Visitan atoyaquenses algunos de los cinco panteones para recordar a sus muertos
*En promedio 800 pesos gasta una familia para sus altares y la reparación de las tumbas en este Día de Muertos
Francisco Magaña
Atoyac
En Costa Grande desde el 31 de octubre en la noche, las familias que tienen familiares que murieron siendo niños levantan altares en los hogares, por ser el día de los angelitos, a quienes reciben con cohetes la madrugada del 1 de noviembre.
La señora María de los Ángeles Vázquez acudió el día primero al panteón del centro de Atoyac, a llevar flores a su hermana fallecida Martha Elva Meléndez Longares y su hija Verónica Balanzar Vázquez, a quienes cada año visita y pasa el día por la mañana en el cementerio, después de que en la tarde del 31 de octubre se encienden las velas y arregla el altar familiar.
Atoyac cuenta con cinco panteones, dos en Lomas del Sur y El libertad por el camino de El Nanchal, y los dos panteones del centro de la ciudad; estos últimos son los que mayor demanda de visitantes registran en estas fechas.
En el lugar se observan tumbas antiguas, que datan desde 1929, con arquitectura barroca y otras con influencia gótica; algunas, pese a que ya no son visitadas, se mantienen en buen estado, como la de un dentista de apellido De la Concha, quien falleció en la sala del cine Álvarez, por un infarto.
La señora Ángeles Vázquez Señala, aun cuando las cosas suben de precio, busca mantener la tradición comprando la tradicional flor de cempasúchil, con las que hacen cadenas para decorar las tumbas y altar, y hacer los ramos para llevarlos al panteón.
Precisó que en promedio se gastan 800 pesos entre la corona de flores, velas, flores y ofrendas, que preparan en familia, que consiste en arroz de leche, tamales nejos, carne puerco guisada en chile rojo, mole, pan de muerto, dulces de calabaza y figuras de azúcar tradicionales del Día de Muerto.
Señala que lo invertido se compensa, “y vale la pena por el gusto de estar y recordar a los seres queridos que se adelantaron”.
Para el Día de Muertos se ha vuelto una tradición instalar, en el primer cuadro de la ciudad, el tianguis del feriado, donde se ofertan coronas de flores de tela, de diversos tamaños, que van desde los 100 hasta 300 pesos; veladoras desde 20 a 30 pesos.
Se edificó un altar en el zócalo de la ciudad y otro en la iglesia, donde los visitantes se toman la foto del recuerdo, al igual que el que se montó por estudiantes del CBTIS 216, en el bulevar Atoyac-Y Griega.
La flores con más demandas para esta festividad son la de cempasúchil, madroñas y africanas, que inundan con diversos tonos de amarillo, naranja y lila, los pasillos de la plaza principal, donde se han instalado puestos para esta fecha, para comodidad de los compradores y visitantes.
Los trabajos remozamiento de las tumbas se observan hasta el mismo 2 de noviembre, para lo cual algunos emplean, para los trabajos de pintura y albañilería, a quienes cobran antes del 1 de noviembre 80 pesos por limpiar el panteón, y para el día 2 de noviembre el precio incrementa hasta 150 pesos.
Asimismo los niños se emplean para acarrear agua y otros venden latas para maceteros, que van desde 10 y hasta 15 pesos, según el tamaño; lo que es un ingreso para muchas familia en esta fecha, quienes a lo largo de la calle del panteón instalan puestos de comidas, velas y flores.




