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Festeja García Márquez con un breve paseo su cumpleaños número 87

Silvia Isabel Gamez / Agencia Reforma

Ciudad de México

Marcelina Rosas aguarda en la sombra. Carga una pluma y un ejemplar de El amor en los tiempos del cólera. Quiere un autógrafo de Gabriel García Márquez.
Cuenta que vino hace un año, también en su cumpleaños, y ya no lo alcanzó. Cada vez que se abre el portón de la casa del Nobel colombiano, camina presurosa junto al grupo de reporteros.
Al mediodía de sus 87 años, Gabo parte plaza. Lo anuncia su asistente, Mónica Alonso, y lo reciben los aplausos de los periodistas. Elegante, saluda de mano a todos y se une al coro cuando entona Las Mañanitas.
Nadie osa importunar con preguntas el silencio que guarda desde hace años. Su enfermedad es un secreto que la familia no comparte. “¡Felicidades, maestro!”, “Otra foto para Colombia”, le gritan, y Gabo accede gustoso.
Entre el grupo hay un estudiante universitario, Sergio Cid. Se enteró de que García Márquez cumplía años y averiguó su dirección. Quería conocerlo, dice. En su mochila carga un ejemplar nuevecito de El olor de la guayaba.
La vuelta al ruedo de periodistas acaba, y Gabo se retira. Su amiga Dinorah sale para repartir mariposas amarillas de papel. Y Marcelina y Sergio se alejan con la promesa de que sus libros serán firmados por el escritor.

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