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Pide el Papa a La Habana respetar las libertades individuales; se reúne con Fidel

DPA

La Habana

El Papa Benedicto XVI cerró ayer su visita a Cuba pidiendo el respeto a las libertades individuales y con una crítica al embargo de Estados Unidos sobre la isla. Antes, el pontífice criticó también la imposición de “verdades únicas” durante una multitudinaria misa en la Plaza de la Revolución de La Habana.
Poco antes de dejar la isla, el pontífice recibió la visita del ex presidente cubano Fidel Castro en la nunciatura apostólica de La Habana. Durante la misa en la plaza no se registraron incidentes con opositores, que hablaron el martes de arrestos temporales y cortes de sus teléfonos para impedirles comunicarse.
En su homilía en la plaza, Benedicto vinculó conceptos como la “verdad” y la “libertad”, aunque sin aludir directamente a la realidad de la isla. “Cuba y el mundo necesitan cambios”, dijo sin embargo el pontífice tras hablar de la necesidad de “una auténtica transformación social” y de la “reconciliación”.
“La verdad es un anhelo del ser humano y buscarla siempre supone un ejercicio de auténtica libertad”, señaló el papa ante el presidente Raúl Castro y miles de personas reunidas en la emblemática plaza. Unas 300 mil personas estuvieron en la plaza, según estimaciones presentadas por el portavoz del Vaticano, Federico Lombardi.
Si muchas personas relativizan la posibilidad de que exista “una verdad para todos”, otras creen que una única verdad debe ser “impuesta” al resto”, aseguró Joseph Ratzinger. Hay personas “que interpretan mal esta búsqueda de la verdad, llevándolos a la irracionalidad y al fanatismo, encerrándose en ‘su verdad’ e intentando imponerla a los demás”, sostuvo.
Aunque la Iglesia católica destaca el carácter únicamente pastoral de sus mensajes, estos son interpretados a menudo en clave crítica con la situación política de la isla.
En su mensaje de despedida, Benedicto mencionó por último brevemente las libertades individuales, así como el embargo estadounidense sobre la isla, al pedir que “la luz del señor” ayude a “fructificar” el alma de los cubanos.
“Que nadie se vea impedido de sumarse a esta apasionante tarea por la limitación de sus libertades fundamentales, ni eximido de ella por desidia o carencia de recursos materiales”, agregó.
Esa situación, sostuvo, “se ve agravada cuando medidas económicas restrictivas impuestas desde fuera del país pesan negativamente sobre la población”, dijo también en alusión al embargo económico impuesto por Estados Unidos desde hace medio siglo a la isla.
Sectores sociales como la oposición interna y el exilio cubano exigían al papa que se pronuncie en público sobre la situación de los derechos humanos en Cuba. Al mismo tiempo, el gobierno cubano esperaba que Benedicto condene el embargo estadounidense, tal y como había hecho su predecesor, Juan Pablo II, en su visita de 1998.
En su despedida en el aeropuerto de La Habana, Raúl Castro subrayó por su parte sus diferencias de opinión con Benedicto XVI: “Hemos encontrado muchas y profundas coincidencias, aunque, como es natural, no pensemos lo mismo sobre todas las cuestiones”, dijo Castro, que subrayó también los “sentimientos de respeto y afecto” con que la isla recibió a Benedicto.
Desde que llegó a Cuba el pasado lunes, Benedicto ha subrayado la necesidad de “reconciliación” entre los cubanos. La cúpula comunista de la isla, que gobierna desde hace más de medio siglo, está fuertemente enemistada con el exilio anticastrista asentado sobre todo en Miami.
El Papa pidió además mayores espacios para la Iglesia en la isla, donde la jerarquía eclesiástica se ha convertido en un importante actor social en los últimos años.
“Es de reconocer con alegría que en Cuba se han ido dando pasos para que la Iglesia lleve a cabo su misión insoslayable de expresar pública y abiertamente su fe”, dijo Benedicto. “Sin embargo, es preciso seguir adelante, y deseo animar a las instancias gubernamentales de la nación a reforzar lo ya alcanzado y a avanzar por este camino de genuino servicio al bien común de toda la sociedad cubana”.
La Plaza de la Revolución de La Habana se llenó ayer desde muy temprano para la misa de Benedicto, su último gran acto público antes de dejar Cuba. Las autoridades dieron festivo a los trabajadores de las empresas estatales para que puedan asistir al acto.
Altas autoridades del gobierno cubano asistieron también a la misa. Además de Raúl Castro, entre los asistentes estaba el ministro de Exteriores cubano, Bruno Rodríguez. El presidente de Venezuela, Hugo Chávez, que se trata en la isla del cáncer que padece, no estuvo en la plaza. El portavoz vaticano Lombardi rechazó además rumores previos de que el papa se había reunido el martes con Chávez.
Con quien sí se encontró fue con Fidel Castro, tal como había anunciado el histórico líder cubano en una de sus colaboraciones periodísticas publicada la noche del martes. Ambos se reunieron durante media hora, señaló Lombardi.

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