Héctor Manuel Popoca Boone*
Alternancia democrática
La alternancia política estatal, producto de nuestra democracia incipiente, ha dado lugar a gobiernos de coalición que aún no han dado los frutos esperados ni satisfecho las expectativas populares generadas.
El relevo partidario diversificado en el poder no ha sido sinónimo de más y mejor justicia, progreso, equidad y desarrollo social sostenido. La economía estatal lejos de haber crecido ha involucionado y el narcotráfico se ha apoderado de varias regiones del estado.
La nueva democracia de alternancia hace evidente que los tres poderes constitucionales requieran de cambios modernizadores que les permitan ser las fuerzas motrices que lleven a feliz término temas pendientes y urgentes como lo es la nueva constitucionalidad, la efectiva seguridad pública y expedita aplicación de la ley, el respeto a los derechos humanos, la diversificación de nuestra economía, parar la evasión fiscal, un manejo honesto del erario público en el marco de la transparencia de la información pública, de la rendición de cuentas constante, etcétera. En pocas palabras, la urgente renovación moral de la administración pública federal, estatal y municipal en Guerrero.
Cierto es que la alternancia en el poder ha permitido detener y contener conflictos políticos y sociales mayores, así como el acceso y renovación plural de grupos de gobernantes y representantes populares que han oxigenado la nueva construcción política y gubernativa en el estado, aún cuando no siempre con los mejores resultados.
El avance en la equidad en las oportunidades y circunstancias a los partidos políticos para acceder al poder es un hecho constatable y la ley electoral estatal así lo consagra, aun cuando todavía dista de ser la deseable. Sigue habiendo escollos importantes que perentoriamente tienen que superarse, como lo es la auditoría, y sanción en su caso, a la totalidad de los recursos económicos que se aplican en una campaña electoral por candidato y que rebasan en mucho, en la realidad, a los oficialmente permitidos.
Qué decir del machismo político prevaleciente en donde en la práctica y con simulación las dirigencias políticas violentan los derechos partidarios de las mujeres. Y cuando se los reconocen, lo hacen a regañadientes y las destinan a competir a distritos electorales de alto riesgo, es decir, en donde tienen menos probabilidades de ganar como partido.
Los escaños plurinominales (aquellos en donde no se tiene que competir para acceder a ellos) que originalmente fueron concebidos para disminuir la alta asimetría de fuerzas políticas que no permitía la adecuada representación de las minorías, devino botín irrenunciable de la partidocracia para asegurarles escaños a sus dirigentes y familiares a pesar de no contar con arraigo popular y no querer someterse a la incertidumbre que representa conquistar el voto del pueblo en las urnas.
En fin, nuestra fuerte expectativa en torno a la democracia electoral da origen a que le exijamos cosas que por su propia naturaleza no nos puede dar como lo es la resolución de todos nuestros problemas y rezagos.
Se nos olvida que es un medio y un modo cuya finalidad es ejercer nuestra actividad política democráticamente, pero eso, en automático, no construye carreteras ni acrecienta el erario público, no genera riqueza material ni resuelve por si misma los graves problemas de desempleo, educación y salud que es imperativo superar para lograr mayores niveles de bienestar de la población.
PD1. Una de las características de los politicastros es el engaño y la utilización vil de sus semejantes.
PD2. El PRI no merece ganar las elecciones en el estado, mientras siga bajo la férrea férula de su jefe de jefes: El Chómpiras.
PD3. Tengo permiso laboral sin goce de sueldo, durante tres meses, con el objeto de apoyar la campaña electoral de mi amigo Jorge Salgado Parra, candidato a diputado federal de la Coalición Movimiento Progresista por el séptimo distrito. ¡Agárrense competidores porque ahí les vamos, echados pa´ delante!
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* El autor es asesor del gobernador del estado




