Periódico con noticias de Acapulco y Guerrero

Abelardo Martín M.

Las calenturas ajenas

La impunidad y la violencia van juntas, hacen sinergia y deterioran la gobernabilidad, la paz social y la armonía; destruyen física y espiritualmente a la sociedad y cancelan el progreso.
Las llamadas fuerzas del orden tienen como tarea y razón de ser el garantizar una convivencia en la que el delito y la injusticia tengan consecuencias. Sin embargo, en los últimos tiempos se ha creado la percepción de que los malosos van ganando la batalla frente a una sociedad atemorizada, amenazada,? sorprendida y merced a fuerzas cuya realidad muy pocos conocen. ¿Son realmente más fuertes y mejor equipados, quienes delinquen, quienes viven del robo, el chantaje, la extorsión y, en general, el delito?
Pero lo que sorprende aún más, es que los distintos órganos de seguridad y justicia estén descoordinados, divididos y hasta enfrentados. Es conocido que en varios estados el Ejército no quiere trabajar con la Policía Federal  o visceversa. Priva el recelo y la desconfianza entre distintas corporaciones, no se diga entre quienes tienen a su cargo responsabilidades federales, estatales o municipales.
Por eso llama la atención que, recientemente, el gobernador Ángel Heladio Aguirre Rivero exhortara al alcalde de Acapulco, Luis Walton Aburto, a que “a la brevedad” someta a la aprobación del cabildo la designación realizada por el gobierno federal y estatal del nuevo jefe de la policía porteña, Alfredo Álvarez Valenzuela, un agente federal que algunos critican porque –dicen– enfrenta denuncias por abuso de autoridad y por pertenecer al grupo policiaco denominado La Hermandad. También –dicen sus críticos– en 2011 fue el encargado del operativo Guerrero Seguro en la época del desalojo? de normalistas de Ayotzinapa en el que intervino un contingente de la Policía Federal.
El gobernador Aguirre había reconocido que la policía municipal de Acapulco “prácticamente no existe”, ya que se encuentra infiltrada por el narco, y le recordó a Walton Aburto que varios alcaldes, incluido él, firmaron el convenio del mando único policial, de acuerdo con las versiones periodísticas.
De esta forma, Aguirre respondió a Walton, quien debido a que no fue tomado en cuenta para la designación de Valenzuela, ayer mismo declaró que no hay ningún cambio en la policía porteña, pues él no ha realizado propuesta alguna al cabildo en ese sentido.
Aparentemente hay un diferendo entre la autoridad estatal y municipal por la designación de quien tendría que devolver a Acapulco la tranquilidad, la armonía, la paz y el progreso, deteriorados por acciones fallidas en el tema tan delicado de la seguridad.
Nadie duda de la experiencia de Valenzuela en temas policiacos y de seguridad, pero su supuesta pertenencia a la llamada Hermandad, lo vuelve blanco de ataque de sus malquerientes.
La Hermandad es un grupo conformado por viejos funcionarios y policías del Distrito Federal, a quienes se relaciona con abusos, extorsiones, secuestros, corrupción y complicidad, según un reportaje difundido el 2 junio pasado por el semanario Proceso.
En los cuerpos de seguridad hay falta de liderazgo, mando y disciplina. Ayer mismo, un grupo de policías preventivos se manifestaron en las inmediaciones de su cuartel en protesta por la suspensión provisional que se les aplicó desde octubre.
Estaban encabezados por? Leobardo Damián Jiménez, comandante del primer turno de la policía capitalina, quien dio a conocer que 54 elementos desde octubre fueron notificados de la suspensión provisional de sus derechos como agentes en activo porque no pasaron los exámenes de control y confianza, pero no les explicaron las causas por las que fueron reprobados.
Indicó que los agentes saben que el Centro de Evaluación Policial de Guerrero no está acreditado ante los órganos nacionales, razón por la que se generó la inconformidad. “Nos informan por escrito que ya no podemos fungir como policías, pero los documentos que nos envían no tienen firmas, sellos ni los emblemas de la institución”, subrayó. No hay argumentos contundentes para justificar su baja de la corporación, por esa razón es que decidieron iniciar un movimiento encaminado a defender su fuente de trabajo.
Más allá de quien tenga la razón, queda al descubierto cómo la falta de coordinación en la cúpula tiene consecuencias en la base. O también valdría la pena considerar aquel refrán de que “no hay para que sufrir ni padecer calenturas ajenas”, si se permite y se respeta que cada instancia asuma su responsabilidad y trabaje en consecuencia.

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