Arturo Solís Heredia
CANAL PRIVADO
*Desconfianza política creativa
Se percibe en no pocos sectores de la sociedad civil guerrerense, desconfianza y suspicacia por el uso, manejo y destino que tendrán los dineros aprobados para la reconstrucción de los daños que dejó el diluvio de Manuel.
No se necesitan encuestas ni estudios de opinión para descubrirlo, basta escuchar lo que dicen muchos de los que comparten nuestro entorno cotidiano, basta leer lo que escriben muchos de los vecinos de nuestras redes sociales.
Los fondos para la reconstrucción tentarán irremediablemente la avaricia y la ambición de los inescrupulosos, impacientes ante la inminencia de negocios tan privados y obscuros, como lucrativos y prontos. En síntesis, esa parece ser la convicción de no pocos sectores de la sociedad civil guerrerense.
Veraz, justa, fundamentada, o no, lo único cierto por ahora es que esa percepción existe y, por ende, es un problema que el gobierno debe enfrentar y desactivar, si no quiere reprobar el juicio popular al resultado de los trabajos de reconstrucción; parafraseando a don Jelipe Calderón, haiga sido como haiga sido.
Para fundamentar nuestro pesimismo, nada como enterarse ayer de que todos los municipios de Guerrero, entre los que se incluyen los de mayor población, reprobaron en materia de transparencia, por la opacidad en obras, gastos, cuestiones laborales y consejos ciudadanos, de acuerdo con el Colectivo Ciudadanos por Municipios Transparentes.
En principio, una esperaría de los buenos políticos –los honrados, serios y comprometidos con su pueblo, que los hay–, mucho más que preocupación pragmática electoral ante la desconfianza ciudadana hacia la política.
Como cualquier persona o grupo que se siente víctima de una difamación, uno esperaría inconformidad, indignación, rechazo y protesta, en defensa de su buen nombre y reputación.
Pero además, de los buenos políticos uno esperaría preocupación por el daño que esa desconfianza causa a la política como sistema de organización social, y a la gobernabilidad democrática.
Como el vicesecretario general de Estudios y Programas del Partido Popular español, Esteban González Pons, quien definió bien el problema de la desconfianza ciudadana en la política. Entrevistado acerca de la situación española, dijo que “la crisis y la corrupción nos hacen daño dos veces”. En primer lugar, apuntó, “cuando nos perjudican y nos humillan” y en segundo, “cuando hace que se generalice la desconfianza y el descrédito” hacia la política.
En este sentido, más adelante en la entrevista, González Pons sostuvo que “es imperdonable robar dinero público, pero es igual de imperdonable que se robe confianza pública. Es imperdonable que se vaya el dinero de todos, pero es igual de imperdonable que se marche por la ventana la confianza hacia todos los políticos, porque no todos somos iguales. No podemos consentir que la política se criminalice y se convierta en la ley del que más grita y del que más presiona”.
Por eso decía antes que esa percepción también es un problema para la sociedad civil, y que como tal debemos enfrentar y resolver, si no queremos renunciar de antemano a cualquier tipo de influencia, vigilancia y participación, que impulsen el buen éxito de un proyecto que a nadie más que a nosotros incumbe y debería interesar.
Y es que la desconfianza en los políticos es una respuesta colectiva que la ciudadanía convierte en actitudes y prácticas de inconformidad, insatisfacción, lejanía, indiferencia y apatía, bien hacia el propio sistema político, bien hacia su funcionamiento.
En este sentido, Noemí Bergantiños, doctora en Ciencia Política y de la Administración por la Universidad del País Vasco –quien ha investigado las formas de desconfianza política en España, y sus efectos en los procesos de participación ciudadana–, advierte que “el compromiso de la ciudadanía es indispensable para aumentar la eficiencia democrática y el equilibrio de poder”.
Aunque asegura que “la desconfianza política no debilita la democracia sino que la fortalece, porque fomenta la generación de espacios de participación ciudadana, así como de alternativas”, distingue dos variables del fenómeno.
“La desconfianza es uno de los principales sentimientos que la ciudadanía señala para referirse a la política. Esta circunstancia ha llevado a muchos autores a identificar esta desconfianza como una muestra de las sospechas y el temor que pueda generar entre la ciudadanía la propia democracia y preguntarse así si nos encontramos ante una pérdida del sentido democrático ciudadano, y si realmente existe un suficiente apoyo a la democracia. Sin embargo, desde otras posiciones también se defiende que existe una desconfianza política de tipo democrático. Esta desconfianza muestra su lealtad con la democracia y trata de afirmar su objetivo, de velar para que la democracia sea fiel a sus compromisos y se mantenga y preserve su exigencia de servicio al bien común.
“Más aún, existe una desconfianza política creativa que activa las potencialidades democráticas de la desconfianza para resistir y desafiar aquellos hechos que generan la desconfianza desde posiciones de responsabilidad proactiva”.
El peligro, dice Bergantiños, es que la sociedad civil canalice su desconfianza en la política en una mera inconformidad pasiva, que no sirve a los ciudadanos, ni resuelve sus problemas.
Pero desde el enfoque de la desconfianza creativa, agrega, “determinadas formas positivas de desconfianza política permiten romper con el orden establecido en aquellos puntos en los que existe disconformidad, lejanía o rechazo. Permite que la respuesta de la ciudadanía adquiera un papel que va más allá de la simple muestra de apatía para reafirmar el protagonismo de esta ciudadanía en su oposición frente a aquello que critica y su aportación en la búsqueda de nuevas alternativas”.
Para la politóloga española, “el compromiso de la ciudadanía se hace indispensable para la recuperación de la política, para el reconocimiento de su importancia en la construcción de más y más justos equilibrios de poder”.
Por eso, el lema de la XV Conferencia Internacional Anticorrupción que se celebró en Brasil en 2012 fue ‘Movilizar personas y conectar agentes para el cambio’. Transparencia Internacional, organizadora del encuentro, explicó entonces que “mediante este lema se pretende animar a la sociedad civil a participar más activa y directamente en la lucha contra el fenómeno global de la corrupción”.
Por eso, la desconfianza y suspicacia ciudadana que se percibe por el uso, manejo y destino que tendrán los dineros para la reconstrucción, debería servir para mucho más que el desahogo inútil de la inconformidad, y convertirse en una desconfianza política creativa que obligue a que los responsables de ejercer esos dineros sean fieles a sus compromisos, y se mantenga y preserve su exigencia de servicio al bien común.




