Federico Vite
Bonjour, amour
(Primera de dos partes)
Con recurrencia espantosa escucho a las damiselas hablar de los artículos que leyeron en la revista Cosmopolitan acerca de la seducción y se sienten embelesadas. Sonríen con esa picardía usual de quien piensa que tiene de todas, pues todas. Exponen, grandilocuentes ellas, sobre las particularidades del reinado femenino en cuanto al affaire se refiere. Chequé varios textos de ejemplares recientes de la revista y descubro con azoro (aparte del afecto femenino por los patanes de clóset) cómo los expertos matan la naturalidad biológica del ligue. Aunque en defensa de la publicación citada, descubro una preocupación en beneficio de sus lectoras: ¿cómo mantener hot la relación? Los artículos de la revista citada son breves, destinados a un sector no precisamente popular y los noto anquilosados, sobre todo cuando hojeo nuevamente El placer del amor (editorial? Alcor, 1982), de Anne-Marie Villefran-che, autora que hizo una radiografía de las prácticas sexuales francesas del siglo pasado. Este libro se escribió en 1920, pero fue publicado mucho, mucho tiempo después y las historias dan cuenta de la vitalidad de algunos parisinos que se dedicaron a saciar sus emociones carnales.
En 11 cuentos, Villefranche muestra la pulsión erótica de la entonces ciudad de la luz, pero en especial muestra su sentido del humor. Ese París, distante ahora del glamour que en aquel tiempo la caracterizó e hizo capital del mundo, aparece como teatro y representación del mundo. El libro parece haber sido escrito hace unos años; las historias son claras, los conflictos están bien definidos y los personajes fueron muy bien perfilados; la prosa es sencilla, en parte al gran trabajo de la traductora Matilde Ala. Villefranche apostó por la contundencia de sus historias. Las chicas de este libro no son lobas, ni mujeres fatales, sólo humanas con apetitos carnales moderados, pero intensos. Se caracterizan por observar detalladamente el comportamiento de los hombres, niños que fingen detentar el poder de seducir a una mujer, aunque todos sabemos, como lectores, que eso no es cierto y ellos entran en el juego, en la trampa de mostrar sus endebles habilidades ante las maestras del amor carnal. La ironía, quizá el rasgo más atractivo de la autora, es plausible. En los diálogos notamos la franqueza de una mujer de alta sociedad, su mirada y pensamiento aguzados; esa sutil manera de comprender el mundo con detalles cursis que hace de los cuentos una gran broma de esto que llamamos seducción.
En el prólogo del libro, escrito por Jane Purcell, nieta de la autora y quien descubriera los cuentos, refiere que madame Villefranche, educada por una familia acaudalada, enviudó muy joven, pues su esposo, capitán del ejército francés, murió antes de acabar la Primera Guerra Mundial. Se volvió a casar al cabo de unos años con el agregado de la embajada de Gran Bretaña en París, con quien llevó una vida bastante cómoda y viajera. Tras la muerte de Villefranche, en 1980, Jane recibió la herencia de la abuela: una gran suma de dinero, una pulsera de oro y un baúl, ahí es donde encontró una carta en la que la madame explicaba que junto a ciertos objetos de belleza descansaba su diario. “Te lo mereces porque eres mi única nieta que habla francés correctamente”, señalaba la escritora en la misiva.
El libro fue hecho en 1920, explica Jane en el prólogo, y al terminar de leerlo se animó a traducirlo íntegramente al inglés. Tenía pudor por su abuela, pero es un libro, señala Purcell, muy divertido y bastante logrado.
En Francia, Placer de amor fue muy bien recibido por la comunidad intelectual, incluso algunos críticos literarios señalaron: “Si madame Villafranche se hubiera atrevido a publicar sus cuentos cuando los escribió, seguramente hubiera ocupado el pedestal que los académicos le adjudicaron a Anaïs Nin”.
El cuento que más me agrada de este libro es Michel juega a marqués de Sade. Un hombre maduro inicia una relación humillante con una señorita de buena familia. Lo simpático, es que Michael intenta ser sádico y la dama en cuestión le dice que no debe azotarla ni morderla, que el Estado la protege. Usa la razón para seducir al caballero y en la medida que la miss descubre el placer del sadomasoquismo, la relación crece, pero el cauce natural de los escarnios termina con los juegos de esta pareja: la señorita, quien nunca había oído lo que puede ocurrir cuando dos adultos crean intimidad, resulta embarazada y ahí reinicia una etapa en la vida de un novato del sadismo.
Placer de amor es parte de la colección La Fuente de Jade, publicada en Ediciones Martínez Roca, en el sello Alcor, coordinada por Rubén Krause, quien eligió el nombre de la colección por la siguiente frase del taoísmo: “La Fuente de Jade es un término sexológico para definir la saliva producida en la boca de una mujer durante las cimas más altas del éxtasis sexual. Se le atribuye el efecto vitalizador y fortalecedor sobre la persona que la absorbe. También recibe el nombre de Manantial Dulce”.
Pensando en las recomendaciones de la revista Cosmo, hay algunas sentencias que explicaré la siguiente entrega, pero antes de cerrar la plana agregaría que para pasarla bomba uno debe apagar la laptop, el celular y encender la mirada de ese cuerpo que le busca e irradia deseo con luz propia.




