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Playa Caleta, atestada de turistas y vendedores ambulantes en el arranque del periodo vacacional

Salvador Serna

La playa consentida de los niños turistas es Caleta.
Este lunes el balneario se vio atestado, más de 2 mil turistas llegaron hasta la franja de arena de esta tradicional playa para disfrutar del lunes santo.
Ni cabía ni un alma, hubo casos en que pasado el mediodía, cientos de turistas resignados tuvieron que irse de plano a otra playa, porque en Caleta ya no había lugar donde sentarse.
Una piscina de agua salada es la playa de Caleta, que sin olas, permite que los niños oriundos del DF, se recreen de lo lindo, mientras sus padres los observan y sus tíos construyen “castillos” de arena o se “entierran” vivos para tomarse la fotografía –vía celular o blackberry– del recuerdo.
Los niños son los consumidores más acosados por los vendedores y prestadores de servicios acuáticos. Ayer, en todos los paseos en banana con capacidad para 8 personas, la mitad eran niñas o niños. Negocio redondo, porque los infantes convencían a sus padres de comprarle las palas y cubetas para jugar con la arena, salvavidas de plástico en forma de tortugas y delfines gigantes, chalecos para nadar, pelotas, gogles para “bucear” e inclusive líquido para hacer burbujas de jabón.
A decir de los padres –pues no basta que los infantes chapoteen en la playa–, es necesario innovar hasta con artesanías marinas, como las disecadas estrellas de mar, caracolitos, conchitas y piedritas. “El chiste es que estén distraídos, mientras me tomo una cerveza bien helada”, dijo el turista Gabriel Cruz.
Si en Caleta había ayer más de 2 mil turistas, las huestes de los vendedores ambulantes llegaban casi a 800, sin incluir los que trabajan de boleteros y en las embarcaciones.
De inmediato comenzó la pasarela de productos y servicios por la playa. El blanco escogido por aquellos que venden quesadillas, mariscos, fritangas, mangos y hasta camarones en bolsa, son las familias numerosas.
Destacó la familia Ramos Salas, conformada por 18 integrantes, que ante la falta de sillas y sombrillas de la Promotora de Playas, compraron un toldo gigante en la tienda de autoservicio más cercana y lo instalaron en la arena, logrando su objetivo de descansar junto a la orilla del mar.
Instalada “la casita”, de inmediato llegó el “servicio” de comida a escoger: donas (5 pesos), mangos (10), palomitas (8), semillas (5), camarones en bolsa (20), plátanos fritos (15), nieves (12), raspados (10), orden de ostiones (20), platillo express de mariscos (40), fritangas secas (8), mangos (10) etcétera.
Hasta ahí, el comercio informal se desarrollaba con toda normalidad, pero quien se llevó los aplausos fue un pescador, que al más puro estilo de Robinson Crusoe llegó cargando al hombro 4 pescados de 5 kilos, que ofrecía a los turistas en 200 pesos cada uno, con el argumento de que eran ejemplares recién capturados y frescos al cien por ciento. Por supuesto que el precio no incluía el cocinado del animal. Eso era punto y aparte. La presencia del pescador arrebató cientos de miradas de turistas, que sorprendidos le tomaban hasta fotografías y video adelantando que lo iban a “subir” a las redes sociales. Eso sí, decenas de mujeres usaban los teléfonos celulares para chatear y enviar mensajes, tal vez del galán o admirador empedernido que dejaron en la ciudad de México, Cuernavaca, Querétaro, San Luis Potosí, Ecatepec, Ixtapaluca, Guadalajara e incluso Acapulco.
Si el pescador logró comentarios de elogio y hasta de admiración, el otro lado de la moneda fue para un osado “vidente”, llamémosle mejor adivino, pero sin turbante ni bola de cristal, que con sus cartas españolas en la mano, trataba de convencer a los turistas de sus “poderes sobrenaturales” al decirles, o casi gritarles que el sabía todo lo que iba a pasar esta noche en el partido de futbol de México contra Honduras: “Yo sé toda la verdad universal, no me tiene que decir algo. Esta noche, México le va a ganar a Honduras, porque así se me lo han revelado los arcanos sagrados. Querido amigo turista, yo le digo su futuro, yo le digo si su esposa le engaña o le está poniendo los cuernotes”, era la oferta verbal del autodenominado hijo de Kalimán, así rezaba su publicidad en folletos, que lo único que lograba era las risas sarcásticas y comentarios irónicos, y hasta cierto punto burlones, de los turistas.
Por supuesto, que hubo un cliente que retó al vidente a poner a prueba sus poderes esotéricos: “A ver, si eres tan bueno como dices que eres. ¿Cuál es mi primer nombre? A lo que el vidente le contestó: “Claro que sé tu nombre, pero primero me tienes que pagar 100 pesos”. Situación que lleno de coraje a algunos vendedores de ropa, sombreros y gafas para el sol, quienes le dijeron que mejor se retirara del lugar en vez de estarle quitando el tiempo a los turistas. El comal le dijo a la olla.

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