Periódico con noticias de Acapulco y Guerrero

Jesús Mendoza Zaragoza

Un negocio de 30 mil millones de pesos

El anuncio del presidente Peña Nieto de la puesta en marcha del Plan Nuevo Guerrero, que incluye obras de infraestructura de grande calado con una inversión de 30 mil millones de pesos, pretende dar respuestas tanto a las condiciones del desastre dejado por la tormenta tropical Manuel y a la necesidad de impulsar el desarrollo del estado de Guerrero. Ha sido un anuncio que quiere mostrar el trato preferencial del gobierno federal hacia esta región, tan golpeada por la pobreza y por los desastres. Al mismo tiempo, se pretende atraer inversiones por 61 mil millones de pesos, muy necesarias para esta región. Hasta aquí, las cosas suenan bien. Pero hay que despejar algunas incógnitas sobre las implicaciones de este plan federal, que necesitan una aclaración pertinente.
Este plan ha provocado el beneplácito de personajes de la política y de la iniciativa privada que plantean la necesidad del desarrollo para superar la criminalidad y el rezago social. Desde luego que el desarrollo puede poner las condiciones para mejorar la vida de las personas en nuestra región. Pero eso sí, no cualquier tipo de desarrollo. De hecho, empresarios y políticos han estado patrocinando el desarrollo desde hace mucho tiempo con los resultados que están a la vista: exclusión, pobreza extrema y violencia. Incluso, hay que reconocer que el modelo de desarrollo que se ha impulsado hasta ahora ha sido un factor decisivo de la violencia y de la miseria generalizada en un inmenso segmento de la población.
Plantear que el desarrollo multimillonario por sí mismo va a mejorar las cosas, es una de las grandes ambigüedades de la retórica de las élites. Porque resulta que ellas son las que resultan beneficiadas; los empresarios esperan jugosos negocios y los políticos esperan una oportunidad para las corruptelas mediante los manejos oscuros del presupuesto. Esta es la dinámica que ellos han dado al proyecto hidroeléctrico de La Parota, del que nunca han podido mostrar los supuestos beneficios que ofrecería a la población aledaña, pues éstos no están incluidos en el modelo de desarrollo neoliberal que, en su misma definición, genera exclusión.
Lo que quiero dejar claro es el planteamiento de que el desarrollo sin la elemental democracia solo beneficia a los de siempre, a las élites, que se apoderan de las decisiones sin escrúpulos y sin sensibilidad social y que saben convertir las inversiones públicas en magníficos negocios para sus allegados. Hay una pesada maquinaria política que avasalla en las decisiones y no permite la participación social en las grandes decisiones económicas porque contradice los esquemas propios de plantear el desarrollo y no tienen la capacidad para pensar en la democratización de la economía.
Con decisiones de este tipo, es de esperarse una serie de conflictos sociales en la aplicación del Plan Nuevo Guerrero. Sin informar suficientemente a la población para que participe en las necesarias consultas de manera que los beneficios se distribuyan, sobre todo entre los más pobres y desprotegidos, éstos quedarán excluidos de este supuesto desarrollo. Esto es lo que la experiencia nos ha dejado como lección. Por eso, prevemos que la inercia de las decisiones políticas en temas como el desarrollo, no da lugar a la participación social y, por lo mismo, saldrá peor el remedio que la enfermedad.
Ojalá que se promueva el desarrollo mediante decisiones más democráticas y ojalá se atraigan más inversiones que tengan como fin primero la superación de la pobreza extrema de los pueblos. Pero esto sucederá cuando los pueblos participen en las decisiones que les beneficien o les afecten. Por eso, toda propuesta de desarrollo sin democracia, resulta engañosa. Y las inversiones públicas derivan en jugosos negocios, sin más, para sus promotores.

468 ad