Eduardo Pérez Haro
Ahora, reforma estructural para el campo… (1)
Para Martín Flores Montes de Oca
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El 6 de enero el Presidente refrendó su determinación de promover una Reforma Estructural para el Campo Mexicano, una noticia que no sabemos si tomarla como buena o como mala, pues las reformas hasta hoy promovidas no sólo tendrán un efecto de mediano y largo plazos con lo que los apremios del empleo y el ingreso quedarán suspendidos en el tiempo , sino que los resultados del crecimiento económico, en todo caso, no se dirigen a resolver las insuficiencias de la producción, los desequilibrios regionales, las desigualdades y la pobreza, sino los requerimientos de los grandes negocios que nutren el agregado macroeconómico del PIB desde el cual se despliega la grandilocuencia del discurso gubernamental para México aunque su suerte no sea compartida por todos los mexicanos.
Cuando a principios del año pasado el Presidente anunció que llevaría a cabo un paquete de reformas estructurales las opiniones en su mayor parte recibieron bien la noticia, no sólo los sectores empresariales que se advertían beneficiarios naturales dado que en los hechos habían sido parte sustancial de la ecuación política que terminaría por llevar a la presidencia a Enrique Peña Nieto, y hecho el favor natural sería que hubiese retribución a cambio. Mas no sólo estos sectores se acomodaron para servir de medios de repercusión para construir un clima favorable al tránsito de tales reformas, sino los profesionales funcionales siempre se colocaron en la honrosa medianía de no contravenir el pronunciamiento multiplicado de los hombres de negocios que tienen voz en los medios de comunicación y así, se sumaron como extensionistas.
Los partidos políticos de la oposición, se integraron al Pacto por México, venían derrotados de las elecciones pero no sólo habían perdido sino que salieron muy mermados en su credibilidad y estructura, su recuperación requería de tiempo y condiciones para rehacerse o reinventarse, el prestigio y las expectativas se reunían con el ganador y de éste dependía que pudieran contar con el tiempo y condiciones amén de que en algún contenido estos partidos imaginaran que se retomarían algunos puntos de su agenda como al momento de consagrarse lo reclamaron el PRD en la reforma fiscal o el PAN en la reforma energética, incluso así se los vendió el PRI aunque, en sentido estricto, esos pedazos de reformas que se atribuyen fueron estratagema del propio PRI, efectivamente, los chamaquearon.
Hubo quiénes como Andrés Manuel López Obrador por consigna planteó que no apoyaría tales iniciativas porque solo favorecerían a la mafia del poder, que el país lo que necesitaba no era seguir los dictados de los organismos internacionales que animaban dichas reformas y que bastaba con eliminar la corrupción para que México tuviese con qué hacerse cargo de su propio desarrollo. Una postura que aunque tenga trozos y trazos de verdad no era más que un lugar común de una retórica oposicionista que se dirige a mantener el coraje reclamante de significativos sectores populares pero que revelan un interés reducido a sus aspiraciones políticas y que mucho descuida o mejor dicho, se desentiende de la construcción de un planteamiento susceptible de entablar una discusión de fondo y un planteamiento alternativo al colocado por el gobierno.
Por ahora las reformas estructurales (laboral, educativa, de telecomunicaciones, financiera, fiscal, política y energética) han pasado el trámite legislativo, la Constitución ha sido modificada con la mayoría de los congresistas diputados y senadores, elegidos democráticamente por el pueblo al mismo tiempo y de la misma manera que el presidente de la República, la oposición de Andrés Manuel Ló-pez Obrador no cuajó y sin duda en ello incidió el acartonado discurso del susodicho pero también la estratagema del Presidente que le quitó piso cuando en el contenido de la reforma fiscal decidió sacar el IVA para alimentos y medicinas de lo que tanto se ufana el PRD como propio, y que tanto incomodó a los empresarios que lo venían aplaudiendo todo, paradojas de la política mexicana. Sin embargo, no todo se circunscribe al juego e inconstancias de los actores políticos, también la sociedad juega y hace política y la realidad socioeconómica sirve de trasfondo.
El Presidente mismo, afanoso lo ha dicho en su reciente gira por el estado que lo vio nacer, las reformas estructurales se entienden y se reconocen mejor en el extranjero que en México, por supuesto no se refiere a lo que a propósito pudiesen decir las sociedades de base de otras naciones porque de estas particularidades poco se sabe, él sabe lo que se dice en los grandes periódicos y medios de comunicación del mundo (Le Monde, Le Figaro, New York Times, Washington Post, El País, la BBC, The Economist, etc., etc.), lo que dicen sus homólogos y partners en Davos, son sus beneficiarios materiales directos e indirectos, son los panegiristas del mundo que se acomoda tras los interés del sistema financiero y claro en México las reformas estructurales no se entienden.
No sólo hay oposición colectiva de gremios directamente afectados como el caso de los maestros que serán evaluados no necesariamente para el bien de la educación sino para fundamentar su salida y con ello renovar la planta de profesores bajo el nuevo marco legal derivado de la reforma laboral, también para desmantelar a la oposición que le significan al gobierno y disciplinar a la corporación sindical tan potente para efectos electorales, pero también hay un fuerte desencanto de la población que desde el sector popular, las clases medias e incluso segmentos del empresariado sobre todo medio que se han enterado por la vía de los hechos que no hay mejoría sino carestía. No hay crédito accesible y competitivo a la producción ni lo habrá porque la reforma del caso no pasa por la desestructuración oligopólica, del potente sector financiero español, norteamericano y suizo instalado en México, No hay democratización de medios de comunicación (# yo soy 132), No bajan los precios del gas, la luz y la gasolina, ni bajarán.
Hay realidades que en el peso de su evidencia aligeran la necesidad de enumerar sus manifestaciones y los aplaudidores de los momentos en que se anunciaron las multimencionadas reformas es-tructurales, ante tal circunstancia se limitan a reconocer que las “medidas todas” eran necesarias aunque “preocupa que no tengan resultados inmediatos” cuando en el fondo no sólo está el problema de los plazos sino el de su orientación y el carácter de los resultados que pudiesen aparecer tarde o temprano. Y es en este marco que se plantea un nuevo paquete de reformas estructurales con el riesgo de que no haya consideración correctiva alguna sobre su orientación o peor todavía que a cualquier evento se le quiera etiquetar con el título de reforma estructural por suponer que esto concede certeza y aceptación del discurso cuando la profundidad y amplitud de los cambios normativos incluso no amerite este carácter y denominación independientemente de su orientación, cuando en sentido estricto, sí se requieren reformas estructurales.
Desde nuestra perspectiva, las insuficiencias estructurales para la producción como motor de un crecimiento con equidad, el rencuentro y reivindicación de la singularidad histórica de México y el desarrollo de una perspectiva cultural concordante con las exigencias de la nuev@ fase del desarrollo dentro de la restructuración del mundo globalizado, sí precisan en un plano preponderante reformas estructurales en una diversidad de factores que además de las “ya procesadas” y para no ser reiterativo habría que señalar la de ciencia y tecnología, infraestructura, organización de la producción, arte y cultura, etc. pero sin duda, la del sector rural. No pasar por resolver las asimetrías (regionales, productivas, sociales, étnicas, de género y de sustentabilidad) dentro de este sector y su adecuada articulación al sector urbano (industrial y de servicios), significa no entender la economía como sistema, no asumir al país como una república y disminuir el papel del Estado, quedando en la lógica de colocar a los hombres de negocios como emprendedores, a las empresas como altruistas del empleo y al gobierno como administrador caritativo. Ningún país desarrollado ha transitado a esa condición sin resolver su sector rural en la lógica general de su de-sarrollo.
El sector rural no puede quedar sujeto a “verdades universales”, a “recetas”, a “copias” de lo que funcionó en otro sector o en otro país mucho menos a “ocurrencias y flashazos” tras el desdén del poder que pudiera conformarse con que se aplaquen las inquietudes del hambre y los ímpetus guerreros, amén de que se deje correr la suerte de los grandes negocios que se pueden procesar en los alimentos o en la minería o la producción de energías. Sugerir rehabilitar y ampliar las zonas de riego, fertilizar las agriculturas, configurar un esquema de klusters, fijar una meta de producción nacional de más de dos terceras partes del consumo nacional de alimentos o dotarse de un tablero digitalizado de control, sinceramente entran en el esquema de un supuesto ya antiguo que es el de rendimientos a toda costa y costo como sustitutos de la productividad y que lo único que ha generado son fenómenos de alta concentración y exclusión social, asimetrías del desarrollo-atraso regionales, encarecimiento del costo fiscal del sector, privilegios y pobreza extendida y extrema y, por si algo faltara, subutilización y depredación de recursos naturales (empezando por la tierra) por no ir hasta la expulsión de mano de obra sin fronteras ni posibilidades y la violencia y ocultamiento del crimen organizado, que sin duda son a la par de los grandes y pocos agronegocios, divisas que dominan al sector rural mexicano.
Ninguna de las, hasta eso poco conocidas, iniciativas de las que se ha hablado desde las dependencias involucradas en el sector, modifica la inercia conceptual, de política pública y de desempeño del sector rural, piezas sueltas de lugares comunes que ya no aguantan por sí solas ser constitutivas de una reforma estructural y que al estar sobre la mesa o se les recoge dentro de un contexto real o se les desecha para ser relevadas por piezas (ideas-programas de política de Estado) en el contexto de la diversidad territorial y cultural, en la nueva problemática de la propiedad de la tierra y uso del suelo, en la disparidad tecnoproductiva entre los grandes medianos y pequeños productores, de frente a la nueva demanda alimentaria y de nuevos productos (minerales, energéticos, ambientales…) de dentro y fuera del territorio nacional y con la asignación, hasta ahora ausente, de un lugar estratégico (que no es sinónimo simple de prioritario) en el entramado general de la economía industrial y de servicios.




