Netzahualcóyotl Bustamante Santín
Reforma migratoria, en punto muerto
Se diluyó. La posibilidad de contar con una reforma migratoria que otorgue la ciudadanía a 11 millones de indocumentados en Estados Unidos (6.8 millones de los cuales son mexicanos) quedó en punto muerto por la obstinación del sector más conservador del Partido Republicano en contra de una legislación que arregle el sistema migratorio. En el crepúsculo de 2013, los legisladores de ese partido prometieron una reforma que se aprobaría en partes para segmentar a su vez la ley aprobada en el verano pasado por el Senado norteamericano que consideraba en esencia, un camino para la ciudadanía en un plazo de diez años.
Tal como lo habíamos anticipado, la reforma se congeló indefinidamente (El Sur 8/10/13).
En tan sólo dos semanas el timing político en Washington pasó de una reforma a la que se le daba oxígeno a sepultarla en definitiva. El martes 28 de enero, durante su discurso sobre el Estado de la Unión, Barack Obama pidió actuar ya respecto a una reforma migratoria integral que regularice la situación de las 11 millones de personas que viven sin documentos en Estados Unidos. El presidente aludió a los estudios económicos que aseguran que un nuevo sistema migratorio contribuirá a la creación de empleo, impulsará el crecimiento económico y disminuirá el déficit. “Así que hagamos la reforma migratoria este año”, terminó el mandatario en una alocución en la que apenas dedicó dos minutos al tema.
Dos días después, reunidos en un cónclave partidista en Cambridge, Maryland, los republicanos hicieron pública su “lista de principios” de reforma migratoria, que de entrada, descarta la ciudadanía para los inmigrantes. La propuesta considera la regularización de los indocumentados mediante la creación de un “estatus legal” sin acceder a la ciudadanía estadunidense siempre y cuando… reconozcan que violaron la ley al entrar sin papeles a Estados Unidos, paguen una multa por ello, cumplan ciertas condiciones y existan garantías de seguridad en la frontera. Nada más.
Según el documento, de apenas una página, los inmigrantes indocumentados “podrán vivir legalmente y sin miedo en EU sólo si están dispuestos a admitir su culpabilidad, superar rigurosos exámenes de sus antecedentes, pagar multas significativas e impuestos atrasados (esto lo contemplaba la ley aprobada en junio pasado por el Senado), aprender y dominar el inglés y los valores americanos y ser capaces de mantenerse a sí mismos y a sus familias (sin tener acceso a los servicios públicos)”. La propuesta republicana sí incluye una vía para la ciudadanía pero sólo para los dreamers (jóvenes inmigrantes que entraron a EU en compañía de sus padres y sin documentos).
El proyecto de reforma es un revés a quienes albergaban una ligera esperanza de que el Partido Republicano modificara su postura a favor de los indocumentados. Pero el puritanismo y el prurito de clase se impusieron por parte del ala más conservadora de ese partido.
Obama, no obstante que había asegurado que vetaría cualquier proyecto que no considerara la ciudadanía para los indocumentados, se mostró dispuesto a negociar la iniciativa republicana.
El pasado miércoles 5, Mitch McConnell, líder de la minoría republicana en el Senado, que votó en contra de la ley aprobada en la Cámara alta, sentenció: “Tenemos un conflicto irresoluble. El Senado insiste en un paquete legislativo integral. La Cámara de Representantes quiere actuar paso a paso. No veo cómo se pueda lograr un resultado con las dos cámaras en lugares tan diferentes en este año”. McConnell cerraba de este modo el capítulo sobre la reforma y terminaba con las dudas sobre la postura de su partido sobre el tema.
Para el periodista Jorge Ramos, que escribió en Reforma un texto llamado El gran cuento, la solución intermedia de los republicanos (regularizar a los indocumentados sin camino a la ciudadanía) y las dudas de sus congresistas de que 2014 fuera el año de la reforma migratoria, tiene un alto costo político para los republicanos; “lo más grave es que en 2016 van a perder la mayoría de los 16 millones de votantes hispanos y, seguramente, también perderán la Casa Blanca”.
Antes de eso, en noviembre próximo habrá una estratégica cita electoral. El primer martes de ese mes se renovará toda la Cámara de Representantes dominada ahora por los conservadores y un tercio del Senado, y sin duda será la migración un incómodo tema de campaña para los republicanos.
Ramos considera que en esa disputa Obama también perderá pues “en los próximos meses va a crecer la presión para que detenga las deportaciones de miles de indocumentados que no hayan cometidos crímenes”.
Se calcula que 1.4 millones de mexicanos retornaron a México desde Estados Unidos entre 2005 y 2010. Mientras que en los últimos cinco años, dos millones han sido repatriados, en su gran mayoría por su calidad de indocumentados, en otros casos por cometer delitos menores y también ex convictos por cumplir sus condenas.
Esa era la versión más conocida o al menos la más aceptada. Sin embargo, la divulgación de un sondeo elaborado por la organización binacional MATT, desmonta esa tesis y demuestra que las repatriaciones no necesariamente son forzadas.
Publicado el 14 de enero, el estudio se hizo a partir de una muestra de 600 jaliscienses que retornaron de Estados Unidos a México durante la última década, que residieron allá al menos un año y llevaban en nuestro país al menos tres meses. La encuesta fue levantada entre el 2 de mayo y el 6 de junio de 2013 a 300 personas en Guadalajara, 150 en Lagos de Moreno y 150 en las comunidades rurales de Los Altos.
Un 11 por ciento de los encuestados mencionó las deportaciones como el motivo de su regreso. El estudio identificó los asuntos familiares, la nostalgia y la capacidad de encontrar empleo como las principales razones para volver a su tierra. Y 70 por ciento de los encuestados aseguró que partió a Estados Unidos con la idea de migrar de manera temporal. Más de la mitad aseguró que no tiene planes de volver a Estados Unidos, mientras que 30% dijo que sí planea volver allá.
En el último quinquenio Michoacán encabeza la lista de estados con mayor número de migrantes en retorno.
El estudio se ocupa de aquellos que intentaron cruzar a EU en años recientes y que tuvieron que volver a casa en un breve plazo, circunstancia que puede explicarse por la atribulada situación económica norteamericana que ha dificultado la permanencia de mexicanos recién llegados allá.
En consonancia con el tema, un informe de la Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos (WOLA) difundido el viernes 7 de este mes, señala que se ha modificado la ruta de cruce para los indocumentados, y ahora lo hacen en la zona del Valle de Río Grande cerca de McAllen, Texas, en lugar del desierto de Arizona.
En 2013 se registraron 155 mil aprehensiones de indocumentados por parte de la Patrulla Fronteriza tan sólo en la ciudad texana mientras que en Tucson, Arizona, se capturó a 120 mil migrantes. Debe precisarse que a lo largo de la frontera existen detenciones y no únicamente en esos dos puntos, que es donde se presentan el mayor número de intentos por cruzarla y por tanto de detenidos en ese propósito.
El año pasado la Patrulla Fronteriza detuvo a 265 mil mexicanos y a 148 mil migrantes procedentes de otros países, la mayoría centroamericanos. En 2011 fueron 280 mil mexicanos aprehendidos frente a 47 mil de otros países, lo que ha triplicado la cifra de inmigrantes detenidos en el periodo 2011-2013, aunque de otras nacionalidades.
Como sea, el número de connacionales que intenta salir de México ha bajado de los 400 mil anualmente en el periodo 2004-2008 a los 275 mil que registró en 2012 la Encuesta sobre Migración del Colegio de la Frontera Norte, EMIF.
El pasado 29 de enero, el Instituto Nacional de Migración dio a conocer que el número de mexicanos que retornó al país fue de 333 mil, lo que indica que por ahora, son más los que vuelven que los que pretenden migrar a Estados Unidos.
El riesgo de morir al intentar cruzar la frontera, el costo del pollero o coyote, la sobrevigilancia de la Patrulla Fronteriza y el riesgo de ser detenido y fichado por autoridades migratorias y al final la escasez de empleo en Estados Unidos, son algunas razones que desincentivan el éxodo al norte.
Acaso cuando mejore la economía y el mercado laboral comience a demandar mano de obra, la ecuación se modifique.




