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“Aquí hay terror, no hay casa donde no hayan robado, secuestrado, extorsionado o violado”, dicen en El Ocotito

*Hace dos años se recrudeció la violencia en la zona, coinciden vecinos. “Podías estar encerrado en tu casa con mil candados y tenías miedo”, relata una ama de casa. En las canchas asaltaron y golpearon a una familia, “y ahí estaba el retén militar, ¿De qué sirven los soldados?”, pregunta un maestro jubilado

Lourdes Chávez

El Ocotito, Chilpancingo.

Vecinos del valle de El Ocotito denunciaron que en los últimos dos años la población ha vivido con miedo y que el alcalde Mario Moreno Arcos, sabedor de la situación, pidió que el tema se abordara “en corto”, no abiertamente ante la población.
El maestro jubilado de 80 años, Juan Espino Aguilar festejó la llegada de la Policía Ciudadana a los ocho pueblos del valle, aseguró se negó a ser extorsionado por quienes cobraban cuota hasta a la señora que vende semillas, pero fue víctima de una extorsión.
Afirmó que en el valle casi todas las familias han sufrido un secuestro, un robo, una extorsión o una violación que ha enlutado a sus familias.
Margarita Morales, una madre de familia, aseguró que aún encerrados bajo llave tenían miedo, que ya no era libre ni de ir por las calles con sus hijos por temor a encontrarse con un convoy de delincuentes a quienes les molestaba hasta que los miraran.
Una mujer del nuevo grupo de la Policía Ciudadana de El Ocotito reveló que los comerciantes están dispuestos a hacer aportaciones a la Unión de Pueblos y Organizaciones del Estado de Guerrero (UPOEG) para mantenerlos en la zona, aunque también se cuestionan qué pasará cuándo se retiren, porque antes de su llegada las extorsiones, los asesinatos y desapariciones era la constante de cada día.
Ahora Margarita Morales dice que después de muchas tragedias puede dormir tranquila. “Yo que soy madre ya vivía con el miedo por si salía y me daban un golpe, si había una balacera y le tocaba un balazo a mis hijas, porque si salías y te llegabas a topar con hombres armados no sabías qué hacer, pensaba para dónde corro, bajaba la mirada para que no dijeran ¡qué me ves!, porque hasta eso les molestaba”.
Dijo que lo común era su paso en bloques de dos o tres camionetas con hombres armados o en autos compactos a gran velocidad, así que los niños dejaron de salir a las calles a jugar, por el temor de los padres a que los atropellaran.
Agregó que en su familia un joven fue brutalmente golpeado casi hasta la muerte por estar en una mala hora, en un mal lugar y un mal momento y por levantar la cada para verlos.
Dijo que después de la 9 de la noche nadie salía de sus casas “porque ya era noche”, pero él, después de incidente, fue a casa de su suegra por medicamentos y a los pocos metros fue atacado con brutalidad y aún son visibles las cicatrices en su espalda.
“En cuanto supieron (de la agresión) la gente comenzó a venir a escondidas porque seguía el miedo, podías estar encerrado en tu casa con mil candados y tenías miedo”.
Aseguró que otros jóvenes también fueron golpeados sin piedad, y una adolescente, novia de un gatillero, está desaparecida desde que a él lo encontraron en pedazos; ahora su mamá tiene encendida una vela permanente en su casa para velarla, porque nadie sabe si está viva o no.
Ahora duerme mejor, pero está preocupada por la lucha que sus familiares y sus vecinos tienen que dar por su propia seguridad, “pero en todo lo demás me siento un poco tranquila”, mencionó.
Expresó que hace cinco años los delincuentes se instalaron en la región y de dos para acá ha sido lo más fuerte, porque antes no se metían con la gente.
Por su lado, Espino Aguilar quien se presentó como maestro jubilado de 80 años, egresado de la Normal Rural de San Marcos Zacatecas, activista en movimientos de izquierda, preso tres meses en Lecumberri, afirmó: “aquí hay terror, aquí no hay casa donde no hayan robado, secuestrado, extorsionado o violado”.
Agregó que en la carretera federal México-Acapulco, en El Ocotito, pasó una caravana de 10 automóviles llenos de hombres, todos con armas de fuego y en las canchas del poblado asaltaron y golpearon a una familia, “y ahí estaba el retén militar (señalaba con su mano unos metros adelante) y de qué sirven los soldados, nomás con una banderita haciendo así (moviendo sus manos como dando señales de paso a los automóviles), se hacen pendejos, yo pienso que a lo mejor son compadres”.
Denunció la simulación del gobierno municipal, “vino el alcalde a inaugurar la pavimentación de la calle Jalisco y muchos como pericos que estuvieron en la reunión alaban al alcalde y diputados que vienen con él, y yo dije quiero hablar con el acalde sobre la inseguridad y uno de sus trabajadores me dijo, nada más no lo haga públicamente, hágalo en cortito”.
Añadió que esperó y le dijo “presidente, no podemos vivir debajo de la mesa como un pinche conejo correteado por el coyote, dígale al gobernador que dónde están sus huevos, ¿por qué no nos quita este cáncer?, no hay familia que no tenga luto. Aquí cobran impuestos en todas las tiendas, hasta a las que venden pepitas les cobran, ¡son chingaderas!”.
Una mujer policía ciudadana afirmó que toda la población está a favor de la autodefensa de la UPOEG porque están hartos de todo lo que pasó.
Recordó que al lugar llegaron muchos desconocidos y “lamentablemente hubo quienes se unieron a la banda de criminales”, admitió que estaban identificados pero no podían hacer nada, y ahora también se preguntan con preocupación, qué pasará si la UPOEG se retira.
Ayer se observaron grupos de la Policía Ciudadana de diferentes pueblos de Costa Chica apoyando la acciones de seguridad y a mujeres promotoras de la UPOEG que llegaron a motivar el movimiento de autodefensa entre diferentes sectores.
Mientras, la Policía Ciudadana hacía operativos para la detención de personas  presuntamente ligadas a la delincuencia organizada, pero se aclaró que los activistas de las comunidades de Costa Chica se están relevando cada día para no descuidar a sus propios pueblos.

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