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Eduardo Pérez Haro

UN 2014 incierto

*Nuestros gobernantes creen que la política es capacidad de control, que el país es de los hombres de negocios y que Estados Unidos es el único modelo, y así lo que no se haga  con el vecino del norte no es posible

Para Maythé Ramírez

Este 2014 nos recibe con incertidumbre sobre el curso que puede tomar la historia contemporánea en el mundo y en México. Lo único que está claro es que no está claro. Los países desarrollados no terminan de encontrar la salida del laberinto de la crisis; los países emergentes no la tienen fácil al quedar envueltos en la recesión de los países desarrollados; los países atrasados se carcomen entrampados al servicio de lo que hacen y deshacen los países desarrollados y los emergentes.
Estados Unidos decidió retraer su esquema de ayuda monetaria al funcionamiento de su economía, la principal del planeta por su densidad y red de expansión internacional. Ese cambio en la política económica se anunció desde mediados del año pasado, pero no fue sino hasta mediados del último mes que se tomó la determinación, y se inauguró entonces un fundamento con el que se quiso aplaudir desde la plataforma de nuestro país.
Se dijo que era la recuperación del empleo como signo de alivio de la crisis y por tanto el principio de la recuperación sostenida de la economía norteamericana con lo cual se daba el anuncio de que las cosas vendrían bien para México. Lo cierto es que ese argumento no estuvo presente a mediados del 2013 cuando se dijo que, ante la falta de respuesta a los esquemas de ayuda monetaria (Q1, Q2 y Q3) y el fuerte endeudamiento que ello representaba, habría que retirar esos esquemas y entrar a un túnel de austeridad y pagos que pudiese recuperar al sistema financiero para después desplegarlo en una vía de dinamización de la economía.
En diciembre que se toma la determinación de reducir los esquemas de ayuda de 85 mil millones de dólares a 75 mil en una rampa progresiva de reducción mensual de 10 mmdd, se dice que es porque ya la crisis ha quedado atrás y el empleo será el signo de los nuevos tiempos que se inauguran a partir del 2014. Lo cierto es que ese no era el argumento y lo cierto es que en diciembre se generaron 74 mil nuevos puestos de trabajo a diferencia de los 219 mil que se crearon en 2012, los 230 mil del 2011 o los 95 mil que se crearon en 2010 después de los 220 mil que se perdieron en el 2009 por el estallamiento de la crisis. Así lo recapitula Enrique Quintana en su columna de ayer en El Financiero destacando que no se había tenido un diciembre tan malo en materia de empleo durante los seis años que lleva la crisis en el vecino país del norte.
Lo cierto es que el camino de la recuperación en Estados Unidos aún no pisa suelo firme, que China e India asimilan gradualmente esta disminución de la economía norteamericana que se aumenta en la esfera mundial con la recesión europea y la prolongada crisis de Japón. China e India crecen al 7.5 por ciento y al 5.5 por ciento respectivamente, en un tono de disminución relativa frente al promedio de 10 por ciento y 8 por ciento que venían registrando con anterioridad a la crisis de los países desarrollados y aunque han dado un giro a sus estrategias de desarrollo basándose en sus economías internas lo cierto es que ello tardará en madurar y reflejarse.
Rusia y Brasil atraviesan por un estancamiento relativo y en general no se ven condiciones para el realce de la economía mundial en el 2014, por el contrario en una condición de bajo crecimiento las tensiones se incrementan y así se manifiesta en el Lejano y Cercano Oriente. Siria es un escenario que revela el cruce de intereses próximos y remotos, de los países vecinos y de las potencias. Las disputas veladas por los recursos energéticos y minerales en África y las islas Senkaku y Diaoyu en el Lejano Oriente son otros frentes de tensión bélica. La fragilidad de la paz se agudiza en la debilidad de los fuertes y en el interior no son pocos los territorios nacionales que son escenario de manifestaciones multitudinarias, unos más y otros menos pero tranquilidad no es lo que priva salvo en la comunicación periodística de países como el nuestro que han optado por ponerle un velo a la realidad.
No es mi interés pintar un cuadro catastrófico, sino revelar problemas y contradicciones que se despliegan por un mundo que se conflictúa mientras los dueños del dinero se muestran insaciables sin reparar en la recuperación y sostenibilidad del desarrollo de países y regiones y no sólo el de sus empresas y corporaciones. México hizo una apuesta con la reforma energética que hoy permite a Estados Unidos visualizar una nueva etapa en este reglón y detrás de ello su recuperación económica. México supone que ello representa una vía firme para anclar el crecimiento sostenido, pero nuestra clase gobernante también sabe que en eso todavía no hay resultados de corto plazo ni seguridades plenas de largo plazo, o sea que eso es una apuesta, un albur.
La ostentosidad del poder se expresa en ese juego que se usa en relevo de una reflexión más amplia y profunda, y un hacer de la política más acorde a la exigencia de la historia y del futuro de los pueblos que están de por medio. Y si de riesgos se trata, la pregunta es ¿por qué no jugársela con los mexicanos en lugar de rendirse a una posibilidad de continuar por una senda que no le ha traído al país el desarrollo postulado desde sus orígenes como nación? Lo cierto es que muestra una inercia cultural de nuestros gobernantes y muy poco entendimiento del mundo, de nuestro país y de la política. Se cree que la política es capacidad de control, que el país es de los hombres de negocios y que Estados Unidos es el único modelo y país indómito, y así lo que no suceda detrás de Estados Unidos no es posible.
El TLC demostró la posibilidad de multiplicar el comercio y de meter a México en los circuitos globales de los negocios, pero México no construyó el proceso del desarrollo de sus capacidades internas para hacer de esa inserción un vehículo del desarrollo nacional y lo dejó en ventanilla de oportunidad para algunos hombres de negocios. Así, el TLC fue importante para Estados Unidos y para esos hombres de negocios, pero no para México porque nuestros gobernantes no entendieron la tarea interna y ahora lo repiten con el petróleo. Siguen, pues, sin entender, vamos a la cola de lo que sí entienden los otros porque Estados Unidos sabe perfectamente de sus pretensiones y de su debilidad relativa y se apalanca con México sin ofrecer nada a cambio que no sea lo que derrame su historia.
En México, el Presidente Peña Nieto se abstrae y se enfrasca en reformas estructurales parciales y heterogéneas que distan de colocarse como andamiaje del desarrollo de capacidades avanzadas para un nuevo patrón de producción y comercio, y más bien se tornan reacomodo de piezas para afianzar controles y mostrar áreas de interés para ganar aprobaciones de Estados Unidos, aspectos ambos que parecen criterios de política para asegurar la continuidad del poder presidencial más allá de 2018, sólo que se interponen las elecciones de 2015 y el desgaste al momento es mayor de lo que supone el gobierno.
Lo que está pasando en Michoacán es sólo una expresión abierta de la descomposición social y política que se expande por diversas zonas del territorio nacional; los congresistas procesan las órdenes del Presidente mientras el narcotráfico se convirtió en crimen organizado para disponer de todo al margen del gobierno. La pobreza también se expande al margen del gobierno pero las poblaciones se arrinconan, se asustan y se inconforman al margen del gobierno, y se rebelan al margen del gobierno, y mientras se reacomoda la correlación de fuerzas la divisa es la ingobernabilidad.
Se definen tres temas de la mayor importancia: el primero por su naturaleza global es el  que se refiere al rumbo que habrá de adoptar la historia que precisa de revisiones de fondo que pasan por recuperar las ideas primigenias de la civilización y las posibilidades de sus mejores inspiraciones como libertad, justicia y democracia ante el infrenable abuso de los poderes fácticos que como hemos dicho, son aquellos que por su magnitud y expansión no requieren de la ley o en última instancia, se han apoderado de los aparatos legislativos haciendo leyes a su conveniencia. La centralización del sistema financiero, el crimen organizado o la corruptocracia actúan impune e indiscriminadamente. Y avanzan al control de los medios digitales de la comunicación para la construcción de mecanismos no ya de espionaje e invasión de la privacidad y rompimiento de la libertad, sino para la coerción y el control. El avance tecnológico se aparta de la producción de bienes y servicios para una mejor vida de todos a cambio de la estrategia de control y sometimiento.
El proyecto nacional no se sacude y se redefine en el contexto de un mundo que se complica y sólo se apuntala el mismo proyecto para que revivifique la dinámica de los negocios ya instalados y dé entrada a aquellos que surgidos en otras partes del mundo, principalmente en Estados Unidos, en su expansión reconocen áreas de oportunidad en el territorio nacional como el caso de los energéticos o las telecomunicaciones. El gobierno no ve tecnologías, poblaciones y nuevos productos, no ve por tanto ciencia, educación, salud y cultura, no ve nuevos esquemas de organización social ni por tanto necesidad de acuerdos y convenios con las sociedades de base y los colectivos mexicanos. El gobierno no opina sobre la problemática mundial ni ejemplifica desde la plataforma nacional.
El gobierno se distrae en sus inclinaciones al gran capital y al Estado norteamericano, y se olvida de la agenda nacional que involucra a los mexicanos, pero claro sin perder de vista sus pretensiones de continuidad política. Es una ecuación que puede no resultar, pues el 2014 es clave para el 2015 en el que pretende la mayoría del Congreso y por qué no recuperar el Distrito Federal. ¿Cómo hacerlo? Con crecimiento económico proveniente de la recuperación de Estados Unidos y ¿si sus efectos son más lentos de lo esperado por la apuesta? ¿Y si no se da tal cual? ¿Acaso se piensa que las televisoras y demás medios dan para tanto? O ¿la compra de voluntades puede tener la elasticidad del infinito? o ¿lo que sigue es endurecer la acción “legal”? ¿Se dispondrá del uso de la fuerza en mayor escala? ¿Y los partidos de oposición se dejarán ser borrados del mapa o se conformarán mini minorías?, y ¿el crimen organizado entrará al Pacto por México?
¿De verdad, no es posible hacer un pacto con los mexicanos, negociar en mejores condiciones con Estados Unidos, alinear al sector financiero en un compromiso con el desarrollo nacional y perfilar un nuevo esquema de desarrollo que dé lección de rumbo a la reestructuración mundial? En fin ¿pensar de otra manera, y recuperar la economía y la política para lo que fueron inventadas?

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