignacio López Rayón, Emiliano Zapata y Vicente Fuentes Díaz (¡!) Figuran en el mismo cuadrante, además de los traicionados, Doña Josefa Ortiz de Domínguez, Cuitláhuac, Hermenegildo Galeana, Lerdo de Tejada, Narciso Mendoza, José Ma. Morelos, Vicente Guerrero, Lázaro Cárdenas y María de la O.
La admiraciones para Fuentes Díaz son por su ubicación en nómina tal. Fue él periodista, político y escritor contemporáneo originario de Chilpancingo. Formidable ideólogo primero del marxistoide Partido Popular de Vicente Lombardo Toledano y más tarde del Partido Revolucionario Institucional. Diputado federal, senador de la República y aspirante a la gubernatura de Guerrero. Su obra fundamental Los Partidos Políticos en México (1956).
“Mártires” de Cuilapa
La nómina sacrosanta de los héroes que nos dieron patria y libertad resulta abrumadora en estas colonias vecinas: Popular, Melchor Ocampo, Juan R. Escudero, Héroes de Guerrero y “Mártires” de Cuilapa (se incluyen al parecer a dos campesinos que murieron el mismo día en que fue fusilado en ese lugar el general Vicente Guerrero, áquellos, de piquete de alacrán).
La novedad en toda esa área suburbana sería la calle Salvador Allende y sobresaliente el hecho de que se distinga al joven tecpaneco Pablo Galeana, autor de la captura de la isla de La Roqueta, decisiva para la toma del fuerte de San Diego por el cura Morelos. Se recuerda también al costeño Silvestre Castro y junto a la arteria Miguel Hidalgo está la Miguel de la Madrid.
Los Ríos
Aunque no es este tiempo propicio para homenajear a ningún río, sino todo lo contrario, la colonia Los Manantiales les dedicó a ellos sus calles desde hace un buen rato. Ahí están los ríos Balsas, Papagayo, Grande, San Marcos, Tecpan, Colorado, y uno llamado Río San Lucas. Encontramos uno con ese nombre pero a casi a tres mil metros de altura, en Los Andes, en la peruana ciudad turística de Cajarmarca. ¿Por qué tan lejos teniendo aquí el río del Camarón, por ejemplo?
Más ríos en colonias diversas: Azul, Chiquito, Copala, Congo, Huitzuco, La Sabana, Omitlán, Consulado, Cutzamala, Nexpa, Mississipi, Bravo y hasta sumar 130 calles con nombres de corrientes.
Antes y después
Ya se ha mencionado aquí que la avenida Cuauhtémoc fue anteriormente Barrio Nuevo, Correo y Alvaro Obregón. Que la Cinco de Mayo se llamó antes México y San Juan y que la avenida Pie de la Cuesta fue Costa Grande. Su rebautizo habría coincidido con la apertura en aquella localidad del primer Aeropuerto Internacional de Acapulco. La primera pista de aterrizaje para avionetas comprendia la actual calle Wilfrido Massieu. Un extenso baldío en el que pastaban vacas y caballos a los que se perseguía cada vez que se avistaba un aparato.
Hablando de despojos urbanos, está el caso de don Guillermo Prieto a principios del siglo pasado. Quien fuera ministro de Hacienda del presidente Juan Álvarez (“no me importa que no sepa hacer cuentas, con tal de que sea honrado, y Prieto lo es”), será echado de su calle para otorgársela a don Vicente Guerrero. El tixtleco, por su parte, había sido despojado de la mitad de la calle de La Quebrada –de la bajada a la actual Azueta y hasta el entronque con Roberto Posada–, ante la necesidad turística de llamarla toda Quebrada.
La calle Chinacos, en el centro, tomará el nombre del ameritado maestro Silvestre Gómez Hernández, padre del doctor Virgilio Gómez Moharro.
El cambio de nombre más drástico por el tamaño de la avenida se dio con la Gran Vía Tropical, rebautizada con el nombre de presidente Adolfo López Mateos. El mandatario cuya debilidad eran las profesoras rurales y los autos de carrera estuvo aquí para inaugurar su obra que, bien hecha como pocas, ha resistido sin un rasguño el paso de los años.
Dominguillo será mucho más tarde Valdez Arévalo, un empresario con negocio automotriz en esa misma calle destacado por sus obras pías.
Lobo Solitario, calle del Club Deportivo, cambió a Lomas del Mar a raíz de la construcción del Centro de Convenciones.
Poetas y compositores
No pos no, ni los poetas ni la poesía han sido del gusto de quienes se han dedicado a través de los años al bautizo de las calles de Acapulco. La afirmación que podría ser temeraria resulta irrebatible frente al plano de Acapulco. La primera arteria honrando a un bardo mexicano fue la Manuel Acuña, entre los efluvios del relleno de cuche y mojarras asoleadas del Mercado Central. Y no era cosa de exigir un parque arbolado con niños correteando o cualquiera otro remanso de paz. Otra rimada recuerda al poeta nayarita Amado Nervo , quien no está solo, lo acompaña su Amada inmóvil.
Y qué bueno por ambos porque pudo haber sido la calle Avelino Pilongano, el poetastro hijo de Gamucita, la anciana que lava ajeno en la Familia Burrón, quien a la muerte de Carlos Monsivais se sublimó con un poemínimo: ¿A dónde váis, Monsiváis? O peor, el autor del famoso retruécano sobre chivo que pegó un reparo y en el aire se detuvo…
No todo está perdido, si embargo, Acapulco tiene otras calles dedicadas a Netzahuacóyotl, Sor Juana Inés de la Cruz, Rubén Mora, José Martí, Francisco Granados Maldonado e Ignacio Manuel Altamirano.
En materia de creadores de música popular apenas si se cumple con calles para José Agustín Ramírez (centro), Tadeo Arredondo Villanueva (la que lleva a la arena Coliseo) , Álvaro Carrillo (andador en la ampliación Miguel de la Madrid) y Juventino Rosas (centro).
Calles
El presidente Plutarco Elías Calles inaugura la carretera México-Acapulco desde la residencial oficial del Castillo de Chapultepec. Lo hace oprimiendo un boton rojo sobre un atril, acción que hace detonar a larga distancia una roca enorme dejada a propósito sobre la ruta. Una docena de automóviles del año (1927) serán los primeros en entrar al puerto. Calles tiene calles en Acapulco, por supuesto.
Al Turco, como le apodaban sus malquerientes por el Elías, no le hará gracia un sketch teatral brevísimo sobre el homicidio del general Álvaro Obregón:
–¿Ya se sabe quién mató a Obregón?
–¡Cálle…se, cabrón!




