El desinterés hacia la cultura nutre la ola de violencia en Acapulco: curadora
Karla Galarce Sosa
Lorena Marrón se autodefinió “en este momento” como curadora de arte porque recién participó como tal en la instalación Vuelta Prohibida del artista Carlos Aguirre; sin embargo para ella “en otro momento soy crítica de arte, escribo sobre arte, también tengo proyectos fotográficos porque me interesan los aspectos transfroterizos del arte”, dijo ayer en entrevista celebrada en el Centro Cultural Acapulco antes del mediodía.
Para la colaboradora en revistas como Letras Libres, La Tempestad y el suplemento El Ángel del periódico Reforma, la contribución que hacen el Laboratorio de Arte Demina y el Instituto Guerrerense de la Cultura (IGC) del gobierno estatal, son un punto de partida para generar un movimiento de arte contemporáneo en la entidad que además ubique al puerto como una referencia en producción artística.
Sin embargo, señaló que falta la participación de la iniciativa privada en ese proceso de construcción.
A sus 30 años, Lorena Marrón dijo que falta mejorar el nivel educativo en Guerrero, que faltan más programas de becas para los creadores y un sector fundamental que proporcione al arte contemporáneo “juego” en el engranaje de la producción, la difusión y la distribución: la crítica de arte.
La joven admitió vivir entre Nueva York y su ciudad natal: Acapulco, ciudad a la que debe 18 años de recuerdos desde su nacimiento.
“Mi vida ha sido muy vertiginosa. Salí del puerto para estudiar Relaciones Internacionales y de pronto me di cuenta de que me interesaban las artes y las humanidades; desde que entré a la universidad, cargué con una cámara y registraba básicamente todo lo que podía. Tomé varias clases de historia y teoría teatral. Mi primera chamba fue en una revista de arte, en la ciudad de México, sentí que debía estar en el centro para conocer la capital, vivirla, experimentarla, conocer la producción artística de ese momento”, contó.
En 2005 comenzó su incursión en la crítica artística, lo que la llevó a cursar una maestría en arte moderno y contemporáneo.
Marrón ha colaborado también en diversos catálogos y ha participado en la curaduría de proyectos exhibidos en Acapulco, la Ciudad de México y Nueva York.
La ex becaria del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (Fonca) durante 2009 y 2010, es oriunda de Acapulco y radica, desde hace año y medio en Nueva York.
“Ahora que vivo en Nueva York, estoy largas temporadas en Acapulco. Me gustaría pensar que vivo entre Nueva York y Acapulco. Lo que me deja Acapulco son muy buenos recuerdos y malos sabores de boca”, dijo.
Confesó que uno de los peores sinsabores que se llevará toda la vida de Acapulco, será la “pésima educación” que recibió en colegios privados.
Mencionó que a la luz de los hechos de violencia que inundan el puerto, el incendio de un puesto de libros pasó casi inadvertido por los medios de comunicación.
Explicó que Vuelta prohibida busca originar preguntas a los espectadores, a partir de la interpretación de Carlos Aguirre, creador del proyecto en el cual participaron cinco artistas locales.
“A la luz de todas las grandes tragedias que ocurren en Acapulco, sé que esto (la quema de libros) no es una nota de primera plana, y lo entiendo, no hay nada más importante que la violencia que está ocurriendo pero, éste tipo de eventos relacionados con el poco interés hacia la cultura y la educación y tienen mucho que ver, son el pasado, son lo que nutren esta gran ola de violencia”, comentó.
Respondió que la violencia es resultado de la pobreza, el abandono, la desesperación, de salidas fáciles y faltas de oportunidad, de una serie de malos gobiernos, una consecuencia a un abandono de las personas y sus espacios de vida, a sus colonias y comunidades.
Reiteró que el arte contribuye en la modificación de pensamientos, cuyo punto de partida es el auto cuestionamiento y el entendimiento.




