Eduardo Pérez Haro
El entrampamiento de las reformas y el desarrollo de México
Para Martha Mendoza Ramírez.
Un Estado fuerte sugiere una mayor capacidad para dirigir el rumbo de una nación y ello supone, por un lado, una economía-presupuesto suficiente, que en este caso proviene fundamentalmente de la recaudación fiscal, y por otro lado, el respaldo mayoritario de las sociedades de base.
Podríamos imaginar que este es el sentido que norma el accionar del presente régimen de gobierno encabezado por Enrique Peña Nieto, y sería natural entender que lo haría librando algunos obstáculos.
Siendo así, podríamos decir que las cosas, aunque con algunas limitaciones, van por buen camino, pues lo más importante es que las Reformas Estructurales, ya han sido aprobadas y en sentidoestricto ya sólo resta la Reforma Energética tras la reciente aprobación de la Reforma Fiscal con la que queda listo el Presupuesto del Gobierno Federal para el año 2014.
Hacia adelante, lo que viene es la recuperación de las voluntades discrepantes, que pronto se convencerán al registrar en carne propia las bondades de la recuperación del ritmo de crecimiento que, para empezar, el próximo año alcanzará entre el 3.0% y el 4.0%.
Sin embargo, existen condiciones concretas que parecen modificar el terso trazo de estos contenidos y orientación del proceso en curso que se dirige al balance de su primer año. Los obstáculos son más de los previstos y de mayores dimensiones, pero no sólo, pues también parecen revelarse las insuficiencias en la definición del rumbo y la ingeniería política, así como de las capacidades operativas.
Un Estado fuerte con políticas del nuevo clasisismo neoliberal conlleva una contradicción que termina perfilando el dilema de ser o no ser. El neoliberalismo precisa del más amplio margen de libertad para el capital y por tanto de la retracción del Estado a su mínima expresión y con el menor costo posible a efecto de que no distorsione el libre accionar de los mercados y asegure la estabilidad macroeconómica. La inversión para el crecimiento económico deberá promoverse desde la plataforma del sistema financiero.
El margen de inversión del Estado, deberá restringirse a aquellas áreas que no le compitan al desarrollo del capital y que si, en cambio, detonen movilidad de las empresas, por ejemplo infraestructura cuya tasa de recuperación es lenta y de largo plazo, algo en lo que el capital privado no debe distraerse.
Cómo cumplir con este esquema cuando las relaciones de intercambio en importaciones y exportaciones se realizan con un país en crisis (Estados Unidos).
Un país que a pesar de ser la principal economía del mundo, al estar en crisis se ve obligado a disminuir severamente sus compras, debilitando nuestras ventas por exportación y así nuestros ingresos y por tanto, nuestra capacidad de importación para la operación, refaccionamiento y ampliación de la planta productiva.
Y cómo confiar la expectativa de crecimiento cuando esa potencia económica (EEUU) proyecta retraer su política de ayuda monetaria para dirigirse a un acto de contrición –económica- quesumará menor dinamismo en su economía. Y cómo hacerlo cuando en su interior manifiesta un diferendo polarizado sobre la función y modalidad específica del papel del Estado-Gobierno en la vía de la recuperación…, tal y como se ha expresado en la parálisis presupuestal a la que estuvo sometido hace apenas tres semanas y cuyos costos se habrán de repercutir en pérdidas directas e indirectas que alcanzan al resto del mundo.
Contra todo supuesto –oficial– que inspiró el esquema de gobierno, México registra un impacto directo que lo llevó a disminuir en más del 50% su pronóstico inicial de crecimiento económico y aún no se ha dado la última palabra, pues al contabilizarse los costos de las contingencias climáticas del mes pasado (Ingrid, Manuel y ahora Raymond) se modificó por tercera vez bajando a 1.7% según fue anunciado por el titular de la Secretaría de Hacienda. Y al cierre de la Asamblea Anual del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial, el 12 de octubre la Directora Gerente del FMI Christine Lagarde, declaró que México crecería al 1.2%.
Mas no sólo había un mal cálculo de cómo se vendían las implicaciones de la crisis de los Estados Unidos y sus extensiones-repercusiones globales, sino que el pronóstico de crecimiento no es claro en una definición más precisa sobre perfil productivo con el que México puede inscribirse en el nuevo umbral de competencia de la presente y próxima fase del desarrollo capitalista mundial (crisis-recuperación-auge). Se deja abierto al ingenio de los “emprendedores” que van por los negocios de ganancias rápidas y extraordinarias sin estructurar con una visión de país el sentido histórico del largo plazo.
El régimen de gobierno revela una posición distante del Estado fuerte que se presuponía en el esquema que se dibujó en el párrafo inicial de este texto. El supuesto es falso y el problema es mayor. No hay falla de cálculo sino estrabismo, que deviene en torpeza de actuación y desempeño.
La reforma laboral con la que se hizo la bisagra entre el régimen del PAN y el regreso del PRI, y que sirvió de cimiento al Pacto por México, a la fecha arroja un desempleo de 2 millones 750 mil personas que buscan trabajo sin oportunidad alguna, el INEGI como organismo responsable del gobierno para dar esta información, reporta un desempleo abierto del 5.29% siendo la tasa de desempleo más alta de los últimos ocho meses y que alcanza a ser de 160 mil desocupados más que al cierre del noveno mes del 2012.
La reforma educativa sigue sometida al cuestionamiento de los maestros de la CNTE y la reforma fiscal cierra dejando una estela de insatisfacciones entre sus promotores y los diversos sectores afectados por los incrementos de impuestos que habrían de cubrir la despetrolización y ampliación del presupuesto gubernamental que terminaron por perderse en el camino, pues ni se extendió el IVA a alimentos y medicinas ni se despetrolizó el presupuesto pues la ampliación del PEF tuvo que apoyarse en un supuesto mejor precio-ingreso de las ventas del petróleo y en la ampliación del techo permisible de la deuda.
Todo mundo salió insatisfecho del resultado obtenido por la tan esperada y prometida reforma fiscal, el gobierno para empezar porque se trastoca “La Estratagema del Presidente” (ver artículo anterior), diversos sectores empresariales se aprestan a ir a tribunales para intentar revertirla y aunque no lo alcancen “tarde o temprano cobrarán la factura”, y las clases medias y el sector popular tendrán que asumir las repercusiones en precios y tarifas de los bienes y servicios públicos y privados amén de los riesgos de otros desequilibrios macroeconómicos que se traducen en mayores tasas y condiciones para acceder al crédito, caída de ventas y quiebre de las empresas ydesempleo. Ha sido tal el trauma, que ya se habla de la reforma fiscal que por enencima vez se emplaza para los años próximos.
Así las cosas, preocupa decir que lo peor aún no ha sucedido, pues ya dejábamos ver los cambios en la política monetaria de Estados Unidos y su impacto en la disminución del crecimiento económico de México que por un lado revivificaría la fuga de capitales (que ya se registró a mitad del presente año), el aumento del costo del dinero y la dificultad de la inversión, lo que por otro lado, traerá incremento de precios al consumo (inflación que por lo demás también afecta al capital) y desempleo.
Sobre esta base no parece cumplirse el cuadro de condiciones para atraer a los disidentes o inconformes pues existen sectores que se disponen a pelear, legalmente y en las calles por lo que a cada quien le toca en este panorama sean trabajadores, desempleados o empresarios, con lo cual la segunda condición de un Estado Fuerte (el respaldo mayoritario de las sociedades de base) queda disminuida con riesgo de debilitarle en su presente accionar y hacia el ejercicio gubernamental del próximo año que será el de “su primer presupuesto” y el que precede a las elecciones intermedias que suelen politizar (léase contaminar-complicar) la acción de gobierno, de los partidos políticos y de la sociedad misma.
El Pacto por México evidencia las limitaciones de su aparente trascendencia histórico-política para revelarse en su acotamiento burocrático-político, las reformas estructurales se achatan en sus propias pretensiones amén de su liberalismo de rumbo genérico (crecimiento económico) sin definición contextual-global, regional y/o nacional, y su respaldo sociopolítico queda en el limbo, las sociedades de base y la oposición de las organizaciones políticas y movimientos sociales se tornan sin articulación ni claridades alternas de corto y largo plazo, y las corporaciones empresariales enfadadas y reñidas.
Es menester reordenar factores y revisar estrategias, no sólo del gobierno sino de los diferentes actores individuales y colectivos, y procesar nuevos criterios de política económica y de política-política. Reinventar el Estado fuerte, fuera de la aparente disyuntiva entre el Estado y el mercado, como diría Carlota Pérez, reconocer la transición de la crisis-a la nueva fase de desarrollo en la lógica de la destrucción creativa de la que habló Shumpeter, reconocer las importancia de la producción como reproducción basada en el desarrollo incesante las fuerzas productivas (innovación, cambio y adaptación de nuevos esquemas tecnoproductivos) que subyacen en la explicación marxóloga de las leyes del funcionamiento estructural del sistema, ir a las teorías de la información, los regulacionistas y el nuevo institucionalismo.
Y sin temor avanzar hacia la integración de nuevos cuerpos teóricos y andamiajes de política económica que no carecen de bases y orientación precisa para su integración paralela a la determinación de procesos democráticos, que le den admisibilidad a una nueva cultura y forjen un sentido común, apuntar a la recomposición política y nuevas hegemonías de las que habló Gramci.
Es el tiempo de integrar la ciencia y la política, las nuevas tecnologí@s y la educación, la reorganización del trabajo productivo y nuevas instituciones, es el tiempo de reconocer la interdependencia global y la fuerza de la autonomía del Estado Nación.




