Jesús Mendoza Zaragoza
Coordinación, no subordinación
Es una buena señal el diálogo que el gobierno del estado ha iniciado con la Unión de Pueblos y Organizaciones del Estado de Guerrero (UPOEG), que pretende entre otras cosas, una regularización del Sistema de Seguridad y Justicia Ciudadana que promueve una policía ciudadana, la que se ha generado a partir de acciones de autodefensa en varias regiones del estado de Guerrero. Se están dando pasos para buscar el estatuto jurídico que regularía a estas policías ciudadanas, para que puedan ofrecer su contribución a la seguridad de los pueblos y a la paz en la región. Este es un buen punto de partida.
Lo que ahora se discute es el estatuto de esta policía y su relación con las policías convencionales, que dependen del Sistema de Seguridad Pública en sus tres órdenes de gobierno. De hecho, la UPOEG rechazó el esquema de la Policía Rural ya establecido, al parecer por dos razones. Una, que los ciudadanos no fueron consultados para la definición de esta policía, aún habiéndolo pedido expresamente; y dos, que esta policía está subordinada a un sistema al que califica de corrupto y vinculado con el crimen organizado. Son razones que hay que atender mediante un análisis responsable.
Si el Sistema de Seguridad Pública no ha funcionado, quiere decir que tiene fallas profundas e, incluso, estructurales. Las policías de este sistema carecen de la confianza de la población por razones fundadas, entre otras, porque no tienen una perspectiva de seguridad ciudadana, en la que los ciudadanos sean el enfoque fundamental de sus tareas. Por ello, no están pensadas para la protección de las comunidades y de los ciudadanos, y necesitan una transformación profunda de su accionar y de su presencia en la sociedad. Necesitan un cambo de enfoque. Pero, por otra parte, no han funcionado porque están desvinculadas de los ciudadanos y de las comunidades locales. No son confiables y no cuentan con el respaldo de la gente. La relación de las policías con las comunidades suele ser disfuncional y complicada.
Una policía ciudadana, como podría ser la que promueve la UPOEG, tendría un estatuto diverso que haga honor a su carácter ciudadano. En este sentido, su vínculo fundamental sería con los ciudadanos y con sus comunidades. Algo muy similar a lo que sucede con la Policía Comuni-taria, que es controlada por las asambleas de sus comunidades. Este vínculo es el que le da sentido a una policía ciudadana, que está enfocada a proteger a su comunidad y su entorno, y está bajo las órdenes de la asamblea comunitaria, que tiene capacidad para sancionar las irregularidades que cometen sus policías, para deponerlos o para darles tareas precisas.
Por lo tanto, la subordinación de estas policías a las asambleas comunitarias las hace contar con credibilidad, confianza, colaboración y apoyo de parte de los ciudadanos y de las comunidades. Y, por otra parte, ha de buscarse una justa relación de colaboración, tanto con el sistema de seguridad pública y con el sistema de procuración y de administración de justicia.
En repetidas ocasiones, las autoridades reclaman la participación de los ciudadanos en sus estrategias de seguridad pública, la que reducen a la llamada denuncia anónima ciudadana. Pero resulta que este medio ha sido poco eficaz. Mucha gente no denuncia por obvias razones. Algunas autoridades han reconocido que sin la colaboración de los ciudadanos, no tiene futuro la lucha contra el crimen organizado, y tienen razón. Y que esta colaboración tiene que ser sustancial y no meramente circunstancial. Lo que ha hecho falta, en el caso que nos ocupa, es un componente social del Sistema de Seguridad Pública, que puede incluir policías y organismos ciudadanos de vigilancia, con capacidad para promover iniciativas y para tomar parte en las decisiones de seguridad pública. Por eso, han de verse las policías ciudadanas como eso, organizaciones ciudadanas reglamentadas para que cumplan cabalmente con tareas ciudadanas y con una relación de coordinación con las autoridades, mas no de subordinación. Que sean un punto en el que la sociedad y el gobierno se encuentran para dialogar y para encontrar los mejores caminos para la seguridad y la paz.
Para lograr una policía ciudadana debe haber condiciones relacionadas con el tejido social, con la construcción de la comunidad. La experiencia ha mostrado que donde hay comunidades fuertes y unidas, tienen más condiciones para defenderse y protegerse. Por eso, en los medios indígena y rural hay mejores condiciones, no así en los espacios urbanos, donde es más compleja la sociedad y no es tan fácil el establecimiento de vínculos comunitarios entre la gente. Como quiera sigue siendo un desafío.
Es de esperarse que haya la apertura suficiente para que la seguridad pública, con un enfoque más ciudadano, incluya este componente social y se logren esquemas viables, amparados por la ley para que las comunidades contribuyan a su propia seguridad y a la seguridad de todos.




