Jorge Camacho Peñaloza
Policía rural: más allá de la seguridad
*El progreso y el desarrollo son imposibles si uno sigue haciendo las cosas tal y como siempre las ha hecho. Wayne Dyer.
De acuerdo con el censo del 2010, el 78 por ciento de la población en el país vivía en localidades urbanas, mientras que el 22 lo hacía en localidades rurales; en Guerrero en ese mismo año, la población rural fue de 42 por ciento y la urbana de 58, sin considerar que grandes sectores de la población guerrerense vive en localidades mayores de 2 mil 500 habitantes que no necesariamente tienen una vida urbana sino todo lo contrario, son localidades en las que la gente tiene un modo rural de vivir, y si se considerara rural la población de estas localidades que desarrollan su vida ligada al campo, entonces estaríamos diciendo que la población rural en la entidad es mayoritaria.
La vida rural sin duda tiene una lógica distinta a la vida urbana, la perspectiva de la vida es diferente, la forma de tratar los problemas, la búsqueda de soluciones, la toma de decisiones, es muy distinta a la que se practica en las poblaciones urbanas, sobre todo considerando que esas comunidades rurales tiene una raíz originaria o predominio de población perteneciente a pueblos originarios desde antes de la conquista española.
Estas circunstancias obligan a dar un tratamiento distinto al tema de la seguridad pública en localidades rurales que en las urbanas, por lo que resulta viable la iniciativa de crear la policía rural en el estado de Guerrero, lo cual fue aprobado ayer en sesión del Congreso del Estado.
Las policías comunitarias pertenecientes a la Coordinadora Regional de Autoridades Comunitarias y al Sistema de Seguridad y Justicia Ciudadana, así como las iniciativas de esta naturaleza en localidades de Olinalá, Huamuxtitlán, Leonrado Bravo, Heliodoro Castillo, Eduardo Neri, Apaxtla de Castrejón, entre otros municipios, constituyen un avance en materia de participación de la ciudadanía, pero sobre todo en la democratización de la seguridad pública, que debe ser muy bien cuidado por sus propios protagonistas que son organizaciones sociales sólidas como la CRAC y los ciudadanos preocupados e interesados en participar en la solución del problema de la seguridad pública en sus comunidades.
El cuidado de ese avance democrático debe sustentarse en la legalidad, en la institucionalidad constitucional de la participación ciudadana, en la construcción de una normatividad que abarque la propia reglamentación que ya se han dado algunas organizaciones y grupos. Gran daño se haría a la democracia y a esos avances de las organizaciones y comunidades que ya cuentan o desean contar con sus propias policías, si la postura de estas o de sus dirigentes es la de erigirse equivocadamente y con una corta visión de los avances, como un poder autónomo, paralelo e independiente al Estado y en franca confrontación y actitud retadora a las autoridades y derechos de los ciudadanos protegidos por la Constitución, una Constitución que costó muchas vidas.
La policía rural vendrá a rescatar a la seguridad pública de un modelo basado en la utilización de los cuerpos de la fuerza pública para el mantenimiento del control del estado, cuando en realidad la seguridad es una parte del bienestar social en tanto condición de vida más que de coacción.
Hay que darle para adelante, con algo tenemos que comenzar para avanzar, el tramo que ya han recorrido algunas organizaciones se reconoce pero hay que reglamentarlo y sincronizarlo con las leyes superiores del estado y la nación, no es un echar en saco roto sus avances sino un aprovechar sus experiencias para retroalimentar la legalidad a través de los reglamentos correspondientes.
Lo más importante de la creación de la policía rural es que significa un avance en la democratización de la seguridad pública ya que sus integrantes serán elegidos por las propias comunidades, ya no serán los policías personas ajenas y desconocidas para la población sino vecinos reconocidos por su capacidad, honorabilidad y sobre todo por su conocimiento, identidad y amor a la comunidad; una policía así inspirará confianza y el apoyo de la comunidad al cumplimiento de sus labores, no serán policías desconocidos y despreciados, identificados con intereses ajenos a su función.
Que la comunidad elija a sus policías es un avance que va más allá de la seguridad pública, es importante empezar a reducir los índices delincuenciales, pero más allá de esto es también importante avanzar en la práctica de la democracia en la solución a los problemas de la colectividad.
Vuela vuela palomita y ve y dile: a los paisas que ya andan con su organización de seguridad, que hoy es el momento pa’ comenzar bien pero apegados a la ley y a la democracia, y no a confrontaciones y revanchismos que nada bueno aportan a la convivencia.




