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Tomás Tenorio Galindo

OTRO PAÍS

* El dilema de Cárdenas, el poderío de Los Chuchos

 
Las cosas no le han salido bien a la corriente de Los Chuchos, pues aparentemente no ha podido convencer a Cuauhtémoc Cárdenas de que asuma la presidencia nacional del PRD con Carlos Navarrete como secretario general. Y si quiere verse así, tampoco le han salido bien a los perredistas que ven en Cárdenas la opción para salir de la crisis en la que se encuentra este partido, pues se han topado con la resistencia de unos Chuchos aferrados al poder.
En un síntoma de lo anterior, Jesús Zambrano urgió el sábado pasado a preparar su relevo el 21 de marzo, fecha en la que formalmente termina su gestión en la dirigencia perredista, y al día siguiente Navarrete, el candidato de Nueva Izquierda a sucederlo, anunció su rechazo a declinar y sumarse a las voces que apoyan a Cárdenas, determinación que confirmó al presentar a Héctor Bautista, dirigente de la corriente Alternativa Democrática Nacional, como su compañero de planilla para la secretaría general.
Desde que en el congreso perredista de noviembre rechazó asumir la dirigencia nacional, Cárdenas no ha dicho nada hasta el momento acerca de si finalmente le interesa regresar al liderazgo perredista, y sin duda pesa en su silencio la forma en que los dirigentes de Nueva Izquierda dicen impulsar la lucha contra la reforma energética mientras debajo de la mesa aún respaldan y participan en las reuniones del Pacto por México del que, se supone, el PRD se retiró en diciembre en protesta por el avasallamiento del PRI y el PAN.
La fórmula que Los Chuchos pretenden aplicar para resolver la sucesión en el PRD peca de abusiva hacia Cárdenas e implica una alianza que, es de suponer, le repugna al ex candidato presidencial, pues significaría que mientras él aporta su prestigio, ellos retendrían el control de la estructura partidaria.
El martes de esta semana, una vez que el IFE aprobó las modificaciones hechas a los estatutos del PRD, entre otras cosas para permitir que ex presidentes nacionales puedan ocupar nuevamente ese cargo, se acrecentó el apoyo hacia la posibilidad de que Cárdenas sea designado por el Consejo Nacional líder del partido. En Guerrero, ese mismo día se movilizó el grupo de ex dirigentes estatales que de tiempo atrás aboga por la recuperación de la identidad de su partido y anunció la creación de comités para promover la candidatura de Cárdenas, con la convicción de que es el único que puede unificar al perredismo y tender puentes con el resto de la izquierda, lo que llanamente quiere decir con Andrés Manuel López Obrador y su partido.
Y el miércoles un grupo de perredistas visitó a Cárdenas en su casa, visita que arrojó un selfie –una de esas fotografías que los propios protagonistas se toman con un celular, tan populares en las redes sociales– pero no una definición por parte de Cárdenas, quien de esa manera prolonga la incertidumbre sobre si participará en la contienda, con Los Chuchos o contra Los Chuchos.
La estrategia de Los Chuchos consiste en encarecer la declinación de Navarrete, en la perspectiva de imponerlo como secretario general junto a Cárdenas. Pero esa actitud –nada extraña en un partido, y menos entre las tribus del PRD– entorpece la posibilidad de que Cárdenas acceda finalmente a asumir la dirección de su partido. Navarrete ha encontrado en la ausencia de una definición por parte de Cárdenas el pretexto para continuar su campaña por la presidencia del Comité Ejecutivo Nacional, en el supuesto de que la alianza que formó Nueva Izquierda con Alternativa Democrática representa más de 50 por ciento de la militancia perredista. Así lo explicó antier: “Se ha desbordado un conjunto de pronunciamientos –en Guerrero, en Oaxaca, en Jalisco, en Chiapas– de respaldo, porque si la primera minoría y la segunda minoría acuerdan ir juntos, bueno, el 36 por ciento de la primera minoría, y el 19 por ciento de la segunda, te da más del 50, y todavía voy a seguir platicando con otras expresiones”.
No es real la presunción de que cuenta con el apoyo de la mayoría de la militancia perredista, pues pese al control que ejerce Nueva Izquierda en los órganos de decisión del partido, el repudio que existe entre el perredismo hacia Los Chuchos es abrumador, de tal magnitud que una elección abierta a la militancia los haría polvo. Pero lo es si Navarrete se refiere al Consejo Nacional, espacio en el que ahora mismo Los Chuchos y sus aliados podrían aplastar a Cárdenas o a Marcelo Ebrard, el otro contendiente que ya no parece saber qué hacer.
Esa es precisamente la crisis a la que el PRD debe encontrar solución. Por un lado al perredismo le resulta urgente echar al grupo que tiene el control del partido, que al entrar en componendas con el gobierno del PRI lo desfiguró y arrastró hasta convertirlo en un satélite de los intereses del régimen. Por otro lado, ese grupo tiene aún la fuerza para impedirlo, y para ello cuenta incluso con el respaldo a trasmano del gobierno de Enrique Peña Nieto.
Cárdenas es, en efecto, el único con la autoridad moral para encabezar una operación de desmantelamiento del poder de Los Chuchos, pero si se ve obligado a hacerlo en alianza con ellos todo pierde sentido pues en tal caso terminaría por fortalecerlos. Esa fórmula se alzaría, además, como un gran obstáculo para explorar una alianza con el partido de López Obrador, cuya renuncia al PRD estuvo motivada por la nefasta hegemonía chuchista.
El análisis de estas incómodas circunstancias es lo que debe mantener silencioso a Cárdenas, consciente de las implicaciones que tendrá su decisión, cualquiera que ésta sea. La coyuntura favorece a Los Chuchos, que podrían refugiarse en el Consejo Nacional e imponer a Navarrete (o a otro de los suyos, como interino o como presidente definitivo), lo que con más ganas y justificación propiciaría una desbandada de los perredistas hacia Morena. Y aun en ese caso, los jirones del PRD seguirían brindando una alta rentabilidad política para Los Chuchos, sólo para ellos, como hasta ahora.

La consulta popular, como quiso el PRI

La Ley Federal de Consulta Popular fue aprobada ayer por la Cámara de Diputados como le fue reenviada por el Senado, donde la iniciativa había sufrido modificaciones que motivaron la nueva votación en San Lázaro. Ya sin cambio alguno, pasó sin contratiempos en comisiones y en el pleno. Es sorprendente que pese a las serias restricciones que esta ley reglamentaria impone al ejercicio del derecho constitucional a la consulta ciudadana, que en la práctica lo anula, su contenido haya sido celebrado por legisladores perredistas como Amalia García.

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