Víctor Cardona Galindo
PÁGINAS DE ATOYAC
*El primer centenario de Rosendo Radilla Pacheco (Primera parte)
Titulé así este trabajo porque Rosendo Radilla Pacheco nunca morirá, es el desaparecido mexicano más conocido en el mundo. Y su caso es ya patrimonio cultural de la humanidad junto al Archivo de la construcción y caída del Muro de Berlín, el Proceso penal contra Nelson Mandela el Diario de Ana Frank y la Colección de lenguas indígenas de México.
Basta con poner su nombre en cualquier buscador de Internet para que aparezcan cientos de vínculos, desde corridos, textos y videos. También basta con preguntar a los adultos mayores que viven en el centro de la ciudad de Atoyac para descubrir su legado y desempolvar su recuerdo. “Fue un líder social que trabajó por la salud y educación de ese municipio, del cual fue alcalde”, así resumen comúnmente su existencia los medios de comunicación.
El de Rosendo Radilla está considerado como un caso paradigmático. Es el primer caso de un desaparecido mexicano que pone al Estado de este país en el banquillo internacional. La familia Radilla abrió un camino para llevar los casos a la justicia universal y logró que se reconozca, en México, que la desaparición forzada es un delito continuado y no prescribe. Como el suyo, solamente en Atoyac existen alrededor de 430 casos.
Este primero de marzo se cumplieron 100 años de su nacimiento y el 25 de agosto de 2014 se cumplirán 40 años de su detención en el retén militar de la colonia Cuauhtémoc. Fue hijo de Agustina Pacheco Ramos y de Felipe Radilla Radilla. Tuvo como hermanos a Nieves, Roberto, María, Bertina y Leonor. Estudió hasta tercer año de primaria en la Escuela Real (hoy Juan Álvarez). Para asistir a clases caminaba una hora con sus hermanos, desde la desaparecida comunidad de Las Clavellinas hasta la cabecera municipal.
Al hurgar en su vida encontramos documentos que dan fe de cómo dedicaba tiempo para mediar en conflictos de vecinos y llevar concordia entre ellos. Hasta su casa, calle Emiliano Zapata 28, llegaban muchos campesinos buscando ayuda que él nunca les negó. Iban a pedirle que solicitara maestros, él se comprometía con las escuelas y les conseguía madera para construir los mesabancos y gestionaba ante las autoridades lo necesario.
También era común que lo buscaban para pedir novias y si alguien moría “él veía como le hacía para conseguir la caja”. En las veladas sus amigos lo peleaban para que estuviera con ellos porque era ameno, gran conversador y además bueno para tocar la guitarra.
Su yerno el cronista José Hernández Meza recuerda que su suegro fue siempre solidario con la gente. “Le gustaba mucho oír hablar a los jóvenes. Iba mucha gente a buscarlo. Una vez iba una comisión a buscarlo para tratarle un problema, pero vieron que estaba rodeado de mujeres y no llegó. Cuando preguntó porque no habían ido, le contestaron que no llegaron porque tenía fiesta. Él les explicó que esas jovencitas que vieron eran todas sus hijas”.
José lo acompañó a varias reuniones, pero una especial fue en la escuela primaria Juan R. Escudero donde estuvieron el profesor Anastasio Flores, Pablo Tapia Valente, Lucio Cabañas Barrientos, David Rebolledo Hipólito y Manuel Ortiz Castro ese era el grupo que estaba promoviendo la fundación de la escuela secundaria técnica del Río Santiago.
Además de la gestión para la construcción de la escuela Modesto Alarcón, Rosendo Radilla participó en la creación de la escuela secundaria federal de Atoyac, la secundaria técnica de Río Santiago y la primaria Lázaro Cárdenas y tuvo la inquietud que Atoyac contara con una preparatoria, gestión que en 1976 su otro yerno Justino García Téllez concretaría.
Fue miembro dirigente de la Asociación Agrícola Local de Cafeticultores fundada el 26 de agosto de 1954, secretario general del Comité Regional Campesino de la Confederación Nacional Campesina (CNC). Con ese cargo que desempeñó de 1956 a 1960, gestionó escuelas para varios poblados de la sierra y se hacía cargo de conseguir maestros cuando hacían falta.
El 1º de enero de 1955, Rosendo Radilla formó parte del Consejo Municipal de Atoyac encabezado por el señor Jesús María Serna Vargas, quien debería desempeñarse como presidente municipal de 1955 a 1957, pero por desafuero fue sustituido por don Rosendo Radilla el primero de junio. Él tampoco terminó el periodo constitucional porque fue depuesto el 31 de agosto de 1956.
En ese tiempo era gobernador Darío L. Arrieta Mateos. Cuenta don Inés Galeana Dionicio que un día llegaron varios costales de maíz enviados por el gobernador para repartirse entre la gente más pobre. Pero cuando Rosendo Radilla lo estaba repartiendo en el corredor del Ayuntamiento, llegó el primer mandatario de la entidad diciendo que se habían equivocado y que el maíz no era para Atoyac. Rosendo ya había abierto cuatro sacos por ello el gobernador le dijo que repartiera los que ya estaban abiertos. Y el alcalde contestó “hágalo usted señor gobernador, la gente se va a sentir mejor si lo recibe de sus manos”. En eso llamó a sus subalternos y se retiraron del lugar dejando al gobernador solo con la gente que exigía se le entregara el maíz.
Otra ocasión llegó un comandante enviado por el gobernador, pero don Rosendo se fajó el pantalón y la pistola, ese tiempo los presidentes la portaban fajada al cinturón. No lo aceptó porque él ya tenía un comandante. Le dijo al enviado que podía quedarse pero que le pagara el que lo mandó. “Rosendo no se sometía ante el gobernador, tenía lo suyo”, recuerda don Inés Galeana.
Don Emilio Barrientos Gudiño recordó que cuando fue presidente municipal don Rosendo Radilla vendía una vaca o una mula para pagar los sueldos de los empleados, pero no dejaba que se fueran sin nada a sus casas. La maestra Lupita Nogueda dice que la administración Radilla fue de puertas abiertas, “con él no andaba uno pidiendo audiencia, pasaba uno directo”.
Entre las obras construidas durante su corta gestión están los primeros cuatro puestos del mercado municipal. Adquirió el primer camión para el servicio de limpieza. Construyó el cuartel militar que estaba ubicado en El Calvario. Esas instalaciones castrenses en abril de 1972 cambiaron de función, como lo informó El Rayo del Sur en su nota del 30 de abril de ese año. Al concluirse los trabajos del cuartel de la colonia Mártires: “El día 28 del mes próximo pasado el coronel Macario Castro, comandante del 50 batallón de Infantería con sede en esta misma población, en solemne ceremonia en la que participaron autoridades civiles y fuerzas vivas de la localidad, hizo entrega a las 17 horas, a las esposas de los miembros del Ejército que radican en la población, del edificio que fuera hasta esa hora el cuartel militar de la plaza”. Ese cuartel quedó convertido en una casa de trabajo para las mujeres de los miembros del Ejército, que comenzaron a desarrollar ahí una especie de patronato con actividades sociales.
En agosto de 1956, Rosendo Radilla formó parte del Comité Pro Construcción del Hospital Rural, hoy centro de salud de La Parota. Él mismo había donado el terreno para su edificación. Por ello el doctor Ignacio Morones Prieto, secretario de Salubridad y Asistencia, le envió un documento manifestando su beneplácito por esa asignación. “Esta Secretaría lo acepta y exhorta para que con su entusiasmo y dinamismo sea factible llevar a su terminación esta obra que beneficiará a los campesinos de la región”, dice el oficio firmado el 15 de octubre de 1956. Ese año también se desempeñó como auxiliar honorario de Educación Higiénica y participó activamente en la campaña de la Comisión Nacional para la Erradicación del Paludismo.
El secretario general del SNTE profesor Jesús Campos Astudillo le agradece el 4 de marzo de 1959 el donativo del terreno para el edificio social para la tercera delegación. “Desprendimiento como este nos demuestra su gran cariño hacia el magisterio que en forma callada está formando las bases de un México mejor”, se lee en el documento.
Volvió a ser presidente de la sociedad de padres de familia en el año escolar de 1961-1962, siendo director de la escuela Modesto Alarcón el profesor Luis G. Ramírez. Todavía para diciembre de 1971 el comité de la escuela secundaria le pedía que encabezara la campaña para pedir recursos puerta por puerta, para la construcción de ese plantel.
Don Rosendo Radilla Pacheco junto a Luis Cabañas Ocampo fueron los más destacados dirigentes cívicos de Atoyac. Rosendo fue secretario de acción campesina de la Asociación Cívica Guerrerense, mismo comité del que era presidente Genaro Vázquez Rojas y Lucio Cabañas Barrientos secretario de acción juvenil. Genaro Vázquez Rojas mucho visitó la casa de don Rosendo Radilla en Atoyac, incluso fue en este domicilio donde Genaro rompió con su padre Alfonso Vázquez diciéndole “Quisiera saber cuál es su sangre para sacármela toda”. Más tarde cuando don Alfonso fue detenido en mayo de 1971 en una celda del Campo Militar Número Uno maldeciría el día que conoció a la madre de Genaro. Mientras Adolfo Godoy Cabañas escuchaba en una celda contigua.
En los interrogatorios en esa cárcel militar don Alfonso dio muchos datos de Genaro y de su familia, siempre llamándole “Perra” a la madre del guerrillero. Después de esa detención don Alfonso hizo un arreglo con el gobierno porque prosperó mucho y el PRI lo hizo presidente municipal de Atoyac.
Volviendo a nuestro tema. Radilla Pacheco fue tesorero del Comité Permanente de Recuperación Económica de Atoyac que se formó en mayo de 1972 para enfrentar los estragos del huracán Tara. También el Instituto de Protección a la Infancia (IPI) fue construido en un terreno suyo, mismo que luego fue cuartel y después vendido a la empresa Teléfonos de México, para tal efecto funcionarios del Ayuntamiento de Atoyac le falsificaron su firma porque él ya no estaba cuando se hizo la venta. Había sido desaparecido.
Esas instalaciones del IPI estaban frente a su casa al ser convertidas en cuartel se militarizó la calle donde llegaron a aterrizar helicópteros, mientras las tanquetas patrullaban la ciudad y a las 10 de la noche se implementó el toque de queda, por eso don Rosendo Radilla decidió sacar a su familia para Chilpancingo.
Cuando vino a cosechar el coco de su huerta, fue detenido en el retén que estaba antes de llegar a la Colonia Cuauhtémoc. “Uno de los militares abordó el autobús y ordenó que se bajaran los pasajeros, ya que se iba a hacer una revisión del vehículo. Después de revisar el autobús, a Rosendo Radilla Pacheco no le dejaron subir. El preguntó la razón, y le dijeron que era porque componía corridos y tenía que explicarlo”, dice la denuncia que la familia presentó ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos contra el gobierno mexicano por la desaparición forzada de Rosendo Radilla Pacheco.
Se dice que fue desaparecido por componer corridos alusivos a Lucio Cabañas y Genaro Vázquez. Tal vez también influiría su relación en la vida cívica de estos jefes guerrilleros.
Se dice que el expresidente municipal estuvo detenido tres días en el 49 Batallón de Infantería antes de subirlo al helicóptero para desaparecerlo. En el cuartel de la colonia Mártires se escucharon por última vez los acordes que le arrancó a una guitarra. Comentan que los soldados lo obligaron a cantar los corridos y cuando gritó “Aquí está su padre Genaro Vázquez” un soldado lo golpeó con la culata de un rifle por la espalda. Otro detenido (al parecer de El Cacao) lo defendió dándole un tirón al militar. De los dos nada se sabe.
Ahora se concluye que el caso de Rosendo Radilla formó parte de “un patrón de detenciones, tortura y desapariciones forzadas de personas militantes de la guerrilla o identificados como simpatizantes”.
Su familia denunció este delito de lesa humanidad ante las instancias de procuración de justicia nacionales. Ha sido un intenso peregrinar, primero lo buscaron por las cárceles y después privilegiaron la denuncia pública. Tita Radilla se incorporó a la Asociación de Familiares de Detenidos Desaparecidos de México (Afadem) desde la fundación de esa agrupación el 3 de octubre de 1978. Esa ha sido su trinchera de lucha.
Las otras hermanas también participaron en las denuncias públicas. En el Archivo Municipal existe un parte de novedades firmado por el comandante de la policía urbana, Hermilo Ruiz Valle, dirigido al presidente municipal Ladislao Sotelo Bello el 7 de diciembre de 1981, donde informa que a las 12 horas del día 5 de ese mes inició un mitin en apoyo a la candidatura a la presidencia de la República de Rosario Ibarra de Piedra, donde Margarita Cabañas habló de la represión del Ejército y la Policía. Antonio Hernández pidió la presentación con vida de los desaparecidos entre ellos Rosendo Radilla y la libertad de los presos políticos como Octaviano Santiago Dionicio. Mientras Andrea Radilla Martínez comentó sobre la represión que ejerce el gobierno contra los pobres, recordando a su padre Rosendo Radilla Pacheco.




