Periódico con noticias de Acapulco y Guerrero

Eduardo Pérez Haro

Primer año de gobierno

Para Mercedes Garrido Lemini

Se aprueban reformas estructurales, se debilita la economía, la burocracia gubernamental se enmaraña, la brecha de la desigualdad se ensancha y las sociedades de base se desilusionan. El presidente Enrique Peña Nieto nos aclara que este año era para preparar las condiciones del próximo año que será el de la eficacia. Bajo esa lógica, entonces debemos de entender que las cosas se vienen dando conforme a lo previsto.
Eso no es verdad, lo que realmente se imaginó el Presidente es que podría surfear en la cresta de la ola ofrecida por “la estabilidad macroeconómica” y que el fenómeno de la crisis quedaría en el exterior (Europa principalmente y en menor grado Estados Unidos). Su gobierno lo vería desde un menor crecimiento económico (3.5%) respecto al que habría obtenido el régimen del PAN con Felipe Calderón en su último año de gobierno (3.9%).
Las vicisitudes de su campaña provocadas por la emergencia del movimiento estudiantil #yo soy 132 y la reanimación de la parsimoniosa campaña de Andrés Manuel López Obrador quedarían opacadas ante la “eficacia” de su gobierno en funciones. Gobernar era cosa sabida más allá de la eficiencia autoproclamada por el septuagenario Partido Revolucionario Institucional, su particular experiencia en el estado de México le otorgaba lo necesario, y lo que pudiese hacer falta lo completaría con el octogenario PRI del estado de Hidalgo y algo de Coahuila.
Los poderes fácticos, que son aquellos que por su peso económico y/o político no precisan de las formalidades ni de la ley, acompañarían el proceso de la gobernación dándose por satisfechos con agregar a la macroeconomía el abaratamiento de las condiciones de contratación y liquidación del trabajo y “el peligro para México” había quedado resuelto en las elecciones.
Bajo esas condiciones, el Presidente levantó la vista y alcanzó a verse como el hombre que habría de trascender, no ya con un gobierno “exitoso”, eso lo daba por descontado y ya lo tenía en su haber como lo probaba su paso por el estado de México y con él, el regreso del PRI a la Presidencia de la República, sino establecer al PRI como el residente en los Pinos para otra etapa de muchos sexenios.
No vamos a discutir si esto último lo logrará o no, para eso ya están peleando con ahínco el secretario de Gobernación Osorio Chong y el de Hacienda Luis Videgaray, y las oposiciones partidistas de izquierda y derecha ponen lo suyo, empero, esa no es nuestra preocupación por ahora, sino la reiterada posposición de la transformación de México en un país fuera de la ciénega del atraso, en una vía en la que México pueda superar la desigualdad social e inscribirse con nuevos acuerdos e instituciones en la construcción del mundo democrático glob@l del siglo XXI.
Con la reforma energética cierra su ciclo de reformas prioritarias aunque ahora, ante la perceptible inquietud de la población de las zonas rurales y su expresión en la inconformidad de las organizaciones campesinas anuncia (discurso de Nayarit) la reforma estructural para el campo (¿¡!?), habría que precisar a dónde se dirige con esta “generosidad” de última hora pero a reserva de discutir detenidamente esta cuestión del sector rural de México, lo cierto es que con la reforma energética  pretende coronar el 2013 pues supone 1) que le permitirá caudales de inversión extranjera y nacional en grado sumo, 2) articular un compromiso aliancista con el gobierno de Estados Unidos y así, asegurar al PRI en el poder y subir a las grandes ligas del mundo global.
Buen plan para el régimen más no por ello buen plan para México pero amén de ello, hemos de advertir que los planes sólo son realizables cuando hay control de las variables al menos la económica y la política y no es el caso precisamente.
Al menos en el primer año de gobierno las cosas no se han acomodado conforme al plan y ello puede descomponer el desenlace deseado para el régimen y por supuesto quedar muy lejos del plan que más convendría a los mexicanos todos que como lo expresamos anteriormente no es sólo el de los agregados macroeconómicos sino los de la economía familiar en la que descansa la vida diaria de los ciudadanos de a pie de los trabajadores de la ciudad y del campo, porque a estas alturas nos queda claro que cuando los agregados económicos encabezados por la tasa de crecimiento del PIB se comportan muy bien ello no equivale a que haya paralela y simétricamente mayor empleo e ingreso y ni siquiera para gran parte de los empresarios medianos y pequeños.
Las reformas estructurales con las que se festeja el primer año de gobierno se acompañan, como suele decirse de dos noticias: una mala y una buena. La buena es que sus resultados serán para el mediano plazo y no para ahora; la mala es que sus resultados no alcanzan a México sino sólo a las élites del gran empresariado mexicano con el agregado de que en adelante se compartirán de mejor manera con el empresariado del extranjero. Es un hecho que los términos de referencia o de competencia están hechos para el gran capital, no se prevén mecanismos con los cuales cerrar la brecha de la diferenciación productiva entre grandes y pequeños y medianos empresarios ni entre los muy ricos y los pobres que ahora incluye a las clases medias.
No hay mala fe en ello, tampoco buena, faltaba más… en realidad estamos ante una concepción que vive al amparo de cómo se han estructurado las ideas de la eficiencia y la libertad en los países más desarrollados de occidente, sin duda, particularmente, Estados Unidos como concepción y como idea y cultura dominantes, no sólo por su arrolladora fuerza económica y su siempre amenazante poderío militar sino por su moderna propagación a través de los medios digit@les de comunicación, o sea todos los medios de la comunicación.
Bajo este modelo de pensamiento en México se despliega un régimen que no atiende el déficit de los grandes momentos de cambio que se emprendieron en la lucha por la independencia de México en 1810 y la revolución de 1910. Ya no mira la historia sino se apega a un sistema de creencias con la modernidad del nuevo clasisimo y su metodología individualizadora y que al encontrar resistencias de parte de las sociedades de base apela al Congreso para que amplíe su margen de maniobra que deviene en un gobierno centralista y vertical.
La economía mexicana se deterioró sensiblemente en el curso del año y se cree que ello está condonado solo porque tiene su origen en factores externos sin ofrecer una alternativa mediante la atención prioritaria de las debilidades internas que encierran la clave de su mejor cobertura frente a los embates de fuera como bien podrían ser la contención y gradual superación de la pobreza con sendas políticas asistencialistas y la integración de las sociedades de base a la actividad productiva teniendo claro que hay necesidad de redefinir el patrón de producción y no sólo esgrimir discursivamente la máxima de la productividad sino entender la demand@ actual de bienes y servicios de dentro y de fuera y responder con una nueva generación de productos.
No hay guía para este sendero y nos hace pensar que no se le está entendiendo a la reestructuración mundial y por tanto no se tiene claridad del perfil económico y socioinstitucional que se requiere para  México en el tiempo actual. Eso se llama “parálisis paradigmática”.
La administración pública no está mostrando ni experiencia ni claridad ni estilo siquiera. Se reconocen flagrantes impericias, bloqueos de grupos y de personajes y personas. No conocen pero se embrollan. No saben para dónde pero se estorban. El subejercicio del que han hecho gala y que alcanzó a sumar un factor interno a la desaceleración económica es sólo una de las muestras de sus limitaciones. La suma de los factores sí altera el producto. La eficacia para el 2014 no tiene bases para ser creíble, acaso la recuperación de la economía de Estados Unidos podría venir a inyectar una posibilidad pero ello podría en el mejor de los casos reanimar los principales negocios y circuitos comerciales conectado al exterior mas no remontar las condiciones del atraso y la polarización interna en el seno del sector empresarial ni le brecha que separa a los desempleados y a los pobres que son la mitad de los mexicanos respecto de los demás. Y aún en ese escenario el asunto de la economía norteamericana no está claro para el corto plazo, así que abróchense los cinturones.
La sociedad nacional consciente y movilizada alrededor de sus diversas reivindicaciones será el mejor antídoto contra las limitaciones del entendimiento y las tentaciones autoritarias. Desde ahí no se abren discursos grandilocuentes, pero sí se ajustan criterios y se inspiran cambios que es necesario llevar a cabo en las ideas y los planes iniciales, más aún se pueden construir entendimientos y acuerdos con los cuales reordenar capacidades y redireccionar los rumbos del corto y mediano plazos. Ese es el pacto que hace falta, el otro sirvió para sacar el trámite de las cosas que el Presidente quería, pero, ¿quién va a sacar adelante las reformas que México requiere?
No se equivoque en la reforma energética que bien hace falta pero no mediante una privatización por falta de dinero; ese es un argumento y una salida muy pobres que no revelan dimensión analítica o no honra la verdad. Que se discuta pues la próxima reforma para el campo mexicano que la disminución de los precios para los productores bien lo amerita, pues debilita sus ingresos que son los de cinco millones de familias a la vez que no se refleja de igual manera para los consumidores pues ahí no bajan los precios y así de igual manera se debilitan nuestros ingresos. Ya vimos como terminó el primer año del régimen de gobierno encabezado por Enrique Peña Nieto y la verdad lo único que festejamos es que ya terminó, pero todavía falta ver cómo acaba el 2013.
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